Hace tres años por estas fechas, María Rodríguez puso patas arriba el hip hop nacional. Ahora, “Alevosía” supone el punto y final a una espera que ya se estaba haciendo demasiado larga. La pregunta era si sería capaz de igualar los logros de “Lujo Ibérico”. La respuesta llega nuevamente en forma de talento, ese que “se tiene o no se tiene”: una hora, catorce temas. Hagan sus apuestas.

“Yo estoy preparada para lo que venga, pero no sé si todo el mundo está preparado para La Mala; mientras tanto, disfruten del show”. Vamos a ello, porque en “Alevosía” hay razones más que de sobra para hacerlo. Lo suyo hubiera sido un cuerpo a cuerpo, pero después de más de una semana de llamadas el encuentro con María Rodríguez se limita a un intercambio de preguntas y respuestas vía correo electrónico: en cualquier caso queda el acento (el texto también sabe de sonidos), las palabras cortantes, el estilo directo. “Es bueno dar a conocer lo que haces, porque sin esto no pasarían muchas cosas; lo que no me gusta es la televisión”. Zanjamos el asunto de la promoción y nos metemos de lleno en su segundo álbum, “Alevosía”, que sucede al aclamado “Lujo Ibérico”.

“Siento el mundo con mucho machismo, mucho racismo y muchas mierdas, pero el hip hop es para lo que vivo, lo que hago”

Una escucha precipitada transmite en primer lugar menos mala leche que hace tres años: no hay nada como “A jierro” o antes aún “La traca”. “Esos temas fueron los primeros de La Mala para una discográfica en 1999. Salió así. ´Lujo Ibérico´ fue otro momento y éste es uno más, hay una evolución, tanto en la producción como en las letras. Noto que soy mucho mejor escribiendo”. Rimas de matemática sencilla y lógica aplastante: “Uno más uno es uno más uno; si no sabes contar, te dan por el culo” dice en “Lo fácil cae ligero”, el primer tema del disco y también el primer single, en el que La Mala, al menos en la forma, se presenta suave, con un aire funky inédito hasta ahora. Conserva sus virtudes, y entre ellas la capacidad para sorprender: más que rafia es terciopelo. Texturas que han madurado tres años hasta llegar a este punto. “No me había planteado en ningún momento que pasara tanto tiempo; ha sido así la vida: he tenido muchos conciertos, mucho curro fuera de aquí; he tenido la oportunidad de viajar mucho y también he estado mucho tiempo sin querer hacer nada, simplemente estar en el sofá de mi casa”. Las cosas se aceleraron en el último año, de nuevo con Jotamayúscula y Supernafamacho como responsables de las producciones (“me siento tela de bien con ellos… les quiero mucho”) y con la colaboración de Mr. T-Cee (él se encarga de “Fuerza” y “Mamoneo”, éste último uno de los cortes más crudos de “Alevosía”). Había espera por parte del público y exigencia por parte de La Mala. “Todo se puede hacer mejor, aunque tampoco me voy a dar latigazos si no consigo algo. Mi meta es disfrutar con lo que hago. No es bueno exigirse demasiado, pero es cierto que hay que tirar por lo alto”. Y más después de que su debut en largo dejara el listón bien arriba, tanto en ventas como a nivel de críticas. “Sí, me sorprendió bastante: no pensé nunca en vender más de tres mil copias, con lo cual todo lo que vino después fue un regalo”. Vale: entonces, ¿tranquilidad por las cosas bien hechas o presión por superar los resultados? “No, no por eso, sino más bien por parte de la discográfica, que se hacen películas y eso. Lo importante es hacer un buen trabajo”.

