“Después de cuarenta años, lo que nos pone es no sonar a James”
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“Después de cuarenta años, lo que nos pone es no sonar a James”

JC Peña — 08-07-2021
Fotógrafo — Lewis Knaggs

La banda de Manchester James se muestra incombustible con su decimosexto disco, All The Colours Of You (Nothing But Love/Music As Usual, 21), que se beneficia de unas constantes vitales superiores a las esperables a estas alturas.

El próximo año James cumplen cuarenta años de carrera. Desde su reaparición en 2008, han publicado seis álbumes, y no parece que vayan a aflojar el ritmo cuando las entradas para la inminente gira británica se venden más rápido que nunca, y parecen disfrutar genuinamente con sus nuevas canciones.

Un jovial y de maneras exquisitas Tim Booth, frontman de una especie singular que se va extinguiendo, nos da las claves de la pervivencia de una banda que mantiene una conexión especial con sus fans desde una honestidad y una ética de trabajo muy de la lluviosa ciudad postindustrial del norte de Inglaterra. Una ironía fina y amable, pero con un punto de dureza norteña permea en algunos de sus comentarios. Booth vive desde hace años en California, a tiro de piedra del reputado productor irlandés Garret “Jacknife” Lee (The Killers, U2, Snow Patrol, R.E.M.). Aunque de eso no tenía ni idea antes de hacer este álbum.

Como disco completado durante la pandemia y por diferentes razones, este nuevo álbum tiene pinta de ser especial. Por supuesto, también por la producción de Jacknife Lee.
Bueno, nos habíamos tomado un año sabático, el primero desde que volvimos en 2008. Pero habíamos compuesto un montón de improvisaciones, como cien. Todas las canciones de James siempre salen de las improvisaciones que hacemos tres o cuatro de nosotros, así que tuvimos que estar juntos. Y luego, cuando estábamos convirtiendo las improvisaciones en maquetas y yo escribía letras, llegó el Covid. Pensé que podría viajar a Inglaterra a trabajar de nuevo con Charlie Andrew, que hizo nuestro disco anterior y nos encanta. Ése era el plan, pero no pude viajar por los confinamientos. Fue un momento de pánico porque los productores son muy importantes. Entonces me dieron una lista corta de productores y Jacknife Lee estaba en ella. Él vive a tres kilómetros de mí y estaba también confinado, tampoco quería ir a un estudio. Así que me cogí el coche para ir ver a mi vecino y resultó que el vecino era guay. La reunión fue genial, me pidió que le pasara una de las maquetas a ver qué podía hacer con ella. Dos días después me pasó treinta segundos con la introducción de “All The Colours Of You" y rompí a reír porque su enfoque me parecía muy divertido y fascinante. En tres días tenía la versión completa y todo el grupo nos quedamos alucinados: estábamos flipando. Nos encanta cuando alguien la lía en el buen sentido y nos ayuda a no sonar a James.

“Somos una banda de currantes, nuestros compañeros de generación se han vuelto vagos”

Entiendo que gran parte del disco se hizo a distancia y que no llegasteis a entrar todos en un estudio.
Claro, habíamos hecho las improvisaciones y las maquetas antes. Y yo había escrito como el setenta por ciento de las letras antes de contactar con Jacknife. A partir de ahí fue a distancia, sí. Lo que hacíamos era llamar a nuestro trompetista en Inglaterra diciéndole que necesitábamos una trompeta en un estribillo, o un cello en una estrofa. Y los diferentes multi instrumentistas de James se pusieron a trabajar, mandándonos “su corazón” a través de la red.

¿Conocías el trabajo de Jacknife o eras fan de lo que hace? Las canciones en las que trabaja suenan con una claridad especial, y una rara combinación: son modernas pero también atemporales.
¡Sí! En realidad no estaba al tanto de su trabajo. Y miro algunos de los nombres de la lista de artistas con los que ha trabajado y… Dios. He olvidado su nombre, pero es como ¿realmente ha trabajado con ésta? [risas]. Pero es lo que es. Los productores son putas, están acostumbrados a trabajar con cualquiera. En realidad no conocía su trabajo, fue más bien que él se ofreció a trabajar en una de las maquetas y nos pareció brillante al momento. Y luego le pasamos otra y el resultado era maravilloso. A partir de ahí se hizo evidente que era la persona adecuada. Mi experiencia con el Covid es que están pasando cosas horribles, pero también algunas alucinantes simultáneamente. Y esta fue una de las piezas de magia que nos cayó del cielo: hemos hecho uno de nuestros mejores discos en unas circunstancias extrañas. Y fue puro gozo. Los dos alucinamos compartiendo la música y programas de televisión que nos inspiran. Nos hicimos colegas contándonos batallitas. Llegaba un momento en que decíamos: “Vale, ahora vamos a currar un poco”. Y eso era a diario.

