“Queríamos que todo sonase muy pequeño y muy cercano”
Entrevistas / _Juno

“Queríamos que todo sonase muy pequeño y muy cercano”

Pablo Tocino — 21-10-2020
Fotógrafo — Noemi Elías

El misterio llegó a su fin a finales de julio: _juno, ese proyecto secreto del que muchos artistas y periodistas culturales parecían saber bastante, era un proyecto conjunto de María Zahara Gordillo y Martí Perarnau. Ambos se han unido en un viaje que quieren compartir con nosotros y que lleva por título _BCN626 (Autoeditado, 20).

Como decimos en esta charla que tuvimos hace unas semanas, Juno no es Zahara, no es Mucho, y al mismo tiempo es las dos cosas. Hablamos con ellos de la gestación del proyecto (incluso de los planes para secuelas), de la importancia de la intimidad y la fantasía en sus canciones, de influencias o de posibles giras, además de, por supuesto, desviarnos y acabar hablando de Taylor Swift, de Kelly Lee Owens, de “A dos metros bajo tierra” o de “Gone Girl”. Y de fantasmas.

La recepción del proyecto está siendo muy buena, ¿no?
(Martí) Sí, la verdad es que estamos muy contentos. Yo he flipado mucho con la reacción de Internet. Yo que soy un ser extraño que no manejo demasiado esto, me quedé maravillado.
(Zahara) Todo el previo fue muy guay, todo lo que hicimos de que se hablara del grupo sin desvelar que éramos nosotros. Era arriesgado, no sabíamos qué iba a pasar, y de repente hubo en estos días previos la locura de la gente intentando descifrarlo… La gente me preguntaba a mí, y también nuestros cómplices me decían “me han escrito diez personas ya pidiendo que por favor les diga quién es Juno”.

Creo que para uno de vuestros cómplices yo fui una de esas diez personas.
(Zahara) (ríe) Es que fue una locura mantener el secreto, ya desde el inicio fue complicado porque pasábamos mucho tiempo juntos, quedábamos para hacer las canciones, etcétera. Y cuando ya teníamos todo con el nombre, los carteles en que salían los muñecos, era como una sensación de desnudez y de exposición a la par que de secretismo, pero todo muy emocionante. Nos fascinaba que cuando no se sabía quiénes éramos ni qué música hacíamos, ya teníamos como mil seguidores en Instagram, solo de gente interesada en desvelar la incógnita. Ahí entendimos por qué “Lost” tuvo tanto éxito.

Como en “Lost”, aquí había también muchas teorías… El que aparecía en casi todas las porras era Alberto Jiménez (Miss Caffeina).
(Ambos ríen) (Zahara) Bueno, eso es guay para él, significa que la gente tiene ganas de que haga cosas. ¡Que se monte un proyecto en paralelo! Conmigo no, que me va mal, pero con Martí si quiere.

La fusión entre los dos está muy conseguida, pero hay algo más que no está ni en Zahara ni en Mucho, aunque suene a frase publicitaria.
(Martí) Claro, yo creo que uno no puede escapar de su propia personalidad musical, pero precisamente aquí que lo hacemos todo al cincuenta por ciento. Al principio descubrimos que estábamos encontrando una identidad nueva, que al final la hemos llamado “Juno”, podíamos liberarnos del ego propio y no escribir tanto desde uno mismo sino pensando en ese ente que estábamos creando. Creo que lo hemos conseguido, porque si no hubiéramos visto que éramos capaces de crear algo distinto, no lo hubiésemos sacado, no nos hubiésemos engorilado a grabar y a llevarlo hasta el final.

