“No he querido hacer un disco ambicioso”
Entrevistas / Jessica Pratt

“No he querido hacer un disco ambicioso”

Diego Rubio Méndez — hace 3 semanas
Fotógrafo — Archivo

Puede que escuchar “Quiet Signs” se sienta de alguna forma como la primera vez que escuchamos a Jessica Pratt. Y es que la cantante californiana está viviendo una especie de resurgimiento o de nuevo comienzo en la música con un disco que la ha puesto delante de muchas primeras veces y con el que ha aprendido más que nunca.

Ha desplegado sus alas, aunque ella misma sea consciente de que esas metáforas son más bien cuestión de notas de prensa y que solo son una forma de darle sentido a un momento personal que llega, seguramente, tras una calma inusual. Porque la salida de Drag City tras acabar exhausta y reventada la gira de “On Your Love Again” y sumirse en una serie de importantes problemas personales le llevó a alejarse de todo en busca de reencontrarse consigo misma. Y de ese período emergió una relación sólida, una deuda saldada con varias cuentas del pasado y un nuevo contrato discográfico con Mexican Summer que le permitió, por primera vez en su carrera, grabar en un estudio profesional, con todo lo que ello implica, las ventajas, las posibilidades técnicas o las dudas y los miedos. Ir a Nueva York regularmente para grabar junto a un productor y un ingeniero, tener que conversar y repensar ideas que otrora se hubieran quedado en el dormitorio o se hubieran grabado de forma espontánea, capturando una esencia diferente, sí, pero apartando la vista de otras posibilidades alcanzadas en frío. Forzarse a salir de su zona de confort y a pensar fuera de la caja. El resultado se siente fresco como una primera vez, retiene la intimidad y ese espíritu a veces lo-fi y certifica el mejor disco de su autora. Hablamos con ella al teléfono unos días antes de que presente “Quiet Signs” en Madrid.

Tu música siempre se mueve entre una California soleada y la soledad más oscura de la vida urbana, entre una brillantez prístina y una atmósfera más áspera, entre la hondura estructural del folk tradicional y aventuras más dream-pop. ¿Por qué?
Creo que, generalmente, cualesquiera que sean las cualidades de mi música, no son súper intencionadas. Quiero decir, esas cualidades al final son lo que representa la esencia y el ADN de la música que hago. La gente se siente atraída por ciertos acordes o ciertas melodías porque les son familiares… en un subnivel puedes decir también que expresan una parte de sí mismos, de lo que piensan o cómo se sienten. Nunca he ido a por un sonido en concreto, nunca he intentado escribir una canción pensando en que quería que sonara de una manera concreta. Supongo que hay muchas explicaciones para eso, pero creo que básicamente esos contrastes son simplemente una expresión de lo que tengo en mi cabeza o en cualquiera que sea la parte de la que sale mi música.

“Intento no prestar mucha atención a cualquier idea de fuera sobre cómo o a qué debería sonar mi música”.

Tus discos son deudores evidentes del pasado, de la tradición de los 60 y 70, pero siempre dices que tratas de mirar hacia delante…
Obviamente creo que estoy influida en su mayor parte por música más antigua, pero también he buscado siempre distanciarme de la mera emulación, ¿sabes? De imitar o copiar. Intento no prestar mucha atención a cualquier idea de fuera sobre cómo o a qué debería sonar mi música, y siempre trato de concentrarme y poner mis esfuerzos en lo siguiente, sea lo que sea. Y en asegurarme de que la música encaje en un paisaje mío de ideas o sentimientos. Al final es una forma personal. Aunque mire al pasado en la manera en que sueno, hablo tanto de cosas atemporales como de cosas que ocurren en mi vida, en un contexto que nada tiene que ver con ese mundo “clásico” y expresándome en unos términos que tienen mucho más que ver con mi presente.

Tu último disco vino tras un momento de muchos cambios radicales en tu vida personal, como una respuesta. ¿Llega este en el momento más tranquilo de tu vida?
Quizá no en el momento más tranquilo de mi vida… bueno, o sí, en muchos aspectos, sí. Quiero decir, sigo lidiando con muchas cosas personales, como todo el mundo. Pero sí es verdad que vengo del período más largo de mi vida en el que he podido reflexionar sobre mis propios problemas, mis aspiraciones… sobre mí misma. Y escribir canciones, al final. Así que sí es verdad que “Quiet Signs” llega después de un período de calma, de quietud, especialmente comparado con el segundo disco, que es verdad que vino en una época digamos tumultuosa.

El disco lo compusiste en Los Angeles, donde vivías antes de mudarte a Nueva York. ¿Cuándo te mudaste?
Realmente no llegué a mudarme nunca a Nueva York, pero acabé grabando el disco allí y pasé muchísimo tiempo allí. Básicamente lo que estuve haciendo era escribir cuatro o cinco ideas en Los Angeles, ir a grabar un tiempo a Nueva York, no encontrar algunas palabras para hacer funcionar esas canciones, regresar a Los Angeles y volver a escribir de nuevo. Y eso, básicamente hice esto creo que como cinco veces. Fue una manera muy fuera de lo común de hacerlo, pero estaba un poco empezando desde la nada, no tenía ningún material significativo realmente. Tampoco sabía muy bien si iba a ir hacia delante con lo grabado en el estudio, lo estaba usando básicamente a modo de prueba.