“Las presiones venían más bien por parte de la discográfica, que se hacen películas y eso”

Nos salimos del guión y volvemos a él de la mano de una María Rodríguez que decía que escribe mejor que canta, aunque es en su dicción y en su registro vocal donde más marca las diferencias. Como muestra, la subida continua en “Última” después de que no se canse de decir eso de “Estoy preparada pa ti… ¿estás preparado pa mi?”. “No hago nada demasiado complicado, sino lo que me vaya saliendo. Yo canto como cualquiera que canta en su ducha; lo que más me gusta es rapear, es algo que me sale solo. Me curro bastante las letras y me siento muy bien con lo que hago. En ´Lujo Ibérico´ veo muchísimos errores, cosas que a lo mejor ganaban porque son frescas, pero pierden porque son un poco locas. Sin embargo, con este ha sido todo más pensado”. Que nadie espere una segunda parte, porque segundas partes nunca fueron buenas: La Mala sentó cátedra con su debut y se niega a quedarse en el mismo sitio con “Alevosía”. Las letras han subido un peldaño de categoría (“La niña”, “Jugadoras, jugadores”, “Lo fácil cae ligero”) y las producciones ganan en variedad aunque se eche en falta algún momento tan redondo como “Yo marco el minuto”. En todo caso, no hay conformismo: “No me queda tiempo para llorar las penas, ni para cortarme las venas” (“Una raya en el agua”). “Hay que valorar las cosas, ¿no? Como dice una amiga mía: ´bienvenido a mi mundo; hay de todo, ofrezco lo que tengo´”. Hablamos de lugares comunes, de lírica para quien quiera escuchar y realidad a pie de calle (y de micro, que de eso se trata), de la guitarra española con que empieza “Una raya en el agua” y que es la misma que cruza el “Poeta de barrio” de Poison, tema que contó con la colaboración de La Mala (“quien me quiere sabe lo que quiero” decía allí). “Es Costan, un gran músico; ayudó mucho en la producción de esta canción: sin su guitarra no sería la misma”. El de María Rodríguez es hip hop con acento y raíces, de nuevo caldo de cultivo para los que ven un producto y no una obra, para los que hablan de acercamiento al flamenco y público heterodoxo, de La Mala como potencial de masas. La colaboración con Raimundo Amador en “Alevosía”, el tema, no hará sino abundar en el asunto. “Qué hartura chiquillo… No me gusta que encasillen las cosas. El rap es fusión. En cualquier base puedes encontrar elementos de funk, de samba o lo que sea. Si los productores se quedaran únicamente en copiar directamente lo que ya está hecho nunca aparecerían cosas nuevas como lo que hace Timbaland, yo qué sé… Siempre es bueno hacer algo nuevo. Raimundo Amador es lo mejor: si conoces su trabajo entiendes que siempre ha ido diez pasos por delante en la música de este país; he tenido mucha suerte de poder contar con él, porque además le gusta lo que hacemos”. Dejamos el tópico y vamos a las canciones, empezando por “En la hoguera”: bajos penetrantes, apuestas a caballo ganador, confirmación del día a día en una frase: “Morir es de débiles, vivir de ágiles, nacer un milagro”. La Mala María dispara directo y acierta siempre a un blanco fácil, sin barroquismos pero con contundencia. La mejor expresión de todo esto se encuentra en “Jugadoras, jugadores”, con una espectacular base de Jotamayúscula y réplica vocal que está a la altura de las circunstancias: alevosía, premeditación y también nocturnidad (“enciende la luz si quieres ver algo; te ensucias fácil jugando en el barro”); un tema de esclavas y patrones que aparecerá en la banda sonora de la película “Yo puta”, adaptación de la novela de Isabel Pisano. Historias del barrio -del suyo o de cualquier otro: esa es su virtud- contadas desde Madrid, donde vive y ha grabado el disco (que se ha mezclado en Nueva York), como en el caso de “La niña”, con moraleja incluida (“quién no quiere dinero para gastarlo en la ciudad”): “Creo que es la necesidad lo que influye en las personas”, sentencia su autora. En la música de La Mala hay desparpajo, naturalidad, rincones de Sevilla, arrogancia; otra vez hay lujo, pero sobre todo sustancia, algo que se hecha de menos con demasiada frecuencia. Mamoneo, como en la canción del mismo título, y coraje (“una palabra que para mí significa fuerza de adentro”). Verdad y adicción: siempre deja con ganas de más; está al borde: “no sé, siempre hay riesgo que correr”. “Jugadoras, jugadores” es un punto caliente, en todos los sentidos; “Sobresalientes”, con Sicario de Hablando en Plata, otro. “Es una colaboración que me ha gustado especialmente. Los dos teníamos muchas ganas de hacer