“Nos han dicho que el disco va de cómo intentar comprender el universo a través del amor, y nos encanta”

Sí, está claro que no es un disco de duetos, ni “canciones de uno y canciones de otro”, sino más una mezcla de dos proyectos: a nivel de melodías, producción, de letra… pienso por ejemplo en “yo solo quiero caerme en tu cama, y no tengo tiempo de aprovecharte tanto como quiero”. Cuando la escuché pensé que podía ser de una canción de Zahara o de una de Mucho.
(Zahara) El proceso de creación de las canciones ha sido muy bonito, como de mucha sinergia. Algunos textos venían originalmente escritos por Martí, pero eran como brutos donde él había escrito mucho, y yo los modificaba, les daba forma, añadía cosas, al cantarlo volvíamos a rehacerlo porque la melodía no encajaba, etc. Y lo mismo con las melodías, con las bases, con todo. Nosotros íbamos notando que eso estaba vivo, que tenía esa personalidad… y nos gustaba mucho.
¿Quién es María?
(Zahara) ¿María? Soy… yo, ¿no? ¡Ahhhh! Ya no es nada, porque ya no está, pero María era la fantasma que yo percibía o sentía, no sé cuál es la palabra técnica (ríe). Pero yo reconozco que siento presencias, y en la grabación del disco notaba a María acompañándonos, una fantasma buena que estaba por allí, pero que ya no está. Ya está Casamurada libre de fantasmas.

Ah, que ya no está allí dices, pensé que decías que no “estaba” porque no estaba viva.
(Zahara) No, no, viva hace años que no está (ríe).

Es lo que tienen los fantasmas.
(Zahara) Pero sabemos que su fantasma se encuentra ahora en un lugar al que pertenecen los fantasmas, ¿eh?, y eso tiene que ser bueno. Espero que esté bien María.

¿Había una leyenda con respecto a María, o ese nombre lo pusisteis vosotros?
(Zahara) Yo es que notaba la presencia de una joven niña con un atuendo blanco. No me daba miedo, entonces la llamé María; llamarla “el fantasma de la niña” era una falta de respeto. Entonces María estaba allí, la saludábamos, yo decía “mira, hoy está aquí con nosotros en esta canción, está en el piano” y… no te rías de mí (a Martí). Yo me oigo decirlo y sueno a chalada, lo sé. Pero lo sentía, entonces no lo puedo negar.
(Martí) Además es que se llama como tú.
(Zahara) Claro, por eso cuando me lo ha preguntado Pablo antes pensaba que se refería a mí, tipo “¿quién es María y quién es Martí?” (ríe).

Esta pregunta es en serio aunque no lo parezca: ¿de qué forma diríais que María pudo ayudaros en la creación del disco? (Zahara se ríe) Oye, se dice que si un fantasma está en un sitio es porque tiene algo pendiente que resolver, y que se va cuando lo resuelve.
(Martí) Bueno, no sé si nos estaba ayudando a completar nuestro disco, pero mira, nosotros ya estábamos envueltos en una magia allí en Casamurada, hay unas energías flipantes para grabar, y sí que ayudó a creer más en esa magia y esas energías, y a fliparnos. Yo que no la vi porque no tengo los poderes extrasensoriales de Zahara…
(Zahara) Ay, sí.
(Martí) … Sí que sentía cosas. Sea cierto o no, sí que nos ayudó y fue guay tenerla con nosotros.
(Zahara) En cualquier caso, si no fue María, la energía de Casamurada es maravillosa, al margen de los fantasmas, y es un lugar inspirador en el que grabar, escribir, o simplemente estar. Por eso también teníamos tantas ganas de grabar los dos allí, por eso también la canción titulada así.

Existan o no, lo que sí es real es lo que percibe la persona en cuestión y lo que hace con ello. Pero, ya que hablamos de fantasmas, en la producción de “Manitoba”, en cómo empastan ahí vuestras voces, etcétera, hay algo que me hace pensar en fantasmas.
(Zahara) Sí, yo lo veía como que la voz de Martí te está contando una historia, y mi personaje era como una voz del Más Allá que lo ve todo y que narra algo. Creo que además están las voces pasadas por el pozo, que le dan un toque más fantasmagórico, más onírico. A mí me encantaba cantarla especialmente aguda, en contraste con cómo la está cantando él, que es mucho más grave de como suele cantarla. (A Martí) Esto no sé ni siquiera si lo hemos hablado tú y yo (ríe), pero para mí era eso.