Has hablado de la importancia de los productores, en vuestro caso hubo un antes y un después de trabajar con Brian Eno y todos los discos que hicisteis con él en los noventa. ¿Por qué le dais esta importancia a esta figura?
Hicimos cinco discos con Brian Eno y nos ha ayudado en un par de canciones de los últimos dos. Si tenemos un problema con alguna canción le pregunto a Brian [risas]. Mantenemos una muy buena relación. Él, Jacknife y Charlie Andrew son probablemente los únicos productores a los que permitimos meterse en lo que hacemos. Jacknife se ganó nuestro respeto rápidamente de igual manera que hizo Brian en su momento, y el enfoque es: “Vale, haz lo que quieras, vamos a jugar”. Se metió en nuestras improvisaciones. Le di algunas instrucciones básicas, como que queríamos ser más rítmicos que en los últimos años, porque me encanta bailar y me gusta el ritmo. Le dijimos que queríamos mantener la dirección rítmica que hemos llevado en los últimos tres o cuatro discos, y el protagonismo de los teclados, probablemente más que de las guitarras. Y también le sugería si podía tener en cuenta cierta psicodelia contemporánea, porque estoy muy interesado en cómo las drogas psicodélicas legales van a ser una realidad. La Unión Europea acaba de dar el visto bueno a las pruebas americanas para usar MDMA y psilocibina para usos terapéuticos. Como medicamentos van a ser muy importantes para la gente que sufre depresión y después del Covid nos vamos a tener que enfrentar a una enorme cantidad de enfermedades mentales, aunque no las llamaría tanto enfermedades mentales, sino pre-depresiones. Puedo hablar de ello porque he estado trabajando con terapeutas y este tipo de fármacos psicodélicos. Así que le pedí que hubiera ciertas insinuaciones psicodélicas en el álbum, y las apañó para hacerlo en canciones como “ZERO” o quizá “Magic Bus”. En esas canciones se pueden oír esas influencias.

¿Hasta qué punto vivir en Estados Unidos, que de por sí es un país de extremos pero además está totalmente polarizado en lo político desde hace tiempo, ha permeado en las letras de este disco?
Es fácil escribir letras cuando la temperatura emocional es caliente, ya sea personal o esté en el ambiente. Vivo en California, en la naturaleza, con los incendios y Trump dando lo mejor de sí para cargarse la democracia, y todos estábamos confinados. Además, perdí a mi suegro. Escribo constantemente: además de letras, estoy terminando mi primera novela, y todo esto se mete dentro de lo que escribes, no puedes evitarlo. Nutre lo que escribes de un modo potente. Uno espera que sea más medicina que veneno, pero a menudo la medicina y el veneno están muy cerca y son compañeros.

“El consenso sobre la realidad se ha desintegrado: la gente vive en burbujas de creencias”.

Cuando has hecho quince discos tienes la ventaja de conocer muy bien tus virtudes y los trucos de grabar y sacar partido a tus canciones, pero ¿cuál es el secreto para seguir sonando fresco?
Bueno, creo que la metodología de James es muy diferente a la de otras bandas: cuatro de nosotros nos metemos en una sala e improvisamos. Y lo mismo hacemos ciento veinte improvisaciones en tres semanas, cinco horas al día. Y lo grabamos todo. Luego nos ponemos a buscar qué cosas pueden llegar a ser canciones. Esta improvisación significa que ninguno controla el proceso compositivo. No hay un cantante-compositor o dos personas que se ocupen de ello, son cuatro personas en una sala y algo creativo que se da entre ellas. No lo controlamos, y por eso es bonito. Creo que eso nos mantiene frescos. Me parece que los “compositores cantantes” se quedan sin cosas sobre las que cantar o maneras de cantar sobre ellas después de unos pocos álbumes, a no ser que seas Nick Cave. Es nuestro proceso lo que nos mantiene frescos. Y luego solemos buscar productores que la lían.

