La cara oculta
Entrevistas / Ministry

La cara oculta

Redacción — 20-02-2003
Fotógrafo — Archivo

En cualquier pareja, para que las cosas funcionen, debe existir un equilibrio. El impulsivo debe sustentarse en el cabal, el angustiado en el comprensivo. Eso es precisamente lo que ocurre entre Alain Jourgensen y Paul Barker en Ministry desde hace más de veinte años de convivencia casi diaria. Con ellos hablamos en Barcelona a propósito del lanzamiento de “Animositisomia” (Metal-Is/Sanctuary/Roc.K, 02), su nuevo largo en estudio.

Ministry no son una banda convencional, sino al contrario. La relación entre Jourgensen y Barker funciona a la perfección, en el equilibrio y la comunicación. Mientras el primero suele comportarse como un crío revoltoso al que debe sujetarse, el segundo piensa muy mucho en cada uno de los pasos por dar o las palabras a usar. Ahora, ambos están promocionando “Animositisomia”, su nuevo disco, y se les ve encantados. Lo demuestra cada palabra que sale de sus bocas, gozando del momento y de su propio trabajo. Quizás sea porque antes estuvieron los momentos de desasosiego y de un sufrimiento interior que, por fin, ha encontrado su karma. “No podíamos estar por más tiempo en una multinacional, porque allí sólo importa el dinero. Entiendo que la música se ha convertido en un negocio, pero también tiene su romanticismo. La música es un arte y debe ser tratada como tal. Paseabas por las oficinas de la compañía, ponías tu disco y casi todos se preguntaban qué era eso que estaba sonando, que alguien quitase esa mierda.

“No entiendo que un grupo tan insignificante como Rammstein pretende sentarse en el trono del rock industrial”

¡Hijos de puta! ¡Somos Ministry, un grupo que pertenece a esta empresa y que, gracias a nosotros y a muchos otros, podéis pagar cada mes vuestras casas, vuestros coches o mantener a vuestra familia. En Sanctuary, lo bueno es que la gente que trabaja sabe dónde está y lo que significa tener a un grupo como el nuestro en el sello. Son fans y eso se nota. Se sienten orgullosos y eso es muy valioso para un grupo como el nuestro, que no debe dar explicaciones a nadie a estas alturas de carrera. Aquí siempre tienes a alguien que puede escucharte, mientras que en Warner tenías que pedir número o hacer una solicitud especial”. Uno de los factores principales de Ministry es su característico sonido, pero también lo distintos que sus discos son entre sí. Hasta “Psalm 69” se dejaban llevar por las máquinas más terroríficas, para, en aquel disco, basar su trabajo en las guitarras metálicas. Más tarde llegó “Filth Pig”, un disco oscuro, doloroso, remozado en drogas, una obra de auténtica furia interna, a la que seguiría “Dark Side Of The Spoon”, una melancólica vuelta al mejor pasado. “Cuando alguien nos escucha sabe de inmediato que somos Ministry. Muchos grupos han intentado imitarnos, pero nadie ha conseguido recrear con acierto ese sonido que sólo nosotros sabemos hacer. Lo que sí es cierto es que cada disco es un mundo paralelo, pero también que seguimos una línea discontinua. Lo que marca una tendencia u otra es nuestro estado de ánimo. Ahora tenemos una actitud positiva y eso se refleja en nuestra música. Estamos pasando por un buen momento a nivel personal, por eso nos dedicamos a hacer música directa, auténtico punk rock a lo Ministry. Queremos enfrentarnos cara a cara con nuestro público para escupirles nuestras canciones”. La leyenda dice que cada grabación de la pareja daría para una novela de intriga, terror o misterio. Esta vez, cualquier aspecto de ese tipo queda aparcado. “Estuvimos tres meses para grabar estas diez canciones. Teníamos las ideas listas, pero no quisimos trabajar con ninguna prisa. Nos fuimos a nuestros estudios en Chicago y allí pudimos escapar de la tensión que se crea en un estudio en el que hay más grupos trabajando, en el que no deja de sonar el teléfono y en el que no te puedes concentrar con facilidad”. Cambiando de tercio, dicen los especialistas del género, que éste no existe como tal, que ha derivado hacia otros terrenos, que no existen bandas que puedan abanderar realmente una escena rock industrial. Obviamente, Ministry y Nine Inch Nails escapan a esa etiqueta, la misma que muchos han abrazado en busca de popularidad. “Rammstein son un producto que alguien se ha inventado para vender, pero otra cosa es el talento, y ahí no lo hay. Son la parte circense del negocio. No entiendo como un grupo tan insignificante pretende sentarse en el trono del rock industrial. ¿Conoces a Laibach? Ellos sí merecen ese reconocimiento, aunque lo más industrial que he escuchado últimamente es la versión de ´Personal Jesus´ de Depeche Mode que ha grabado Johnny Cash” (risas).

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