“Creo que es un setlist absolutamente fantástico”
Entrevistas / Iron Maiden

“Creo que es un setlist absolutamente fantástico”

Tomeu Canyelles — 13-07-2018
Fotógrafo — John McMurtrie

Iron Maiden regresan a la carretera con una nueva gira basada en algunos de sus mayores clásicos. En su setlist no faltan clásicos atemporales como “The Number Of The Beast”, “Run To The Hills”, “The Trooper” o “Two Minutes To Midnight”, aunque han incorporado más de una sorpresa con la inclusión de “The Sign Of The Cross” o “Where Eagles Dare”. Es una oportunidad inmejorable para diseccionar el contenido de otras diez canciones que interpretarán ante más de 50.000 espectadores el próximo 14 de julio en el Estadio Wanda Metropolitano de Madrid. Piezas que, con el tiempo, han terminado por convertirse en himnos y que nos permiten entender tanto la singular evolución de la banda británica a través de cuatro décadas y la razón por la cual siguen siendo uno de los mayores estandartes del heavy metal.

“Iron Maiden”
(Del disco Iron Maiden, 1980)

Ninguna otra pieza del repertorio de la banda británica tiene tanto recorrido como su canción homónima. Según las grabaciones de los ensayos que posee uno de sus antiguos baterías (Barry “Thunderstick” Purkis), la primera encarnación de la banda ya interpretaba Iron Maiden en 1977. Su letra, sorprendentemente explícita para su época (“Sólo quiero ver tu sangre; sólo quiero detenerme y mirar: ver como la sangre comienza a fluir cuando cae al suelo”) permitió el lucimiento de un amenazante Paul DiAnno a la voz.


“Hallowed Be Thy Name”
(Del disco The Number Of The Beast, 1982)

Buena parte del impacto e influencia que ha tenido “The Number Of The Beast” se sostiene gracias a la que es de sus mejores canciones. La progresión de su estructura aporta tanta fuerza como épica al texto de Harris, en el que describe los últimos pensamientos de un prisionero a punto de ser ejecutado en la horca. Su autor, fanático de la banda Beckett, se inspiraría en varias de las frases de “Life’s Shadow”, dando lugar a un agrio litigio resuelto poco antes del inicio del tour “Legacy Of The Beast”.


“Revelations”
(Del disco Piece Of Mind, 1983)

Bruce Dickinson había contribuido a algunas de las composiciones de “The Number Of The Beast” sin ser debidamente acreditado. Revelations sería su primera demostración de fuerza encargándose tanto de la música como de una letra en la que bebe tanto de G.K. Chesterton como de Aleister Crowley y su obra La estela de la revelación. La complejidad de su estructura les desmarcó de las fórmulas prototípicas de la NWOBHM, descubriendo el alto potencial compositivo del vocalista.


“Flight Of Icarus”
(Del disco Piece Of Mind, 1983)

La alianza de Adrian Smith y Bruce Dickinson dio como lugar a la primera incursión de Iron Maiden en la mitología mediante la revisión de la leyenda griega de Ícaro y Dédalo y que, en “Piece Of Mind”, se transforma en una alegoría de la rebeldía adolescente. Corta y pegadiza, estuvo en el repertorio de la banda hasta 1985. Ha tenido que esperar treinta y tres años para ser rescatada, siendo una de las mayores sorpresas que encontramos en la selección de “Legacy Of The Beast”.


“Aces High”
(Del disco Powerslave, 1984)

La voz nasal de Winston Churchill –extraída de un discurso pronunciado el 4 de junio de 1940 en la Cámara de los Comunes– es una de las intros más icónicas de Iron Maiden: el pistoletazo perfecto para “Aces High”, una de las canciones más intensas de toda su discografía. Compuesta por Steve Harris y publicada como single un mes y medio después de la aparición de “Powerslave”, narra la historia de un piloto británico de la Royal Air Force luchando contra la Luftwaffe alemana durante la Segunda Guerra Mundial.


“The Evil That Men Do”
(Del disco Seventh Son Of A Seventh Son, 1988)

Pese a tomar su título de una frase recogida en la obra Julio César de William Shakespeare, lo cierto es que su temática –a medio camino de lo simbólico y lo abstracto– es un fiel reflejo del contenido del que, hasta la fecha, es el único disco conceptual de Iron Maiden. Publicada como single en su momento, ha aparecido en cinco de sus álbumes en directo. Descartada durante la gira de “The Book Of Souls” (2016), ha vuelto a ser recuperada para alegría de sus seguidores.


“Fear Of The Dark”
(Del disco Fear Of The Dark, 1992)

Posiblemente, la mejor de las canciones que escribieran Iron Maiden durante los años noventa. Con ella, Steve Harris pretendía abandonar temáticas mitológicas y fantásticas para centrarse en el terror: de hecho, leyendas apócrifas relacionarían su letra con el pavor a la oscuridad que Harris sentía durante su infancia. Gracias a ella, en 1994 rozaron un Grammy que finalmente se llevó Ozzy Osbourne. Un año antes, Bruce Dickinson anunciaba su salida de la banda, abriendo la época más oscura de Iron Maiden.


“The Clansman”
(Del disco Virtual XI, 1998)

Tras el sombrío “The X Factor” (1995) llegó el segundo –y último– disco del bueno de Blaze Bayley. Por mucho que lo intentó, jamás pudo librarse de la sombra de su predecesor. Fallido en buena parte de su minutaje, consiguió salvaguardar al otrora quinteto del desastre total gracias a la épica “The Clansman”, una epopeya sobre la libertad, la lucha y el sacrificio. Inspirada en la película “Braveheart” (1995), sería interpretada por última vez durante la presentación de “Brave New World”. Década y media después, ha vuelto a ser recuperada para el tour actual.


“The Wicker Man”
(Del disco Brave New World, 2000)

Con el retorno de Bruce Dickinson y Adrian Smith, Iron Maiden volvían por la puerta grande reconvertidos en sexteto. Con ella, enterraron definitivamente las viejas rencillas y dieron forma a uno de sus singles más efectivos: una carta de presentación impecable para “Brave New World”, uno de sus discos más celebrados. El título y la letra se inspiran en el filme de culto “The Wicker Man”, dirigido por Robin Harby en 1973.


“For The Greater Good Of God”
(Del disco A Matter Of Life And Death, 2006)

La canción más reciente del repertorio de “Legacy Of The Beast” nos remonta hasta el 2006, fecha en el que publicarían uno de sus discos más enrevesados: sus derroteros progresivos dividieron al público durante su gira de presentación, en la que interpretaron “A Matter Of Life And Death” desde el primer al último tema. Uno de sus principales puntos fuertes fue –y sigue siendo– esta canción: un rotundo alegato antibélico de nueve minutos y medio.

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