“Nos tapamos el rostro para que no importe el quien, si no el qué”
Entrevistas / Merina Gris

“Nos tapamos el rostro para que no importe el quien, si no el qué”

Iñigo Basaguren-Duarte — 11-03-2022
Fotógrafo — Ekhi Alde

En la pista de baile también caben sentimientos como la tristeza, pero eso no significa que vayamos a dejar de bailar. Con esa máxima -y con mucho estilo- el trío que componen Merina Gris han sacado su primer álbum en el que reúnen 8 temas -6 en euskera y 2 en castellano- que ellos mismos denominan como “pop violento”.

El disco se llama “Zerua Orain” (El cielo ahora), lo cual tiene diferentes lecturas. ¿A qué os referís?
Zerua Orain se refiere a varias cosas, como dices. Sobre todo, a cosas contradictorias. Además, tiene un punto autorreferencial, ya que habla un poco también de cómo hemos creado y vivido este proyecto. Merina Gris es algo que por muy joven que sea ha tardado mucho en materializarse en canciones. Empezó por dos amigos que encontraron el punto común de no sentirse representados artísticamente y tener una conexión muy fuerte no solo en gustos musicales, también en la forma de entender todo esto. Entonces, por mucho que las canciones llegaran más tarde, se establece un espíritu y una forma de sentir las cosas muy fuertes que pasa a ser Merina Gris. Es como decir que el grupo se creo mucho antes de crearse el grupo. En ese contexto, el título del disco habla del ansia y la ansiedad, de empezar la casa por el tejado y de quererlo todo ya. No solo a nivel individual, también es algo que vemos alrededor en esta sociedad on demand donde no podemos esperar, donde tachamos objetivos para mirar a las siguientes metas de forma enfermiza. Y también hace referencia a algo totalmente contradictorio, a la instantánea más pura e inmediata, sin contexto, sin reflexiones, solo el “ahora”. Porque en este proceso después de ahogarnos varias veces es una de las lecciones más valiosas que nos hemos llevado. Por lo tanto “Zerua Orain” es autocrítica, pero sobre todo moraleja.

Cinco de los temas ya habían sido publicados con sus respectivos videoclips. ¿Vais a seguir trabajando así?
No lo sabemos, pero seguramente sí. Nos parece una forma de darle el mimo y la atención que nosotrxs consideramos necesarios a cada canción, no solo por parte del artista, también por parte del público. Además, trabajar un poco a cuentagotas nos permite no meternos en fregaos grandes de pasta como puede ser hacer un disco del tirón. Es verdad que compositivamente tenemos bastantes ideas, pero tardamos en cerrar una canción, la idea de esperar a tener diez o doce temas hechos es un poco inviable en nuestro caso, sería demasiado tiempo sin sacar música y nos quemaría en las manos.

En los videos habéis conseguido mantener una estética -donde se ve la mano de Arriguri- que aporta a la identidad del grupo. En el tema ALMAR decís “Otra vez imaginando videoclips al caminar/Os lo juro que es la hostia, lo que tengo que contar”. ¿Qué es eso que sentís la pulsión de contar?
Lo de los videoclips es literal, porque parte de la banda tiene el filmmaking como oficio, y de ahí conocemos a Arriguri y Badator, son familia, son parte de esto. En cuanto a lo de qué contar, es una sensación general. Al final es lo que hacemos, contar cosas a través de nuestra música. Y nosotrxs sentimos que es la hostia, es súper visceral y es como algo que no te puedes aguantar. Esa frase yo creo que salió un poco desde la noción de saber que todxs lxs artistas estamos igual, diciendo que lo que vamos a sacar es lo puto más, y que además es muy difícil ser escuchadx hoy en día… entonces es como una especie de “os lo juro que esta vez es verdad, en serio, que tengo algo entre manos que es la hostia”. Además, a las puertas de sacar el primer disco, estamos con la sensación de que queda mucho más. Sin delirios de grandeza eh, pero estamos en ese punto guay donde nos flipa lo que hacemos, y no siempre ha sido así. Es un rollo a nivel personal.

Algunas de vuestras letras están escritas en segunda persona, ¿a quien os dirigís?
En algunos casos es a gente(s) concreta(s), pero más que nada porque las hemos escrito desde lo personal, y en lo personal hay nombres, caras y lazos. Pero sobre todo es a determinados tipos de personas, que a cada unx le “aparecen” en la vida con nombre y apellido diferente. A la gente que nos aguanta, a las nubes negras, gente a la que queremos, gente a la que hemos hecho daño, gente que nos hace daño… también hay que decir que nos gusta mucho escribir en primera y segunda persona, nos parece algo mucho más potente y real.