“Queríamos que escucharas el final de esa canción y tuvieras la sensación de estar montado en lo que para nosotros era una moto”…

Aparte de la fantasía, la intimidad –emocional y sexual– es otro gran del tema del disco. ¿Puede haber una relación entre la intimidad y la fantasía? Quizás por el punto espiritual de ambas.
(Martí) Pues yo no sé qué decirte… Zahara seguro que sabe.
(Zahara) No, Zahara está pensando si está a la altura de la pregunta (ríe). No sé. Es decir, la vocación real que tenía este disco era la libertad, a todos los niveles. Es tan libre desde tantos puntos de vista, como si todo fuesen fotos de momentos que están sucediendo y que plasmas ahí. Queríamos que hubiese mucha honestidad, mucha verdad… Y puede que eso tenga que ver con la fantasía, porque se da bastante poco a día de hoy.
(Martí) La intimidad estaba desde luego en nuestra idea, queríamos que todo sonase muy pequeño y muy cercano, y al pasarlo todo por esa sala, es verdad que esa intimidad tan cercana y tan pequeñita se convertía en algo más etéreo. Además hicimos una cosa con las voces, que es grabarlas lo más íntimo posible, como si te estuvieran susurrando al oído, de una manera que podría haber sido errónea según los ingenieros. Y dejamos también muchas tomas sin editar, no coger una composición con palabras o sílabas concretas.

Citáis en las influencias a Caribou, James Holden, Pink Floyd, también veo en canciones como “Manitoba” toques de M83, de Dasha Rush… y hay una similitud que igual es demasiado específica, pero os quería preguntar sobre ella: ¿no sé si habéis escuchado la banda sonora que hicieron Trent Reznor y Atticus Ross para “Gone Girl” de Fincher?
(Zahara) Qué fuerte…
(Martí) Me encanta esa película.
(Zahara) Y a mí. Me la he visto como mínimo cuatro veces, a lo mejor la tengo súper dentro… Mira, yo tuve un periodo de mi vida de obsesión con bandas sonoras, con intentar averiguar qué sucedía ahí, porque me parece un lenguaje musical aparte, en el que describes solo con elementos musicales multitud de cosas que están pasando en pantalla. Me tiré años obsesionada con las bandas sonoras. Entonces eso está muy asociado con mi forma de componer, y que sea esta banda sonora en concreto… Pues sí, es posible, porque me he visto la película cuatro veces (ríe).
(Martí) Ayer justo vi un seminario de Atticus Ross sobre la creación del último disco de Nine Inch Nails; explicaba cómo trata los sintetizadores, los modulares, etcétera, todo el proceso. Me flipó porque es esto de que te piensas que estás loco en tus procesos, y luego ves a gente increíble y dices “anda, mira, esto yo también lo hago” (ríe). Aunque él sea el genio de Nine Inch Nails y nosotros unos pringaillos españoles, quizás algo tenemos en común sin saberlo… Qué guay que hayas visto eso, qué guay que no estemos tan fuera.

La espiritualidad y la fantasía están muy presentes en el disco. También se me ocurre el final de “Domingo de resurrección”, que, ya que estamos de fantasía, tiene un aire a ciencia ficción espacial.
(Zahara) Mira, ahí estaba muy clara para nosotros la idea de abandonar la ciudad en una moto en su primera parte, y a la vez una necesidad de que tuviera como una coda que fuese ese viaje en la moto. Ese viaje donde vas dejándolo todo atrás. Queríamos que escucharas el final de esa canción y tuvieras la sensación de estar montado en lo que para nosotros era una moto… pero en general un vehículo que te llevara lejos.
(Martí) Supongo que si intentas hacer una moto con un sintetizador, igual acaba siendo un cohete.
(Zahara) (ríe) Y es curioso que digas lo del espacio porque Abel Molina, que hizo el videoclip de “626”, hablaba de que este disco a él le recordaba a “Interstellar”, como una historia de ficción en la que al final se habla del amor y del Más Allá. O de cómo intentar comprender el Universo a través del amor. Y me pareció preciosa esa visión. Porque es verdad que uno puede tener una visión más local, te lo llevas a algo mucho más tangible como es una moto, y resulta que al final estás hablando de las galaxias y de los viajes interestelares. Y no sabías que estaba ahí, pero estaba.
(Martí) Pues eso: moto + sinte = cohete (Ambos ríen).