Lo que decías antes.
Nos gusta no sonar a James, eso es lo que nos pone después de cuarenta años. Nos gusta contar con gente que nos empuje a lugares incómodos. Es mi actitud vital en general: gravitamos hacia el caos [risas]. Ahora tenemos a nueve personas en el grupo, lo cual es una locura. Tenemos a dos mujeres estupendas, y es un caos en el buen sentido. Son brillantes y no pudimos decir “no”. James es como una aventura, y siempre lo ha sido. Jamás hemos dejado entrar al estudio a ejecutivos de las discográficas. Hacemos nuestra música y la entregamos. La única influencia de las compañías ha sido a la hora de decirnos a veces qué iba a ser single y qué no, porque no estamos pendientes de la radio. Somos nuestra propia pequeña burbuja artística y ha tenido mucho éxito para nosotros durante mucho tiempo. Aunque no parecemos tan famosos, en Reino Unido vendemos las entradas más rápido que cuando éramos “famosos”, por decirlo así. Como somos viejos y feos no tenemos la misma atención mediática [risas] que las bandas jóvenes de moda. Lo aceptamos sin más y seguimos con lo que hacemos: música alucinante que sabemos que al final conectará con la gente, porque tenemos fe en el proceso. La buena música siempre llega.

Y hay que decir que tu voz suena igual o mejor que nunca, como tu capacidad de hacer melodías. ¿Haces algo específico para mantenerla en forma?
No… Escalas. Me hice muy vago durante el confinamiento y ahora tengo que trabajar mucho [risas]. Tengo un rango de cuatro octavas, lo cual según Brian es muy inusual. Cuatro octavas cutres, pero cuatro a fin de cuentas [se ríe a carcajadas]. Trato de seguir adelante. Llegar a las notas más altas se está poniendo más difícil, pero lo trabajo. No, es que somos una banda de currantes. Nuestros colegas de generación se han hecho un poco vagos. Lo mismo componen quince canciones para un disco, y nosotros sacamos ciento veinte y después elegimos las que creemos que van a florecer, y las llevamos a una nueva dirección. No las componemos completamente, pero sí hasta un punto en que podemos decir dónde está su potencial. Y somos perfeccionistas, nos encanta trabajar duro y esperamos que la gente que trabaja con nosotros haga lo mismo. Si no pueden estar a nuestro nivel, entonces se quedan fuera. Tenemos un lado perfeccionista, pero también otro al que le encanta el caos: improvisar, cambiar el repertorio cada noche. Y no saber muy bien lo que estamos haciendo. Somos una mezcla extraña entre análisis y amor por el caos. Es una combinación muy efectiva.

Me gustaría que me hablaras de un par de canciones del disco: “Magic Bus” con ese estribillo tan vuestro y la última, “XYST”, con esa guitarra loca y frenética, es un cierre estupendo.
Me parece divertidísimo que la gente escoja canciones tan diferentes… Me resulta muy placentero porque dice que hemos hecho un buen disco. Esas dos son probablemente las últimas que yo habría escogido, y me encanta que lo hayas hecho.

¡Gracias!
“Magic Bus” tenía una voz completamente diferente a lo que oyes ahora. [Tararea una melodía]. Esa parte del final se usaba como estribillo en la primera maqueta. Mark (Hunter), nuestro teclista, lo hizo. Pero nos parecía que era un poco demasiado comercial y obvia, así que la metimos al final, y una octava de Mark se convirtió en el estribillo [canturrea un poco]. La canción tuvo varias versiones antes de llegar a la definitiva, y luego Jacknife se puso con ella hasta dejarla así de divertida. En cuanto a la letra, creo que la tenía tal cual en la primera jam. De nuevo, la psicodelia: el autobús psicodélico de los sesenta. Ken Kesey y Jack Kerouac a bordo. Cuando la escribí no podía decir si estaba escribiendo sobre una secta a la que deberías temer, o un lugar estupendo al que subir: en plan “ven y únete a nosotros en el autobús de James”. Me interesaba la idea de las sectas, por el tema de la pandemia, y también por los algoritmos y las redes sociales: el consenso sobre la realidad se ha desintegrado. Lo que está pasando es que la gente se ha separado en grupos que parecen sectas. Algunos de ellos son obvios, como QAnon. Donald Trump es un líder de una secta: podría disparar a alguien en Times Square, que sus seguidores continuarían siguiéndole, y esa es una buena definición de secta. ¿Podría tu líder irse de rositas si cometiera un asesinato? Las cosas se han separado entre burbujas de creencias. Esa canción está influida por ese pensamiento, pero la dejé abierta. En general, quiero subir a ese bus mágico, pero hay un momento en que dices: “No sé yo…” [risas].