Las letras tienen un punto de vista muy individual -que no individualista- pero al mismo tiempo retratan temas generacionales. ¿Cual es vuestra realidad en estos tiempos de colapso?
Cada miembro de la banda es diferente, pero hacemos lo que podemos. Va un poco por días, por temporadas… pero lo que sí deja claro este disco es que alguna vez hemos estado hechxs un cuadro. Nos da la sensación de que todo va súper rápido, que todo pesa muy poco, que todo es muy efímero, y eso nos agobia bastante. No quieres formar parte de ello, pero te da la sensación de que, si no entras en esa espiral te quedas fuera, en todos los sentidos. Se habla mucho del autocuidado, pero la sociedad, por mucho que te venda libros de autoayuda, te empuja constantemente hacia el otro lado, y por mucho que nos cueste y muchas veces no lo hagamos, intentamos protegernos. Además, creemos que en lo individual está lo sociopolítico y viceversa. Muchas veces se tratan como mundos separados, pero creemos que es un error, todo está demasiado relacionado como para no tener algo en cuenta.

Presentáis las redes sociales, o al menos una de sus caras, como una jaula, como dopamina vacía de la que deberíamos liberarnos. ¿Como creéis que influyen, desde el punto de vista de un músico, a niveles de auto-exigencia y ansiedad, estas redes? ¿Es difícil habitar el ahora, tal y como describís en “hemen orain”?
La dopamina siempre ha estado ahí, y seguramente tenga su función en origen. Pero el capitalismo, el mundo en el que vivimos nos la estimula, nos la hace segregar y nos volvemos unxs adictos de esa sensación, de lo que está por venir, del futuro y de los “logros”, al feedback etc... Las redes sociales, en nuestra opinión, son una especie de exageración de esto. Sin entrar en lo personal, es muy difícil como músico llevar un ritmo saludable con todo esto. Todo tiene que ser preparado con antelación, tienes que ser multidisciplinar, tener en cuenta un montón de factores, saber de marketing digital, saber llevar al cabo tu paja mental estética… y eso, por lo menos a nuestro nivel, es sinónimo de multitask precario. Todo el mundo está haciendo cosas en redes, está lo del algoritmo, todo envejece súper rápido y hay que pensar en el siguiente paso… intentamos que no nos afecte, pero es difícil, sobre todo que no te contamine el proceso creativo. Hay mucha gente que dice que pasa de todo eso, pero luego todo el mundo está en redes. Entonces, o la gente es muy fuerte mentalmente o hay un problema a la hora de admitir que esto nos está jodiendo un poco a todxs. Tampoco renegamos, evidentemente, estamos intentando tener una relación más sana con todo esto.

También le pegáis un par de tortazos a la nostalgia. ¿Qué os provoca este sentimiento tan generalizado?
Es que la nostalgia es muy agradable, pero es muy peligrosa. No te puedes quedar ahí, pero es verdad que así de primeras da bastante gusto refugiarse en el pasado. Además, es algo que te haces cuando estás contentx o triste. Entonces, sí que tenemos un poco ese amor-odio con la nostalgia, pero somos bastante nostalgicxs, desde muy pequeñxs. Eso sí, somos conscientes de que la nostalgia, si encuentras a alguien con quien compartirla está muy bien, pero desde fuera da bastante pereza jajaja.

Os definís como Sad Bangers. A pesar de todo, de la tristeza, la ansiedad y la agonía existencial, ¿os resistís a dejar de bailar? ¿Es un hechizo para mantener viva la esperanza, para buscar una salida?
Sí joder, la esperanza siempre tiene que estar ahí. No a un nivel épico ni con respecto a nada en concreto eh, un poco dentro de cada persona, cada uno como la quiera tener. Tener una pulsión, algo que te apasione, algo que te levante. Al final cada uno hace lo que puede en la vida, se trata de eso, de hacer lo que puedas con lo que te llega o te toca. Es que también te digo que no es algo medido lo de los sad bangers, nos lo dijo alguien cercano y dijimos “joder es verdad, son bangers pero qué tristes jajaja”. Es la música que nos sale ahora mismo, sin más.

