Gener, la banda liderada por Carles Chiner deja atrás el éxito conseguido con el multipremiado “Oh, germanes!” (Mésdemil, 2016), y retoma su camino en busca de la perfección sonora a lomos de su último trabajo, “Cante el cos elèctric” (RiuSec, 2018), que presenta, el 19 de enero, en la sala Moon de Valencia.

De nuevo nos encontramos con un trabajo de espíritu conceptual. ¿Hasta qué punto plantearse, a la hora de componer, partir de un elemento, más o menos concreto, facilita las cosas o hace que el camino sea más complicado?
En mi caso es vital [habla Carles Chiner]. En gran medida, mi proceso creativo tiene que ver con ponerme límites, en ir acotando. Tengo vocación narradora, y buscar un elemento temático o conceptual, alrededor del cual articular las canciones, me ayuda, paradójicamente, a no repetirme, ya que me fuerza a buscar diferentes perspectivas sobre un mismo tema. Además, tengo tendencia a fugarme hacia lugares estilísticamente muy distintos, así que tener ese tipo de ancla me ayuda a dar coherencia al conjunto.

También se mantienen esas referencias literarias, evidentes, en este caso, desde el minuto cero, con el título del disco, a partir del poema de Walt Whitman. ¿Qué os llevó a inspiraros en la obra del poeta norteamericano?
Whitman cantó al cuerpo humano y a la compenetración con el trabajo y las máquinas desde una óptica muy espiritual y en un momento en el cual la tecnología había hecho prosperar a la llamada sociedad del bienestar. Casi un siglo más tarde, Bradbury tomó aquel título, “I sing the body electric”, para dar nombre a un conjunto de relatos en el que las máquinas parecían acercarnos más a la pesadilla que a la realización espiritual. Nos gustó tomar estas dos referencias para construir nuestro canto desde nuestro tiempo, en este momento confuso, veloz, hiperconectado y asfixiante que vivimos. Y nos apetecía hacerlo sin una opinión previa demasiado formada al respeto, enfocando las luces y las sombras de nuestras relaciones, entre nosotros y con las máquinas. Sin tratar de sermonear y haciendo uso de una crítica que quiere nacer siempre de la autocrítica.

“Tenemos tendencia a buscar culpas fuera, y así nos libramos de encontrar el bienestar y la realización por nuestro propio pie”

Efectivamente, el disco gira alrededor de las relaciones personales en un mundo caracterizado por esa rapidez, esa fugacidad y esa frialdad que pueden emanar de las nuevas tecnologías que invaden todos los aspectos de nuestra existencia. Aun así, esa hiperconectividad hace posible, por ejemplo, que la obra de un artista pueda llegar hasta donde nunca llegó antes. ¿Dónde radica el secreto para poder establecer una balanza beneficiosa para el ser humano?
Claro, ahí está el gran enigma. Los sabios llevan siglos tratando de descubrir ese secreto y todo apunta a que nunca lo encontrarán. ¡Igual acaban encontrándolo las máquinas por nosotros! Todos tenemos tendencia a buscar culpas y responsabilidades fuera: en los otros, en las drogas, en Dios, en el Estado… y, ahora, en las máquinas. Y así nos libramos de la responsabilidad de encontrar el bienestar y la realización por nuestro propio pie. En última instancia depende de nosotros, del uso que hacemos de todas esas herramientas y de hasta qué punto nos identificamos con ellas. Cada avance humano tiene siempre potencialmente un reverso negativo. Forma parte de nuestra naturaleza equivocarnos una y otra vez, y también forma parte el afán de mejorar. Por eso nos gusta tanto la visión de Bradbury sobre los viajes espaciales: ir a Marte para montar kebabs, hamburgueserías, réplicas de ciudades americanas… con la misma ilusión que la primera vez.

Habéis decidido trabajar, otra vez, con Paco Loco. ¿En qué medida contribuye a la filosofía de Gener?
Nosotros llegamos al estudio con una visión muy clara de las canciones y Paco es un telépata. Sabe captar enseguida lo que necesita la canción, lo que quieres y, además, aportar algo inesperado. El hecho de trabajar en directo, dejando poco de margen para recordings, nos ayuda a acotar las necesidades. Pensamos que hace bien a nuestra música. Produce como quien hace un retrato a carbón de los componentes de la banda, con trazos expresivos. Tenemos debilidad por los arreglos, por las armonías vocales, por cierto barroquismo, y la manera que tiene Paco de encarar nuestras producciones simplifica el resultado sin quitarle exuberancia y profundidad.

