“Cada uno tenemos un propósito y si nos alejamos de eso, nos perdemos”
Entrevistas / Mala Rodríguez

“Cada uno tenemos un propósito y si nos alejamos de eso, nos perdemos”

Yeray s Iborra — 16-07-2020
Fotógrafo — Archivo

Se abusa de aquello de La Mala ya estaba allí” cuando lo urbano era orégano. Pero más importante que su carácter pionero tras dos décadas, es su pegada en el presente. Mala(Universal, 20) es un completísimo regreso: dancehall, pelotazos y también rimas lacerantes fruto del autoconocimiento. Mala, sí, mala de libertad.

Veinte años se han convertido en muchísimos desde que los discos se miden en bytes y no en gramos. Desde que los compactos se streamean y no se desembalan. En todo ese tiempo, se han normalizado muchas cosas. Algunas absurdas, como ir a móvil por año. Otras poderosas, tales como que las mujeres rimen y que las músicas urbanas sean universales y muy bastardas, mezcladas con pop, flamenco, electrónica o ritmos caribeños. No se entendería esa nuevo cotidiano en nuestra escena sin la tenacidad de María Rodríguez Garrido (Jerez de la Frontera, 1979).

Mala Rodríguez voló los cánones del rap con “Lujo Ibérico” (00). Y los perdigones del bombazo derruyeron muros insospechados. Empoderamiento, libertad y orgullo gitano y andalusí. Desde entonces, la jerezana no se ha separado de sus mandamientos: “No hay que tomarse tan en serio la opinión de los demás. Mucha gente da opiniones muy buenas, a mí me gusta escucharlas si veo algo útil, aprendo, y si no, me resbalan”, se desempolva presión la artista.

“Desde que descubrí la meditación mi vida ha cambiado, parezco un anuncio, pero es que es verdad”.

Dos décadas después de aquel disco paradigmático, Mala Rodríguez vuelve con su sexto original, Mala, flamante demostración de camino propio en el que los versos rebosan potencia y las palabras no son suficiente contenedor. Un largo donde las tendencias asoman lo suficiente para hacerlo de su tiempo, accesible, pero que conserva garra endémica. Una obra rara para tiempos de encierros. O no. “La gente que ha experimentado lo que es estar encerrada puede entender un poquito más mi música. Yo siento eso siempre, un cierto encierro conmigo misma”, reflexiona.

“Hay que mirar muy adentro para encontrar las mejores frases, las mejores lecciones. Lo mejor está adentro. Este momento ha sido bueno para que todos hagamos lo mismo”, dicta. Sin vacilar, acompaña: “Es un buen momento para que la gente escuche este disco, sí. Y no lo he hecho queriendo, no es por el confinamiento. Al final siempre estoy buscando la paz, la felicidad, el sentido de la vida. Las canciones de mi repertorio buscan la libertad. Es bonito que todo eso tome un sentido hoy. En otro momento hubiese encajado hablar de banalidades, pero ahora es un buen momento para escuchar canciones que no lo sean”, zanja.

Sería sencillo elevar lo de la Mala al cuento de los dones, del talento innato. Pero la realidad es mucho más modesta (y currante): siete años han pasado desde Bruja, el mismo tiempo que la jerezana ha andado buscando su centro y sus siguientes pasos. “Mala” es, entre muchas otras cosas, una potentísima tarea introspectiva. “Tu oro es ahora, esa’ pepita’ caen del cielo”, dicta en el tema que abre el disco, Nuevas drogas. “Me asombra cómo la gente, y lo respeto, hace música rápida, hay veces que sale así, pero si quieres armar otro tipo de emociones, tienes que vivir”.

No se entendería la constancia del camino de la artista ni la pegada de sus rimas sin un trabajo interior que bebe del taoísmo. María Rodríguez practica Falun Dafa desde hace seis años, una teoría de origen chino que se basa en ejercicios de qigong y meditación. “Hago meditación. Es lo único que me hace no ser un puto demonio. [Ríe] Lo digo de broma, o tal vez no. Cuando no estoy tranquila, en calma, en control, soy un desparrame. Me hace mucha falta volver al centro y volver al foco. Desde que descubrí la meditación mi vida ha cambiado, parezco un anuncio, pero es que es verdad”.

“Estoy trabajando en un nuevo proyecto y estoy muy contenta, porque no es fácil encontrar gente que conecte contigo”.

