“Hacer estas canciones ha sido cuestión de supervivencia”
Entrevistas / Fontaines D. C.

“Hacer estas canciones ha sido cuestión de supervivencia”

JC Peña — 06-08-2020
Fotógrafo — Archivo

Con “A Hero’s Death” (Partisan/PIAS, 20) el quinteto irlandés Fontaines D.C. confirma y supera todo lo apuntado en su debut. Con ellos la música de guitarras sigue siendo una forma de arte visceral, vitalista, poética y trascendente.

Ha sido un año de actividad frenética, abruptamente cortado por la pandemia. De ese frenesí en la carretera el grupo ha sacado un nuevo trabajo extraordinariamente maduro y que se interna con valentía en nuevos recovecos emocionales. La banda desechó las mezclas completadas en los míticos estudios Sunset Sound de Los Angeles para repetir con Dan Carey (Franz Ferdinand, Black Midi) en Londres. Parece que acertaron. Al otro lado de la línea está el guitarrista de Fontaines D.C. Carlos O’Connell, tan afable y sensato como siempre.

¿Cómo habéis llevado la cuarentena y la situación tan extraña de estos últimos meses?
Bueno, todo bien ahora. Estamos en Dublín, yo estoy compartiendo casa con Grian (Chatten, cantante). Al principio nos fuimos a distintas partes de Irlanda y pasamos así la cuarentena, un par de meses. La verdad es que fue un tiempo bastante bueno, porque hemos podido componer, escribir y relajarnos después de todo el año pasado. Ya de vuelta en Dublín, vamos un par de veces a la semana al estudio a aprender a tocar el nuevo disco, porque realmente no lo hemos tocado desde que lo grabamos.

Ayer vi la grabación que habéis hecho para la BBC de “A Hero’s Death” y está muy bien. Durante la cuarentena estos vídeos se han puesto de moda. ¿Eso de tocar cada uno en un sitio cómo funciona, como si estuvieras en el estudio?
Básicamente, sí. Como has visto, estábamos en sitios distintos. Yo y Deegan (bajo) vivíamos en el Oeste de Irlanda, aunque él estaba en casa de su madre, que vive muy cerca. Grian (cantante) estaba a las afueras de Dublín, donde viven sus padres, ahí en la playa, y Curlie (guitarra), en su casa al norte de Dublín, en la frontera con Irlanda del Norte. Y sí, te mandan un archivo de Logic, que es el programa que usamos para grabar, con la batería. Yo grabé las guitarras encima de la batería y luego se va pasando hasta que la canción está completa. Grian fue el último en grabar las voces. Todos tenemos un poco de equipo para grabar así en casa, no te hace falta tanto.

Entiendo: no está tocado en directo, sino que cada uno tocáis vuestra parte por separado.
Claro. Es como grabar en el estudio cada uno por separado. La tecnología de grabarlo en directo sin que escuches algo un poco retrasado no sé cómo funcionaría. Lo grabamos así, y luego ese archivo, cuando teníamos todas las pistas de audio limpias, sin efectos ni nada, se lo mandamos a Dan Carey, el productor de los dos discos, para que lo mezclara en su estudio, donde pudo hacer un montón de cosas. Yo no tenía ampli ni nada, igual que el bajista, y él cogió las pistas y las pasó por amplificadores. Así conseguimos un sonido tan bueno. Porque en realidad está todo mezclado en el estudio.

Ya. Mi primera pregunta sobre el disco es por qué os habéis dado tanta prisa en grabarlo. En los años sesenta The Beatles podían grabar dos discos al año, pero en estos tiempos es mucho más raro. ¿Queríais capturar un momento especial de Fontaines D.C. o aprovechar el tirón?
En el momento en que decidimos que queríamos grabar el disco el plan era componerlo y grabarlo en el 2019, aunque lo hemos acabado grabando a principios de este año. Pero la decisión se tomó a principios del año pasado, mientras estábamos de gira, creo que por Europa. El primer disco todavía no había salido, aunque estaba ya hecho. No teníamos ningún problema con la idea de que íbamos a tener que girar ese disco todo el año 2019 pero entrar en 2020 y seguir girando con él sin grabar el nuevo, que no saldría hasta 2021, nos daba miedo. Era tocar el primer disco durante dos años seguidos.

