LA GRANDEZA DE LA MODESTIA
Entrevistas / Aina

LA GRANDEZA DE LA MODESTIA

Redacción — 29-10-2001
Fotógrafo — Archivo

Aún sin nombre y sin portada, el trabajo llega a nuestras manos en forma de CD-R, suficiente para constatar la excepcionalidad del material grabado en Washington con J. Robbins tras los controles. La primera impresión es de sorpresa. Unas guitarras rítmicas que parecen grabadas por Malcolm Young indican la dirección a la que apunta el grupo. ¿Influencia de los de Josh Homme? Sin duda. Aunque cuando entra la voz –mucho más presente en este disco- sabemos que se trata de Aina, el mismo grupo que ha cosechado elogios durante ocho años de carrera, giras extensas y, desgraciadamente, ventas modestas.
Dejemos que sea Artur quien nos cuente de primera mano las curiosidades de este disco, recién salido del horno, y que ya está haciendo nuestras delicias en la redacción. “Estoy contento con el disco, se nota bastante la diferencia entre las canciones de hace tiempo y las nuevas, que han salido de forma un poco distinta, no quiero decir que hayamos improvisado ni mucho menos, además J. tuvo sólo dos días para mezclar y nosotros nos perdimos toda una tarde de mezclas porque teníamos un concierto en Washington el mismo día. Por cierto, J. llegó a la sala dónde tocábamos y nos trajo un radiocassette al backstage con las mezclas definitivas”. Aina no es un grupo prolífico. Al menos últimamente, con la actividad interrumpida por la estancia de Artur en Dublín, los múltiples viajes de Pau –batería- a los Estados Unidos y la gira americana que les llevó a Washington, Chicago y Kansas. Las que han grabado son todas las canciones que tenían, menos una. “Teníamos otro tema que estaba casi acabado, pero le pasamos una cinta a J. con lo que habíamos grabado en el local y por su reacción vimos que era mejor no hacer nada con ello. Además, el disco ya duraba cuarenta minutos”. Es hora de conocer los detalles de una grabación de nueve días con un ídolo y amigo del grupo, J. Robbins, ex Jawbox y ahora Burning Airlines, con quienes Aina realizaron la gira americana. “El tema del sonido lo hablamos y nos entendimos, pero está claro que él trabaja con los grupos en el local. Con los Kerosene 454 iba a los ensayos y él era el quinto miembro del grupo, nosotros fuimos como el tiempo justo y no se pudo involucrar en las canciones como a todos nos hubiese gustado. Tuvo ideas puntuales, una pandereta aquí, una nota de teclado ahí... Él sabía que no podía imponerse, que éramos nosotros los que habíamos trabajado las canciones”. Con mucho o poco tiempo, Aina saben que ha sido un lujo trabajar con J. Robbins en Washington, sin que eso signifique desmerecer las producciones nacionales de Xavi Navarro y Santi García (No More Lies). ¿No se cortarían un poco? “No, el problema es que llevamos ocho años tocando y doscientos cincuenta conciertos, pero sólo habíamos entrado en serio en un estudio una vez, para grabar el disco (se refiere a “Aina”), antes sólo habíamos grabado singles, no tenemos experiencia grabando y somos malos, nos hemos dedicado a tocar en directo lo máximo posible y no somos técnicamente buenos. Esto impresiona, pero no porque sea Washington y J. Robbins, además, una vez le conoces ya ves que es un buenazo”. Y eso que Artur reconoce su deuda con el que fuera vocalista de Jawbox. “Tengo asumido que llevo muchos años intentando copiarle y en ningún momento me preocupé por eso”.