Otro de los puntos capitales de Gener tiene que ver con el directo, con una formación consolidada y que se complementa a la perfección, integrada por Enric Alepuz, César Castillo, Pasqual Rodrigo y Vicent Todolí. De hecho, como avanzabas, todas las bases de los dos últimos discos las habéis grabado tocando a la vez. ¿Se trata de una cuestión práctica, o vuestros trabajos nunca tendrían el mismo valor empleando otras rutinas en el proceso de grabación?
Se ha dado así. Como la banda se formó después de la grabación del primer disco [“El temps del llop” (Mésdemil, 2014)], “Oh, germanes!” surgió como una necesidad imperiosa de traducir nuestra energía en directo, al estudio. Y si lo hacíamos por recordings sabíamos que perderíamos mucho por el camino, así que decidimos grabar en directo, salvo la voz y algunos arreglos puntuales. Nos gustó el resultado y hemos repetido el método ahora. Hacemos dos, tres o cuatro pases de la canción todos juntos, y nos quedamos con la más inspirada. Después sí que decidimos dejar para recording algunos sonidos secundarios de teclado, algunas percusiones, el doblaje de un solo… Para las voces también nos funciona grabar las armonías los cinco alrededor de un micro. Pero vaya, no es que renunciemos a otras maneras de producir, simplemente pensábamos que era la manera adecuada para estos dos trabajos.

Háblanos de RiuSec. ¿De dónde surge este sello discográfico?
Básicamente, de la necesidad de formalizar la banda como una sociedad y de poder editar nuestros trabajos sin tener que buscar intermediarios.

La imagen de marca de Gener (hablamos de la puesta en escena, el diseño de las carpetas, los videoclips…) es otro de los pilares básicos del proyecto. ¿Hoy por hoy, no se podría entender esta aventura sin todo aquello que rodea al aspecto netamente musical?
Desde el principio hemos creído fundamental que la imagen, dentro de nuestras posibilidades, acompañe al cuidado que ponemos en las composiciones y en los directos. Para este trabajo hemos vuelto a contar con Podenco y Carlos Aparicio, directores del videoclip de “Qui t’estima”, que han repetido con el vídeo de “El riu que no torna”. Nos encanta el resultado, sencillo, limpio, elegante y nada pretencioso, que pensamos que acompaña muy bien a la canción. Para el diseño de la cubierta hemos contado con la sabiduría gráfica de Víctor Puchalsky. Ha conseguido filtrar, de una manera hermética, evocadora y rellena de símbolos, buena parte de las ideas que flotan en las canciones. Seis viñetas del tamaño de una pantalla de iPhone, un tipo de cómic de narrativa negada que miras una y otra vez buscando un hilo conductor.

¿No resulta paradójico que se hable del momento actual de la música valenciana cómo de uno de los más brillantes en el aspecto creativo y de variedad, mientras las bases estructurales de la industria continúan siendo, prácticamente, inexistentes? Sin ir más lejos, el sello que publicó vuestros dos discos anteriores, y el de muchos artistas de la tierra, Mésdemil, ha dejado de existir. Y no ha sido el único.
¿Y qué le vamos a hacer? Por más mesas redondas que se hagan no brotarán discográficas dispuestas a invertir en los grupos. Así está la cosa. Vivimos en una pseudoindustria donde los músicos que generan el dinero de los cuales viven los agentes culturales no ganan dinero suficiente para vivir ellos mismos. Quizás nadie tenga la culpa, pero se trata de una paradoja bastante ilustrativa.

Gener superó sin problemas el llamado síndrome del segundo disco. Es más, “Oh, germanes!” fue el trabajo que consolidó esta aventura, y, de hecho, hoy por hoy, el grupo es uno de los referentes de la música valenciana. ¿Cómo se enfrenta un artista al hecho de crear una nueva obra cuando las críticas negativas a su trabajo son, prácticamente, inexistentes?
Si proyectas pensando en lo que piensan o pensarán los otros nace el miedo y todo se va a hacer puñetas. Obviamente, todos sentíamos que “Oh, germanes!” había puesto el listón alto, pero, una vez entras de pleno en el proceso de creación, esto deja de importar. Y así tiene que ser, pues poca cosa puedes hacer tú con lo que los otro piensan. El material nuevo tiene que hablar por él mismo.