¿Así que prefieres escribir en Los Angeles?
Prefiero escribir allá donde esté mi casa, mi hogar. Y sí, eso siento que es Los Angeles desde hace 6 años. Encuentro más difícil escribir cuando estoy viajando, de gira, lejos de casa. Cuando estás de viaje o quedándote en casa de alguien en otra ciudad sueles tener que hacer muchas cosas fuera, tienes planes. O conocer la ciudad, o quedar con gente, lo que sea. Yo necesito un boceto claro y neutro cuando estoy escribiendo, concentrarme en eso y tomarme mi tiempo, por eso lo hago mejor en casa y sin distracciones.

¿Encuentras diferencias importantes entre las dos costas, entre Nueva York y Los Angeles?
Sí, desde luego. Pienso que tanto Nueva York como Los Angeles tienen esa especie como de oscuridad intrínseca, ambas tienen historias sombrías… pero también puede ser algo que puedes sentir en prácticamente cualquier ciudad grande del mundo. Y en el fondo son muy diferentes. Por ejemplo pienso que Los Angeles es más fácil, más amable… Nueva York tiene las defensas muy altas y muy activas. Estar en Los Angeles a veces significa no ver a nadie paseando por las calles, dependiendo de dónde estés; en Nueva York es imposible. Los Angeles es más relajante, ¿no? Pero sigo sin tener totalmente claro cómo o cuánto esas diferencias evidentes afectan a la música, si es que lo hacen. Creo que la música de algunos artistas es un poco más permeable y por lo tanto abierta a la influencia de cosas externas, y esas cosas se notan, pueden enriquecer, pueden dar pie a debates sobre apropiación, etc., pero realmente no sé. Espero poder echar la vista atrás dentro de algunos años hacia este disco y entender mejor el rol que jugó Nueva York en él, o el efecto que tuvo en él si es que lo tuvo. De lo que más segura estoy es de que fue una gran experiencia escribir en Los Angeles y luego ir a grabar a un lugar que estaba completamente fuera de mis esquemas mentales. Creo que ha producido resultados interesantes.

“Parte de lo que he aprendido de hacer música todo este tiempo es que las cosas más pequeñas pueden influir muchísimo en tu imaginario y por lo tanto en la música que haces”.

¿Por qué decidiste grabar en Nueva York?
Pues simplemente porque el sello discográfico con el que estoy en EEUU, Mexican Summer, tiene un estudio musical allí y… bueno, pues era un buen trato para mí como artista grabar allí con un sello así que decidí intentarlo y ver qué pasaba, si funcionaba. Seguramente tuviera más sentido grabar en la ciudad donde vives, por cuestiones de logística más que nada, pero… sí, creo que funcionó.

¿Y qué hace que decidas que este disco sea el primero que grabas en un estudio profesional?
Realmente nada. Mi estudio casero estaba un poco inoperativo en ese momento y es que realmente no podía trabajar. Fue entonces cuando llegó Mexican Summer, me firmó y me ofreció un estudio. Un estudio por el que no tienes que pagar un alquiler, ni pagar al ingeniero… Quiero decir, no es barato tener acceso a un estudio tan chulo, así que era una oferta difícil de rechazar. Así que decidí ir para adelante, incluso con los nervios y todo, y al final como te he dicho antes creo que funcionó.

¿Qué es lo que más te asustaba?
Sobre todo, no estaba segura de ser capaz de traducir las cosas que normalmente me funcionaban en mis grabaciones caseras al estudio sin perder algo de esa magia que tiene lo grabado en casa, ¿sabes? Las grabaciones caseras son muy vívidas… y puedes hacer algo con muchas repeticiones sin preocuparte de comunicarte con alguien, perder tiempo, cosas así. Pero la verdad es que terminé sintiéndome muy cómoda con la dinámica de estudio y, sinceramente, creo que me ha permitido hacer cambios en las canciones que yo no habría sido capaz de hacer sola en casa. En el estudio tienes muchas más herramientas, cosas con la que experimentar, así que sí, funcionó per al principio tuve muchas dudas.

¿Lo consideras un paso ambicioso en tu carrera?
No he querido hacer un disco ambicioso, eso desde luego. Simplemente estaba tratando de hacer un disco que yo sintiera bueno para mí. Pero es verdad que por tener acceso a un estudio, a diferentes tipos de instrumentación que quizá hubieran sonado “demasiado” en un casette, ha terminado con un resultado más cinemático, más amplio, y eso puede hacer que se sienta como un clarísimo paso adelante.