El título del disco viene por el primer single, y me parece curioso que fuese ese en lugar de “Casamurada”, que es otro de los temas, y que además sale mucho en las entrevistas que os están haciendo.
(Zahara) Hubo un momento en que lo planteamos, ¿te acuerdas, Martí?
(Martí) (ríe) Se me ha olvidado.
(Zahara) Yo sí que recuerdo esa conversación, cuando aún no lo teníamos claro. Queríamos que los discos tuvieran un título que, más que el de alguna de las canciones, fuera el lugar donde se había estado creando, o que hubiese tenido mucha importancia. Lo de “BCN 626” viene de ahí, de Barcelona y de la habitación del hotel. Y, por eso mismo, también podía ser “Casamurada”.
(Martí) Pero nos engorilamos con el proyecto futuro de ir a diferentes ciudades, coger la abreviatura de aeropuertos de esas ciudades… Todo esto antes de que hubiese un virus alrededor del mundo, claro.
(Zahara) Sí, pensábamos ir hace un par de meses a San Francisco, de hecho, y que fuese “SPO” y aparte la habitación del motel que encontrásemos y que nos flipara, no sé… Pero bueno, también puede ser “Madrid: tu puta casa_72”.

¿Hay algo a la vista entonces con respecto a un segundo disco, algo escrito o pensado?
(Zahara) Pues como esto se truncó, paramos, y ahora creo que ambos estamos gestando ideas para poner en común. Es verdad que el proceso de este disco fue en un momento tan especial y tan concreto de nuestras vidas, que sentimos que había acabado, al igual que ese proceso de búsqueda y de exploración de sonidos y de todo. Lo que sigue vivo es el ansia que tenemos de seguir explorando y aprendiendo, y por nuestras personalidades está claro que lo siguiente sonará distinto.
(Martí) Es nuestro proyecto para ser libres y para no doblegarnos a los epates del sistema y de la música sistémica. Tenemos muchas ganas, respecto al siguiente, de encontrar un nuevo proceso musical, un concepto y una idea que nos excite, y hacer canciones pensando en todo eso. Ya que aquí nos lo podemos permitir, hay que ir con esa idea a muerte.

Con respecto a vuestros otros “yos” artísticos: ¿Zahara y Mucho están en stand-by? ¿O estáis pensando ideas para los nuevos discos de esos proyectos?
(Martí) Yo estoy componiendo nuevas canciones, y tengo ya varias en proceso de mezcla, además de “La gran pausa” que saqué hace poco. Y todo esto no sé cómo saldrá, pero saldrá. Estoy componiendo todo el tiempo, como una ratilla. Mi proceso con Mucho nunca se para; yo sigo ahí hacia delante, como un toro dándome contra un muro, como buen Aries que soy.

Somos horribles, yo también soy Aries.
(Martí) Qué mala suerte, ya lo siento…

Pero oye, a veces precisamente por eso también conseguimos cosillas.
(Martí) (ríe). Quizás por eso sigo yo a tope con Mucho. Y el estar con _juno también, yo ambas cosas las veo compatibles dentro de lo que estoy creando.
(Zahara) Lo mío es que como se paró justo en la mitad de la presentación de “Astronauta”, con la gira de Mahou pendiente, ideas musicales para desarrollar, etcétera, aún no tenemos claro qué va a pasar cuando se vuelva a tocar. Yo ahora mismo estoy haciendo cosas, pero más que nada esperando a ver qué sucede. Porque este año tenía unos planes preciosos, como tanta gente, y lo único que he visto es que nada de lo que había puesto en el calendario se ha podido hacer. Entonces en Zahara sí que soy más prudente, vamos pensando cosas, y si llegamos a una idea clara, la comunicaremos. Pero de momento: ya veremos.