“Como somos viejos y feos no tenemos la misma atención mediática, pero vendemos entradas más rápido que nunca”

Y luego te preguntaba por “XYST”.
Está muy influida por el problema de los sin techo. Estados Unidos es un país riquísimo que tiene un problema muy grande de gente sin hogar. Durante la pandemia, cuando ibas a la ciudad, que no era muy a menudo, te encontrabas con una situación desesperada, porque esta gente no tenía nadie a la que pedir dinero o comida. Se volvían locos y no había ninguna red social para acogerlos. Escribí esa canción partiendo de ese punto de vista. Pero al final puedes oír esas dos canciones sin saber nada de lo que me inspiró. La gente puede sacar cosas completamente diferentes.

La última: hace poco hemos visto a un grupo de artistas británicos quejándose por lo que les llega de las plataformas digitales a través de los sellos (apenas una media de un trece por ciento sobre las ventas, según dicen). Tú que lo has visto todo en esta industria desde los primeros ochenta, ¿qué opinas de la forma en que se oye música ahora y todo esto?
Todo es bueno y malo. Nada viene en un solo “paquete”, hasta donde puedo ver. En los ochenta contabas con las compañías discográficas y su poder, y se trataba a la música con más reverencia. Trataban a los músicos como dioses, lo cual probablemente era demasiado…Pero las compañías manipulaban los acuerdos en su beneficio. Nosotros no ganamos un penique de las ventas, y vendimos veinticinco millones de copias. Los contratos eran malísimos. Si no me equivoco, The Beatles tenían un dos por ciento de los royalties de sus discos [risas]. Y sí, miro a esos tiempos y es verdad que se hacía música alucinante. Soy una persona que gravito hacia The Doors, The Velvet Underground, Patti Smith, Iggy Pop y The Beatles. Los oyes y dices: “Madre mía, ¿qué estaba pasando entonces?”. Veo eso, pero también ahora se puede hacer un disco en un dormitorio por nada. No necesitas a las compañías de discos. Si sabes trabajar las redes sociales, tienes ventaja. El problema es que la música se convierte más en una mercancía y se aprecia menos, lo cual puede ser bueno o no. Y la gente joven puede estar más inclinada a hacer videojuegos que música. Pero la música es el lenguaje primordial. Muchos antropólogos piensan ahora que vino antes que el habla y creo que hay algo muy especial en ella, que no puede estar en un videojuego. Se puede ver desde muchos puntos de vista. Nosotros nos pagamos este disco, fue una apuesta financiera grande, pero estamos muy felices de esa apuesta y de seguir haciendo música que nos encanta y vendiendo entradas. Yo no me quejo. Te puedo dar una visión general desde un punto de vista histórico o crítico, pero creo que hay cosas buenas y malas en cuanto a lo que sucede ahora.

El principio de todo esto

Empezasteis en Manchester tocando en el mítico Haçienda, en un momento cultural único para la música. ¿Qué recuerdos tienes de todo aquello?
Fue pura casualidad. El otro día lo hablaba con un amigo: he tenido suerte. No tenía ni idea de que podía cantar y tampoco escribir letras. Lo único que sabía era que podía bailar. Me encanta bailar e iba a clubes cada noche para bailar, sin beber alcohol, y volviendo después a casa. Bailaba como un loco, tanto que a veces me miraban. A los ingleses no les gustaba bailar, esto era antes de la música house y todo eso. Entonces, un chaval de dieciséis años me vio y me preguntó si quería bailar en su grupo. Y así empezó todo, con algo tan ridículo e inocuo. Acabé ese fin de semana teloneando a Orange Juice con una pandereta y bailando muerto de miedo, porque estaba en frente de un público. Estoy obviamente contentísimo de haber aprovechado la oportunidad. Alguien escribió su número en mi muñeca aquella noche, me levanté, fui al ensayo y pensé: “Esto es interesante”. Y cuarenta años después [risas] hemos sido capaces de vivir de ser artistas y de hacer un disco que probablemente está entre los mejores que hemos hecho. No mucha gente puede aspirar a ello a nuestra edad. Me siento increíblemente afortunado de estar rodeado de musicazos que me siguen llevando a hacer la mejor música posible.
Manchester era un lugar bastante desolado en aquellos días, y creo que fue por eso por lo que salieron tantas bandas buenas: llovía continuamente, el tiempo era una mierda, era violento, había mucha pobreza. En los primeros siete años no teníamos ni una libra. Y eso nos llevó a hacer música, porque no teníamos otra cosa que hacer. También en la escena de Manchester nos apoyábamos mucho entre nosotros. New Order nos llevaron de gira, y luego The Smiths. Nosotros, a Inspiral Carpets y Happy Mondays. Ahora también llevamos a grupos de Manchester en nuestras giras. Hay una tradición bonita de bandas ayudándose entre sí, de competencia saludable, que hace que Manchester sea un lugar bastante especial.

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