En definitiva, quemar las canciones.
Sí, exacto. Yo creo que había un poco de ansiedad porque de repente estábamos girando muchísimo más de lo que habíamos pensado, sin parar. Y teníamos ansiedad por no saber cuándo íbamos a tener tiempo para componer un nuevo disco, grabarlo, y luego girar. Preferimos hacerlo el año pasado y entonces hicimos hueco para componer y lo grabamos cuanto antes. Luego, también, fue algo que queríamos hacer: tener más tiempo para escribir. Nos daba un poco de miedo no tener tiempo para componer durante un par de años y acabar demasiado lejos de la inspiración del primero y de esa energía que se crea cuando todo el grupo está a tope. Nos daba un poco de miedo entrar en ese ritmo de girar y girar. Yo creo que te puedes perder.

La cuestión es que es un disco muy distinto. Creo que es mucho más maduro en un sentido positivo, complejo, con momentos muy oscuros (por ejemplo, “Living In America”) y contrastes muy fuertes. Incluso os atrevéis con canciones muy lentas y sencillas. ¿La idea era reinventaros sin perder la esencia?
Sí, hay un contraste bastante grande. No fue a posta que contrastara totalmente con el primero. Más bien teníamos en mente la idea de tratar de ignorar la reacción del público ante el primero. Porque cuando lo compusimos, al fin y al cabo, tampoco había ninguna reacción. Había alguna gente que había escuchado los singles y les gustaban, pero no había ninguna presión de pensar: “tenemos que escribir una canción como ésta para completar el disco otra vez y que sea bueno”. Escribimos lo que sentíamos y sin ninguna clase de expectativas hacia el público.

Lo que tuvimos en cuenta fue que los días que estuviéramos en el estudio componiendo, cualquier idea que tuviésemos iba a tener su oportunidad de ser una canción. Todo ese verano acabamos con unas treinta canciones, y había muchas ideas que eran muy, muy diferentes al primer disco y también a lo que ha acabado siendo el segundo. Pero nos dio la oportunidad de componer en cualquier estilo. Creamos una especie de burbuja en la que ningún público sabía lo que es Fontaines D.C. Simplemente éramos los cinco, sin público otra vez. Supongo que queríamos volver a escribir desde ese punto de vista de no tener ninguna clase de público al que intentar “complacer”. Entonces, al final salió este disco, que es bastante distinto. Había canciones muy lentas como “Oh Such A Spring” y cosas así que no podíamos ignorar porque son muy buenas canciones. Al fin y al cabo lo que queremos es hacer música que a nosotros nos parezca que tiene algo especial. Si no suena como lo que se espera la gente no importa, porque cuando hicimos el primer disco el público no esperaba nada.

“En Los Angeles nos pasó exactamente lo que queríamos: que estábamos muy incómodos”

La última vez que hablé contigo, Fontaines D.C. estabais grabando en Los Angeles. Sin embargo, me has dicho antes que volvisteis a trabajar con Dan Carey. Muchos grupos salen de su ciudad a grabar para salir de su zona de confort, que la grabación sea una “experiencia” y que permee en la música. ¿Qué pasó al final?
La idea de grabar en Los Angeles empezó cuando estábamos escribiendo el disco. Como no sabíamos qué clase de disco íbamos a hacer, no queríamos decidir qué tipo de productor podía hacerlo. Pero cuando teníamos la mitad compuesto, la discográfica nos dijo que si lo queríamos grabar antes de final de año teníamos que decidir ya qué productor queríamos.

Sobre esa época, a principios de junio, estábamos escuchando muchísimo a Beach Boys, inspirándonos un poco de ellos para los arreglos musicales y vocales. Con eso en mente, tuvimos una conversación con el jefe del sello y le dijimos que nos gustaría grabar en California, con el sol, la playa y demás. En principio queríamos estar lejos de donde nos sentíamos cómodos, Dublín o Londres, donde habíamos grabado ya un disco. Entonces el jefe de la discográfica nos presentó a un par de productores, estábamos en Los Angeles de gira, y fuimos a visitar un estudio, Sunset Sound, donde grabaron The Doors, Rolling Stones, Led Zeppelin… nos hicieron un tour y, claro, estábamos todos con la mandíbula en el suelo. Porque la historia del estudio es una pasada. Habría sido casi imposible decir que no. Si piensas en lo que eras de chaval al descubrir a Led Zeppelin, The Doors y de repente estás en el espacio donde toda esa música se capturó, pues quieres estar ahí, pasar tiempo y formar parte de esa historia.