Otra de las canciones se llama “A dos metros bajo tierra”. Recuerdo Zahara que, cuando te entrevisté por “Primera temporada”, hablamos del final de la serie, porque a los dos nos gustaba mucho. No sé si tú también la has visto, Martí, si eres muy de series también…
(Martí) Muy de series no sé si soy, pero esa concretamente me encantó… La vi y me encantó.

¿Cuál es vuestro personaje favorito?
(Martí) A mí me gusta el que luego hace de Dexter, el hermano que no es Nate.
(Zahara) Uf, es que Nate no puede ser el favorito de nadie. La mía es Brenda, de hecho es mi personaje de ficción favorito de absolutamente todo.
(Martí) La madre también es grandiosa, es que todos…
(Zahara) Todos molan. Menos Nate.

En cuanto a los visuales, ¿teníais claro que los queríais para todos los temas o en circunstancias normales, sin un virus mundial, habríais hechos varios videoclips y aparte varios visuales?
(Zahara) Sí que queríamos que todas las canciones tuvieran una pieza visual, queríamos un videoclip para “BCN626”, y apoyo visual para el resto. Abel Molina hizo también dos más, y Guillermo Guerrero hizo el resto, les dejamos bastante libertad a ambos. Y estuvieron muy acertados. Cada vez que nos enviaban un vídeo, eran perfectos.

Quería preguntaros si habíais acudido especialmente a algún disco o algún artista en estos meses de confinamiento. Imagino que, en el caso de Zahara, se asomará Taylor Swift por ahí.
(Zahara) (ríe). De hecho, me acaban de regalar el vinilo de “1989”. Es que el confinamiento me lo salvó Taylor Swift, lo digo todos los días, pero lo vuelvo a decir, porque me encanta. Ese momento que todos hemos vivido de hastío, soledad y tristeza, a mí ver el documental de Taylor me inspiró muchísimo, ver ese lado suyo vulnerable, viendo lo que teníamos en común salvando esos millones de millones de distancia. Detrás de todos los millones de discos vendidos y los millones de dólares había una chica haciendo canciones y mostrándose tal y como era, y yo con eso conecté. Por desgracia con lo otro no (ríe). El documental me encantó y llevó a espabilar y a volver a querer tocar y crear. Escuché compulsivamente “1989”, y por supuesto cuando salió ‘folklore’. La salida de este confinamiento ha sido con ella y con un disco con el que no contaba, y me ha alegrado mucho la vida, la verdad.
(Martí) Yo he escuchado mucho el último de Caribou, que me parece increíble. Y en general yo es que no he cambiado mucho mi manera de escuchar música. Sigo escuchando música como una rata. La semana pasada fue el de Kelly Lee Owens. Y el de Taylor también lo he escuchado a muerte, da la sensación de que ha escuchado nuestro disco antes de sacarlo (ríe).
(Zahara) ¡Menos mal que lo sacamos una semana antes!

No sé si preguntaros por gira…
(Zahara) Estamos planificando una gira en la que tocaríamos en algunas ciudades. Ojalá se pueda hacer, porque este proyecto está tan vivo que querríamos hacerlo. Estaríamos solo Martí y yo en el escenario.
(Martí) Sobre todo es que hicimos unos ensayos y vimos que puede ser precioso, puede ser un proceso muy especial. Teníamos ganas de poder hacerlo y de lograr en directo la misma sensación que hay en el disco. La idea es también hacerlos con un componente visual.
(Zahara) Sí, como para entrar más en el viaje. Te sentarás, ahora obligado, te pondrás el cinturón de seguridad, la mascarilla, y adelante.

La moto-cohete tenéis que llevarla.
(Martí) (ríe). Pero el directo sería cohete, no moto.

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