El tono con el que La Mala se expresa al teléfono, calmo y con las pausas necesarias para hilvanar sin ruido las respuestas, contrasta con la furia con la que escupe rimas. El arte es la voltereta con la que enfrenta sus miedos. Por ello “Superbalada” es una tromba que moja aun con paraguas. El disco por lo general es eso, un torrente. Pero hay algunas excepciones, como la sutil y emocionante “Mami”, homenaje a su madre y también a su propia maternidad. “Soy muy burra. Pero mi familia me quiere mucho e incluso cuando dicen que estoy loca, entienden que tengo mi vida. Cada ser humano tiene su camino y creo que no hay que olvidarlo. Cada uno tenemos un propósito y si nos alejamos de eso, nos perdemos, nos volvemos amargados y grises. ¿Por ser madre, tengo que dejar lo que más me gusta? Yo conozco casos a patadas y me da pena. No puedes olvidarte de ti”, dice.

El resto de temas del álbum apuntan en direcciones dispares: r’n’b, reggaeton, hardcore, urban latino. Pero el disco tiene una cuna: Jamaica. “En los dos mil, cuando empezó mi carrera, escuché mucho dancehall. Yo no tengo vinilos. Los únicos que tengo son los de Bounty Killer, imagínate. Toda esa escena es tan tan rica y se ha desarrollado tan lentamente hasta lo que es ahora que tiene un gran renacimiento mundial… Se ha hecho muy comercial y no muchos saben de dónde viene. Ahora es un amanecer y yo quería que estuviese ahí. “Contigo” o “Peleadora” tienen esa cadencia”. Su interés por el género nace en Madrid, donde compartió raves de perreo interminables. “En Madrid, sí, porque en Sevilla escuchaba flamenco y música de Marruecos y Algeria porque se cogían emisoras. Pero en Madrid empecé a escuchar a Sizzla. Era una loca de tirarme la noche escuchando dancehall. Había concentraciones, clases de perreo gigantescas. Fue una época que recuerdo con mucho cariño”, destaca.

El baile es, inexorablemente, uno de los centros del disco. “Lo siento, no hablo, yo hablo con mi culo”, promulga en “Dame bien”, junto a Guaynaa y Big Freedia, destinada hacer tambalear las pistas. “O Like”, co-producida por uno de los integrantes de Major Lazer, Walshy Fire. Otro de los puntales de Mala son las colaboraciones, un mundo que la jerezana ha explorado en estos años de inactividad discográfica. La más sorprendente de ellas, la de un Cecilio G con el que Rodríguez hace años que guarda estrecha amistad. “Lo conozco desde 2013 y no sé, le quiero mucho. Es muy importante para mí. Es un gran artista y responsable de mucha de la corriente nueva del trap en España. Es un valiente. Es el mejor”.

Mala Rodríguez asegura que no ha pasado un mal encierro. Que ha disfrutado de su familia. “Me río mucho con mi hija pequeña, estoy descubriendo que es una auténtica loca. No entiendo cómo puede tener tanto arte y tantos cojones. No tiene vergüenza. Yo creía que yo era Mala, pero ella es más mala que yo”. Además, ha aprovechado para seguir trabajando. Pero sin dar más pistas: los caminos de la libertad piden cautela. “Estoy trabajando en un nuevo proyecto y estoy muy contenta, porque no es fácil encontrar gente que conecte contigo. Realmente está funcionando la química entre nosotros. Pero no es el momento de contar más”.

Escuela de ‘malas’

Mala Rodríguez ganaba en 2019 el Premio Nacional de Músicas Actuales. El fallo del certamen dictaba que su quehacer había sido inspirador para muchas artistas claves del panorama musical actual. ¿La Zowi, Bad Gyal, Ms Nina? “Lujo Ibérico” apareció en un momento en que la escena rap estaba dominada por hombres, con contadas excepciones, como Arianna Puello. No se entendería el fervor de solistas femeninas en lo urbano, ni de bandas de marcado mensaje feminista, como Tribade, sin la Mala. Otra de las tocadas por el estilo de la jerezana es la ex Operación Triunfo, Lola Indigo, en pleno apogeo por sus múltiples colaboraciones, y que forma parte de Mala en Problema. Pero María Rodríguez se quita importancia. Dice que no todo es auto-reivindicación en el título –su mismo nombre artístico– y la portada, ella de espaldas ante un aula, en su último álbum. Quiera o no, en su escuela de malas, faltarían pupitres. “Lo del Premio de la Música, me dio que pensar. Yo nunca voy mirando al pasado, sino para adelante. Pero bueno, es curioso que se haya normalizado que una tía diga ‘soy la puta ama, soy la jefa’. Es mi naturaleza, mi madre me ha educado en ese sentido: no le debes nada a nadie”, concluye.

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