Totalmente.
Decidimos hacerlo ahí, el problema es que pasó exactamente lo que queríamos: que estábamos en un sitio en el que nos sentíamos muy incómodos. Era lo que queríamos, pero no tuvo el resultado que pensamos que iba a tener. Nos teníamos que adaptar a tocar de una manera distinta y no funcionó.

¿Por qué?
No lo sé, la verdad. Yo, personalmente, creo que al grabar en ese estudio nos pusimos encima muchísima presión. Como que de repente, toda esa historia y ese pasado te metían una presión enorme si empezabas a pensar demasiado en ello. Estás intentando grabar un disco en el mismo sitio en el que, yo qué sé, The Doors grabaron su primer álbum. No puedes evitar comparar lo que estás haciendo con todo lo que está a tu alrededor.

Y luego, además, Los Angeles es una ciudad extraña. El estilo de vida me parece superficial. Obviamente, existen otros tipos de vida, pero hay una superficialidad enorme que tienes en tus narices y no te inspira nada, sino todo lo contrario. Al final, nos dio la impresión de que estábamos tan lejos de donde veníamos que lo que íbamos a hacer no tendría la honestidad del primer disco. Aquél se hizo de una manera muy humilde y la energía que teníamos en Londres con Dan Carey era igual que estar en nuestro local de ensayo. Los Angeles era lo contrario.

¿Pero crees que este proceso tan tortuoso, estos problemas, al final, han beneficiado al disco?
Yo creo que sí. Al final, sí. En Los Angeles grabamos las mismas canciones pero les faltaba una esencia enorme, muchísimo impacto, y se notaba la presión de cuando estábamos tocando. En el primer disco escucho mucha libertad en la manera en que está tocado, como que no hay ninguna clase de preocupación de que cada nota sea perfecta. Cuando empezamos a recibir las mezclas de lo que habíamos hecho en Los Angeles, nos dimos cuenta de que las maquetas que grabamos en el local en verano nos emocionaban muchísimo más. Durante un tiempo pensamos en que las maquetas fueran el disco, porque tenían algo muy especial y crudo. Pero eran sólo maquetas. Así que hablamos con el jefe del sello, le dijimos que no estábamos contentos con el disco, él estaba completamente de acuerdo porque le encantaban las maquetas, y nos propuso volver con Dan Carey.

O sea que… regrabasteis el disco entero en su estudio de Londres.
Sí. A principios de año. En el mismo sitio donde grabamos el primero. Porque es lo que hace él: captura la esencia que tiene un grupo en un local de ensayo, pero transforma el sonido en algo que puedes “vender”, que puede ser comercial. Estuvimos en el estudio catorce días. Lo grabamos y lo mezclamos en este tiempo. “Dogrel” creo que se grabó y mezcló en diez. A mí me encanta grabar así. Nos dimos cuenta de que en nuestra música grabada hay un elemento enorme que aparece gracias a Dan. Probablemente grabemos muchos discos más con él. Es un estudio muy pequeño, con los amplificadores juntos, todo está súper alto y el sonido rebota por todos lados, pero se graba bien.

Entiendo, entonces, que en Los Angeles trabajasteis con otro técnico y productor.
Sí, Nick Launay. Ha hecho muchos de los discos de Nick Cave y muchísimos discos de post-punk en los ochenta. Y es un tío increíble. Pero el disco sonaba…a estudio grande. A estudio bueno. Parte de lo que hace que nuestro primer disco sea tan especial es ese sonido tan crudo y distinto al del resto de discos que se graban en estudios grandes. Está mezclado de una manera que es como bastante incómoda de oír, pero a posta. Dan Carey me ha contado un montón de veces que muchos ingenieros y productores, al escuchar el primer disco, le preguntaban qué había pasado en una mezcla, por qué sonaba así, como si hubiera pasado algo raro. Cuando es totalmente deliberado.

Teniendo en cuenta la portada, el título, la canción, ¿cuál es el tema central si es que lo hay? ¿Está relacionado con todo lo que habéis vivido en este último año y medio?
No está hecho con un tema central en mente. Hacer estas canciones ha sido casi algo de supervivencia. Girar tanto y el cambio de estilo de vida que comporta no fue fácil para ninguno. Lo pasamos bastante mal en distintas etapas. Pero los días que íbamos al local de ensayo a hacer canciones hacían que todo mereciera la pena. En lo lírico, todas las letras de Grian son bastante introspectivas. Te estás moviendo tanto que no estás en ningún sitio, y lo único que tienes constante es lo que pasa por tu cabeza. Muchas son introspectivas y otras tratan de crear una realidad distinta a lo que teníamos alrededor, que era el sueño de todos, pero que no estábamos disfrutando nada. En las letras Grian está intentando repetir un mensaje positivo como una especie de mantra para sí mismo, para convencerse de que todo va a salir bien.