El hecho de ir de gira por América con Burning Airlines y Shinner, fue decisivo para Aina a la hora de decidirse por grabar el disco en Washington. De hecho, antes habían barajado la posibilidad de grabar en los estudios franceses Blackbox, dirigidos por Iain Burgess y donde han grabado Shellac o Mega City Four entre muchos otros. Sin embargo, “esto significaba que no podíamos grabar con nuestros amplis y esto es jodido, íbamos puerta por puerta pillando cosas de los amigos, de Bluetip y tal”. Amigos que abren el capítulo de colaboraciones, que empieza con los amplificadores y la furgoneta prestada y acaba con el cantante de The (Capitol) City Dusters colaborando en el disco con unas palmaditas, o el propio J., que canta en una de las canciones. “También estaba Chad Clark de Smart Went Crazy que hubiese molado que hiciese algo porque es un tipo muy majo y es un crack”. Es de recibo preguntarse qué puede sacarse en claro de una experiencia tan corta pero, suponemos, intensa. “No lo sé, recordar otra vez lo malo que eres, piensas que lo grabarás todo en cuatro días y después te das cuenta de tus limitaciones, que no puedes jugar a ser Metallica, como dice Titi (guitarra) siempre. Fuimos a hacer lo que sabemos y cuando salía una toma más o menos bien decíamos, venga J., para Barcelona”. Una modestia que asusta, la de Artur, pero ahí está el viejo Joan S. Luna para recordarle que no tienen nada de qué avergonzarse, que Aina ya hace tiempo que pueden codearse sin rubor con cualquiera de los grupos yankees que ellos admiran. “Sí, te estoy hablando técnicamente, no hemos sido muy trabajadores este año y eso también hace el disco diferente, yo llegué de Irlanda y Pau se fue, ensayábamos cando estábamos todos aquí, antes había más rollo de guitarras, ahora las canciones son más redondas, más simples”. Quizás sea porque no se lo han planteado demasiado, pero es evidente que el disco les ha salido fresco y directo, cualidades difíciles de conseguir cuando de lo que se trata es de enlatar el sonido de una banda cuya vocación es casi exclusivamente de directo. ¿Buscaban un sonido más básico o simplemente les ha salido así? “No lo sé, no íbamos a buscar nada concreto, yo estoy muy contento de cómo ha quedado, la voz está más presente. Tampoco puedes pretender nada, sí admiramos lo que ha hecho J., pero no sabíamos lo que iba a pasar igual que con el otro disco. Suena más como en directo, más fresco, como si estuviéramos tocando”.
Es hora de que Artur nos cuente los detalles de una gira americana que, evidentemente les hacía mucha ilusión. Aina no son unos novatos en la carretera, llevan años pateándose España y Europa, así que ya iba siendo hora de que saltaran al otro lado del Atlántico. “Tocábamos primeros, los Shiner después y al final los Burning Airlines, pero siempre había gente cuando tocábamos y hemos vendido una media de diez discos por concierto”. Siempre es una tarea difícil darse a conocer en sitios extraños, pero a Aina les precede un estatus de culto en nuestro país que, en cuentagotas, debe de ir calando en territorio norteamericano. La pregunta es: ¿les conocía alguien? “No, amigos de amigos, gente muy puntual, pero la conversación no iba sobre nosotros sino de la paella, la playa, el sol, Barcelona... no de B-Core y de lo buenos que son los grupos que saca”.
De verdad, a Artur parecen no importarle cosas como ir a tocar a Inglaterra y hacerlo para veinticinco personas, una mentalidad que nos cuesta comprender. Su nuevo sonido convencería a las cinco o siete mil personas que se han gastado dos mil quinientas pesetas en el disco de Queens Of The Stone Age, pero, ya sea por el complejo de inferioridad (fundado o infundado) que suele caracterizar este país o por el hecho de que se trata de un grupo de hardcore (y esto se percibe como algo muy minoritario), Aina venderán muchos menos de lo que merecen. Evidentemente, esperamos equivocarnos. De hecho, Artur piensa que aún les queda mucho trabajo por hacer en este país. “Sí, claro, y Madrid es un ejemplo, al principio no venía a vernos nadie, y a medida que hemos ido encontrando nuestro sitio siempre ha ido viniendo más gente. Ahora me apetece mucho girar por España como hacíamos antes, que estábamos dos semanas. Hay sitios donde hace tiempo que no vamos y que hay gente que tiene ganas de vernos”. Pero se trata de ampliar el público, ¿no? Este público ya conoce a Aina, ¿por qué no perder el miedo a una audiencia más amplia? “Es algo que yo personalmente no conozco y no creo que podamos controlarlo. Pero siempre que hemos

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