Has hablado de tu proceso creativo como una especie de pintura abstracta. ¿Tienes influencias que no sean musicales en tu música? Libros, películas, cuadros, movimientos artísticos…
Claro. Parte de lo que he aprendido de hacer música todo este tiempo es que las cosas más pequeñas pueden influir muchísimo en tu imaginario y por lo tanto en la música que haces. Leer un artículo o cualquier cosa interesante, algo sobre la vida de alguien… todo tipo de arte, la literatura, la pintura, las artes visuales, un disco o una película. De alguna manera todos acaban en el mismo lugar, y una parte de hacer música que me encanta es precisamente coger todas estas cosas diferentes y digerirlas sin estar muy seguro de saber de dónde vienen o a dónde van.

3 discos, 3 sellos diferentes… ¿Por qué? ¿Qué pasa?
No es algo planeado, lo prometo. El primero fue mi amigo Tim (Presley, de White Fence), que básicamente creo un sello (Birth Records) para sacar el disco. Y no creo que él hubiera esperado de mí que sacara otro disco con ese sello porque la idea de todo aquello era básicamente que si funcionaba, si resultaba más o menos exitoso, yo debería de ser capaz de ir por mi cuenta o de encontrar otro sello que quisiera sacar mi segundo trabajo. Después, dejar Drag City fue resultado de un proceso más conflictivo, pero en el cómputo final creo que fue una buena decisión, por un gran número de razones.

¿Cómo?
Simplemente cosas más logísticas. Desafortunadamente, aunque me encante Drag City y todo lo que representan y hacen, algunos aspectos en su forma de funcionar como sello discográfico hacen más difícil poder ganar dinero como artista, y llegué a estar en una posición en la que ya no podía mantenerlo más tiempo.

Has tardado casi 5 años en sacar “Quiet Signs”. Está claro que te gusta hacer las cosas a tu manera y que te tomas tu tiempo, pero… ¿Qué ha pasado durante ese tiempo con las canciones del disco?
Saqué “On Your Love Again” y estuve girándolo como un año entero en 2015. Y ya sabes, no encontraba ni un minuto para escribir durante ese tiempo, estaba demasiado ocupada. Y después de eso acabé un poco exhausta, me pilló enfrentándome a algunas cosas personales… Para ser honesta al principio de 2016 quería actuar como si pudiese ponerme a escribir nada más acabar la gira y reventada hasta la muerte. No podía concentrarme en escribir y lo único que sentía era que necesitaba un descanso y darle sentido a ciertas cosas personales, tomarme un tiempo para reflexionar y para pasar revistas de ciertas experiencias en mi vida que me exigían concentrarme en ellas en ese momento. En algún momento sentí que me estaba alejando demasiado de mí misma, pero hacia el último cuarto de 2016 empecé a trabajar de nuevo, a escribir. Y a principios de 2017 empecé a grabar, pero ha tomado bastante tiempo terminar el disco. Porque estuve escribiéndolo y grabándolo a la vez, dándole muchas vueltas… Y no sé, debe de ser un cuarto de todo lo que había. Quiero decir, hay muchísimo material grabado que no he utilizado, pero llega un momento en el que la discográfica te dice que muy bien, que todo lo que tienes está muy bien pero que tienes que decidirte a sacar algo. Pero no estaba bien hacerlo hasta estar segura de que todo fuera exactamente como yo quería que fuera.

Has dicho que el disco narra el viaje de una artista desde que empieza a desplegar sus oscuras alas hasta sentirse lo suficientemente cómoda como para llenar un escenario por sí misma. ¿En qué está inspirada esta idea?
A lo largo de estos años he aprendido que la declaración con la que se presenta un disco es muy importante en la manera en la que los periodistas lo interpretan y para ayudarles a entenderlo y encaminarles cuando van a escribir sobre él. Es algo así como un marco que les das para que puedan contextualizarlo mejor. Pienso que esa descripción apela en muchas maneras a esa sensación de ir a un estudio y sentirte de alguna manera más completamente realizado. El disco anterior era más una colección de canciones que venían de ninguna parte y se grabaron de una forma mucho más instantánea, buscando capturar ese momento particular. Pero para este nuevo disco he pasado mucho más tiempo escribiendo, grabando, tratándolo todo de forma diferente en el estudio y en mi forma de hacer las cosas. Así que puede significar algo como un desembarco, de alguna manera, como un tocar puerto.

¿Piensas que hay algo delicado en la oscuridad?
Pues sí, definitivamente sí.

Los sueños juegan un papel muy importante en tu forma de componer. Y hace un tiempo dejabas en una entrevista para Mindies la pregunta “¿Cuál es el sueño más increíble que has tenido últimamente?”. Me gustaría devolverte la pregunta.
He tenido muchos sueños realmente especiales, pero recientemente… Llevo al día un diario de sueños y creo que en 2017 tuve un sueño sobre un hotel. Una imagen muy específica con algunas ventanas, algunas montañas enormes que se veían a través… Cuando tengo un sueño sobre algún lugar en concreto intento siempre describir todos sus detalles. El caso es que como unas dos semanas después de tener ese sueño mi novio me enseñó algunas fotos de un hotel en el que estuvo con su familia cuando era pequeño. Me dijo que era un sitio bonito y que podríamos intentar ir alguna vez, y cuando vi las fotos me di cuenta de que era la imagen de mi sueño… pero es que yo no sabía nada de ese lugar, de verdad, fue muy raro. Bastante loco.

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