“Los mensajes se repiten muchas veces, pero depende de cómo te los metan son muy efectivos, o pasan desapercibidos”

Vuestra música traslada una sensación de extrañeza, de pérdida de consciencia y de desorientación, a la vez que tiene una energía enorme, como de querer abrir grietas para escapar. ¿Como os planteáis la composición? ¿Qué buscáis? ¿Qué queréis transmitir?
Transmitir. En general. Es muy ambiguo y no sabríamos explicarlo, pero simplemente cuando a nosotrxs nos transmite, creemos que puede transmitir. Nosotros cuando escuchamos música, cuando nos mola un tema, nos levanta de la silla, y al final es lo que buscamos. Evidentemente las canciones tienen sus respectivos mensajes, pero para nosotros es muy importante la forma, el timbre con el que te llega. Porque los mensajes se repiten muchas veces, pero depende de cómo te los metan son muy efectivos, o pasan desapercibidos. A nivel sonoro, ocurre lo mismo, necesitamos algo que nos atrape, que nos llame la atención, es lo que más al fondo llega. Y al estar sobre estimulados es bastante difícil conseguirlo, tanto a nivel usuario como a nivel artista.
A la hora de componer, es todo tan caótico que no te sabríamos decir. A veces empezamos con un beat, otras veces con una melodía a la guitarra, con una frase, con un sample… todo vale. Eso sí, si no nos llega, fuera.

¿Que tal ha sido trabajar con Ed is Dead? ¿Qué ha aportado al resultado final?
Sabemos que hacer la rosca públicamente a la gente con la que curras es algo súper típico y que lo estamos venga a hacer. Pero es que Ed es lo puto más. Es que no solo desde un punto de vista profesional o de recorrido en la industria… es que es majo, gracioso, humilde, humano, generoso y tan enfermo como nosotrxs. Es como cuando conectas mucho con alguien, además a la primera. Un amigo nuestro que es músico (Serrulla) nos lo recomendó y le mandamos un mail, y desde la primera demo seguimos igual. Es un amigo, y es uno más de la banda porque te pelea su criterio en defensa de la canción, y a la vez nos trata como si estuviésemos a su nivel, lo cual es desconcertante pero un halago. Normalmente le pasamos cosas sobreproducidas, y el se encarga de “hacer sonar” los temas, además de ser súper didáctico. Te lo juro que lo que hemos aprendido en este disco ni en el mejor máster. Hemos producido la mitad de las canciones con él y la otra mitad nosotrxs solxs, pero nos gustaría poder trabajar con él a tiempo completo en un futuro.

Kuraia decían “Ispiluak hausten ditugu gure aurpegia erakusteko” (Rompemos los espejos para mostrar nuestro rostro); Los zapatistas “para que nos vieran, nos tapamos el rostro”. ¿Por qué y para qué os tapáis la cara los miembros de Merina Gris?
No nos habíamos dado cuenta de las referencias, pero es precisamente para eso. Creemos que en el arte la figura del autor es imprescindible para entender el todo, pero muchas veces solo importa el “quién” y no el “qué”. Todo se centra en la supuesta autoridad del artista y no en lo que está haciendo. Con todos los prejuicios que genera eso, además. Entonces, queríamos sacar algo sin contexto, algo que no se pudiese etiquetar sin ver o escuchar. E irónicamente, hemos visto que eso refuerza la marca o la figura del autor, aunque sea por el morbo que pueda generar no saber la identidad con nombres y apellidos. Aunque en el fondo es una chorrada porque no somos famosxs jajaja, mucha gente se quedaría igual si le dijésemos que somos Mikel Amundarain o Paskal de Merina Gris. Hay que admitir también que es más fácil ser visceral o sincero con la cara tapada, artísticamente hablando. En nuestra opinión por lo menos.

También os habéis auto-etiquetado como “pop violento”, etiqueta acertada y que, quizás, tenga su máxima expresión en “Besteek zer”. ¿Hacia donde vais a llevar este sonido? ¿Qué esconde esta denominación?
Es que históricamente el pop, lo mainstream, lo más redondo melódicamente o llámalo x se ha asociado con determinados valores estéticos y conductuales, que hoy en día están súper impostados y no tiene ningún sentido que tenga que ser así. Se está viendo que se pueden hacer cosas más “clásicas” de forma o estructura, pero con una intención artística totalmente diferente. También te digo que, sin darle mucha vuelta, no es más que una etiqueta que utilizamos para explicar lo que creemos que representa nuestro sonido. Al final, nos gusta lo bestia y somos unxs poperxs. Y es lo que nos ha salido hasta ahora, es un adjetivo que le hemos dado a nuestra música una vez hecha, también por encontrar una identidad con la que estuviésemos a gusto. Nos flipa que desde fuera se vea como un concepto musical, ojalá seguir aumentando la playlist <3

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