Después de pasar largos periodos lejos de casa, de gira presentando su anterior “Slave Ambient” (Secretly Canadian, 12), Adam Granduciel volvió a casa para sentirse un extraño entre los suyos. El músico americano remite a aquellos días de alienación a la hora de hablar de la génesis de su nuevo trabajo, el crepuscular “Lost In The Dream” (Secretly Canadian, 14), que recientemente estuvo presentando en el festival Primavera Sound. “Sí, es cierto que cuando surgieron canciones como ‘Under The Pressure’ o ‘Suffering’ no pasaba por un buen momento y aquello afectó al tono del disco. Es curioso porque esas canciones no hablan necesariamente de mí, pero de repente empecé a sentirme como si viviera dentro de ellas. Fue completamente a la inversa a la forma en que se supone que debe ser. Y eso sí acabó dando forma al álbum de un modo que no podría haber forzado”. O lo que es lo mismo: el huevo y la gallina, pero al revés.

Granduciel acertó a revestir toda aquella añoranza extraña con la habitual pátina de nostalgia rock y hacer del álbum un reflejo de su propio proceso de recuperación de la esperanza. “’Lost In The Dream’ no es un disco oscuro en absoluto”, aclara. “Supongo que eso se debe a que a mí no me gusta la música oscura y triste. Me gusta la música brillante y creo que eso es algo que la gente también aprecia en The War On Drugs. Es algo que nos sale de forma natural. No quería hacer un disco deprimente, sino un disco en que letras y música encajaran de forma natural”. Y lo es. De hecho, Granduciel explica que en esta ocasión partió de ideas simples que han ido creciendo a lo largo de los años, creando enormes paisajes a partir de esqueletos sencillos. “Es sorprendente como, a veces, partes de una idea realmente simple y a medida que vas trabajando en ella se va convirtiendo en algo mucho más grande. Eso lo he aprendido con el tiempo, no tiene por qué ser algo grandioso desde el primer momento que lo tocas, puedes partir de algo realmente simple. De hecho, al principio, ‘Lost In The Dream’ sólo eran una caja de ritmos y dos acordes”. Una forma de trabajar que reduce a simple máxima: “Hay que ser paciente con las canciones. Si sientes que algo está bien, es que está bien”. Pues sí, está bien.