Es el caso de la canción que da título al disco.
Sí, exacto.

Te iba a preguntar también por la última, “No”, en la que afloran muchos sentimientos y tiene un tono muy irlandés. Yo creo que es esa honestidad la que al final da sentido a todo y una de vuestras señas de identidad.
Fue una de las últimas que compusimos y de hecho, no la grabamos en Los Angeles. No estábamos tan seguros de si queríamos tenerla. Pero entre esa grabación y la de Dan Carey, la tocábamos siempre que podíamos con la guitarra. No nos la podíamos sacar de la cabeza. Nos dimos cuenta de que es una canción muy potente, así que decidimos grabarla. Fue la última. Empezó con unos arreglos muy grandes y shoegaze, con un punto muy My Bloody Valentine y cosas de ésas, y luego la fuimos pelando y pelando hasta que quedó con poquísima instrumentación. Y la grabación que se quedó era una prueba. Ni siquiera pensamos en grabarla con Dan Carey. La dejamos para el final por si quedaba tiempo. Durante la semana de mezclas nos metimos en un cuarto donde tiene veinticinco guitarras, acabamos jugando con ellas y decidimos hacer un arreglo de guitarra. De hecho, Tom (batería) tocó una de las guitarras, no hay batería y Curley sólo toca piano. Le dijimos a Dan que pusiera un par de micrófonos, grabamos una toma de práctica, con Grian cantando a la vez, los cinco juntos y fue de esos momentos en que según tocabas te ibas sintiendo mejor. Cuando escuchamos la toma dijimos: “Ah, esto es increíble, lo tenemos que dejar tal cual”.

¿Os ha dado tiempo en este año y medio de locura a digerir todo lo que os ha pasado desde la salida de “Dogrel”, o habéis estado tan metidos en la vorágine que no lo habéis acabado de asimilar?
A mí sólo me ha dado tiempo a digerirlo en esta época de cuarentena. Cuando todos los conciertos empezaron a cancelarse, tuvimos un poco de ansiedad por ello, pero luego acabamos casi dando gracias. De repente, teníamos todo este tiempo para descansar. Aunque al principio pensábamos que iban a ser sólo un par de meses. Lo que haces es vida normal, yo me fui al Oeste de Irlanda. No pasaba dos meses enteros en el mismo sitio desde 2018. Empiezas a pensar y a recordar un montón de cosas que se te habían olvidado, y entonces te das cuenta de lo que ha pasado.

Nunca había visto vídeos de conciertos grabados por el público en Youtube y me empecé a dar cuenta desde fuera de todo. Es bastante especial, me di cuenta de por qué ha pasado, nunca me había puesto a pensar por qué la gente dice que somos buenos en directo. Por qué les gusta vernos. Hemos tocado y tocado y yo nunca me había parado a pensarlo. En este tiempo he visto por primera vez el directo desde fuera y he comprendido que hay algo especial. Es algo que te hace sentir orgulloso.

Y también hemos recordado cómo he estado y por qué lo pasé tan mal el año pasado. Nos habíamos hecho esa narrativa de que estábamos físicamente cansados, que no estábamos durmiendo suficiente, y que estábamos enfadados porque no teníamos tiempo de descansar. Pero mirando atrás, me he dado cuenta de que había muchísimo más que eso. En nuestras vidas personales pasaron cosas sobre las que no me había parado a reflexionar. Son cosas demasiado personales para sacar en una entrevista, que en una vida normal te habrían hecho pararte a reflexionar durante mucho tiempo. Como estás girando constantemente, es fácil que te olvides de ellas. Pero cuando no reflexionas sobre algo duro que pasa en tu vida, eso deja una marca y te saca del momento. Así es difícil estar presente y disfrutar de cosas de las que deberías disfrutar. Tengo muchas ganas de volver, creo que este tiempo de no girar, que ha sido tan raro para la mayoría, ha sido lo más normal que yo he vivido en los últimos dos años. Y ahora, con esto en la mente y sabiendo cómo cuidarme más, tengo muchas ganas de girar.

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