“Solo hay un verdadero pecado a la hora de crear música: ser aburrido”
Entrevistas / Mark Korven

“Solo hay un verdadero pecado a la hora de crear música: ser aburrido”

Pelayo De Las Heras Álvarez — hace 1 semana

“El faro” (The Lighthouse), la nueva película de Robert Eggers, se estrena hoy en los cines españoles. Hablamos con el compositor de su banda sonora original, Mark Korven. Autor también de la música de la anterior película de Eggers, “The Witch”, Korven lleva ya varios títulos de peso sobre su espalda. “Cube”, “In The Tall Grass” o “The Terror: Infamy” son tan solo algunos de sus trabajos más conocidos.

A finales del siglo XIX, dos hombres mantienen un pequeño faro en medio de una precaria convivencia; la única que en realidad cabe imaginar dentro de una remota y pequeña isla de Nueva Inglaterra. El frío, la soledad y la implacable inmensidad del océano comienzan a erosionarles poco a poco, tal como se erosionan las rocas con los lametazos del agua. En una espiral cada vez más oscura y delirante, ambos luchan por no perder la cabeza, ¿sobrevivirán hasta que llegue el próximo relevo? “El faro” es la nueva película de Robert Eggers, director de “The Witch”. Hablamos con Mark Korven, compositor de su lóbrega banda sonora original.

Tu carrera como músico está llena de giros. Primero comenzaste como cantautor y terminaste convirtiéndote en compositor de bandas sonoras casi por accidente. Trabajaste, en tus primeros pasos como compositor, con una especie de música electro-industrial para la banda sonora de “Cube”, pero terminaste tocando instrumentos medievales suecos. ¿De qué manera el proceso creativo ha cambiado para ti como artista?
Bueno, todo en este negocio ha cambiado a lo largo de los últimos veinte años. Ahora es completamente diferente. Es tan solo desde “The Witch” cuando he sentido que había encontrado más o menos mi nicho. La gente ahora acude a mí para que trabaje con ellos en sus películas debido a la forma en que trabajo. Quiero decir, no vienen a mí para que suene como cualquier otra persona, sino como lo que he producido desde entonces. Buscan algo así como una especie de “sonido Mark Korven”, sea lo que sea eso, ¡y la verdad es que está muy bien!

Entiendo que “The Witch” fue entonces un punto de inflexión.
Sí, para mí lo cambió todo, desde luego. Antes de eso me gustaba hacer sonidos extraños, disonantes, singulares… y me gustaba ver de vez en cuando una película de terror, pero nunca me había considerado como un compositor de dicho género. Con el éxito de “The Witch”, sin embargo, obtuve un hueco, un nicho en ese universo de terror. Lo cual realmente no me importa, porque me encanta experimentar con los sonidos. La verdad es que encajé perfectamente.

“Puedes hacer prácticamente de todo dentro del género de terror. En cierto modo, puedes desafiar todo lo establecido en él precisamente porque está lleno de clichés”

¿El género de terror, entonces, es particularmente propicio para la experimentación e innovación?
¡Mucho! Quiero decir, puedes hacer prácticamente de todo dentro de ese género. En cierto modo, puedes desafiar todo lo establecido en él precisamente porque está lleno de clichés. Es muy fácil pensar fuera de la caja dentro de estos términos e intentar hacer algo nuevo.

De hecho, tu trabajo dentro de las películas y series de terror es bastante particular. Todas tus bandas sonoras son muy diferentes…
Es lo que espero y pretendo, desde luego.

¿Tu primera fase como artista, la de cantautor, dejó huella posteriormente en alguno de estos trabajos?
Pues la verdad es que no. Por aquel entonces yo era más bien una especie de cantautor melódico, ¿sabes? Sin embargo, la mayoría de estos trabajos como compositor de terror dejan de lado estos conceptos de melodía y armonía tradicionales. De hecho, creo que me convertí en la clase de autor que soy hoy en día abandonando todo aquello. Aunque sí que tuve influencias de otros artistas, claro, pero creo que serían más bien del estilo de [György] Ligeti y [Krzysztof] Penderecki.

He leído en algunas de tus declaraciones que siempre te basas en el instinto a la hora de crear música. ¿A qué te refieres exactamente?
Principalmente me refiero a que intento no pensar las cosas demasiado, francamente. Cuando compongo en una clave más melódica o armónica sí que intento realizar la música pensando de una manera más detenida. Cuando hago piezas relacionadas con el terror, por el contrario, trabajo con un encaje mucho más experimental, por ejemplo buscando sorpresas o accidentes [sonoros] que mi oído encuentre interesantes. En realidad, para mí solo hay un verdadero pecado a la hora de crear música: ser aburrido.

Los instrumentos que utilizaste para “The Witch” estaban completamente condicionados por la relación que los sonidos podían tener con la época, como por ejemplo la nyckelharpa [especie de violín sueco cuyo registro más antiguo data del siglo XIV] o el waterphone [instrumento experimental del siglo XX]. ¿Siempre existen esta clase de limitaciones al trabajar con Robert Eggers?
Bueno, él suele tener un montón de reglas. Para “The Witch” una de ellas era la de conseguir una música muy disonante a través de toda la banda sonora. No quería dar a la audiencia ninguna oportunidad de relajarse durante la película. En este caso quizás yo soy un poco más tradicional, con una idea más cercana musicalmente a, no sé, una especie de altibajos. Como una especie de marea, supongo, con oportunidades para estar más tranquilo. Pero Robert quería algo mucho más intenso. Creo que llegó a decir que quería una banda sonora que fuera como un monstruo que se sienta sobre tu pecho durante dos horas [ríe]. Tampoco quería nada melódico ni armónico en el sentido tradicional. Solo los sonidos en sí son realmente un guiño a la época, como el de la nyckelharpa, porque en realidad en el siglo XVI no escucharías eso nunca en Nueva Inglaterra. Sin embargo, sí que tenía una especie de tono arcaico y místico, como ocurre también con el waterphone.

¿Qué condicionantes hubo en “The Lighthouse”? He oído que utilizasteis tu The Apprehension Engine, que a Brian Eno le parece “el instrumento más terrorífico de todos los tiempos”.
Sí sí, lo utilizamos un poco. También hemos utilizado bastantes instrumentos metálicos de viento, que son principalmente el corazón de la banda sonora, lo que la ha hecho tal y como es.

Con la atonalidad y la disonancia de la música en “The Lighthouse”, sumado a esas texturas y armonías tan oscuras, es casi como si estuviésemos en medio de un enorme viaje hacia la locura y el delirio.
¡Esa era la idea por completo! Robert quería algo muy elemental, primario, por lo que la banda sonora estuvo concebida como una serie de elementos que sirviesen para envolver a estos dos tipos luchando por no caer en la desesperación y la locura. Había que expresar musicalmente los sonidos del viento, las olas chocando, las gaviotas… una especie de representación de todo lo relacionado con el mar.

¿No parece haber mucha libertad creativa a la hora de trabajar con Robert Eggers, no?
No, él tiene una visión artística muy fuerte, sabe por completo lo que quiere… o al menos el camino que quiere que tome la película. Trabajar con él es distinto de trabajar con otros directores de cine, es como ayudarle simplemente a completar la idea que tiene de la película en su cabeza.

Entonces controla todo el proceso, ¿no?
Sí, pero no solo de la música, sino de todos los aspectos y pasos de la producción de la película: los sonidos, la vestimenta, el tipo de botones en los trajes…

Si el leitmotiv para “The Witch” era de alguna manera el mal, en “The Lighthouse” parece ser la locura. Pero también los lugares juegan un papel muy importante en ambos filmes. El bosque y el faro, respectivamente, son casi como dos personajes más. ¿Tuviste en cuenta esta clase de aspectos?
Lo cierto es que no lo pensé mucho cuando estaba componiendo las piezas. Por ejemplo, en “The Witch” todo cobró sentido cuando vi el montaje completo, pero no antes. Ahí lo entendí: la banda sonora era casi el propio personaje de la bruja, a la cual no se ve prácticamente en toda la película. Como digo, yo más bien opero en un nivel instintivo a la hora de componer, no en un nivel tan intelectual.

Los sonidos también juegan un papel muy importante en las películas. Por ejemplo, en “The Lighthouse” es imposible pasar por alto los sonidos del mar, el viento, las gaviotas… encajan muy bien en la banda sonora.
Lo cierto es que no tuve la oportunidad de trabajar con ese sonido personalmente, no estuve trabajando tanto con el editor de sonido como puede parecer. En esta película en particular esto no pasó y, sin embargo, me hubiera gustado bastante. Creo que habría realizado una banda sonora muy distinta si hubiera escuchado esos sonidos. Aún así, tanto los sonidos como la música parecen una sola pieza conjunta, que creo que es lo que Robert buscaba.

“Cuando hablé con algunos de los miembros del equipo acerca de cómo había ido el rodaje me respondieron directamente que aquello había sido como ir a la guerra”

¿Llegaste a estar en el rodaje? Supongo que eso también ayuda como estímulo visual directo. Creo que fue realmente intenso.
Sí sí, fue intenso. De hecho en el Festival Internacional de Cine de Toronto tuvimos que juntarnos todos los integrantes de la película. Cuando hablé con algunos de los miembros del equipo acerca de cómo había ido el rodaje me respondieron directamente que aquello había sido como ir a la guerra: volvieron, sobrevivieron al combate. Todos estaban muy orgullosos de todo el trabajo, pero el proceso fue tan crudo como difícil. Nadie había experimentado nada como aquello.

¿Fue en las Provincias Marítimas, en Canadá, no?
Correcto. Rodaron en marzo, y el clima allí es muy frío, están prácticamente en pleno océano. Además, tienes a una pobre actriz vestida de sirena encima de una roca durante horas, medio desnuda, con bolsas de calor simplemente para mantenerla viva (ríe). Robert Pattinson, por ejemplo, estuvo de noche metido en medio del helado mar canadiense, con el agua hasta la barbilla, rodeado por debajo por un par de submarinistas que se ocupaban de que no se ahogase ni nada parecido. ¡Fue bastante salvaje!

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