Ferran Palau se ha hecho un autorregalo publicando su octavo trabajo de estudio, “Aniversari feliç”, el día de su… aniversario. Dice que ha sido casualidad. Pura serendipia. Que primero surgieron las canciones, después la idea del fantasma que aparece en la portada del álbum y, después, como contrapunto al fantasma, la contraidea del aniversario feliz. Entonces sí, las fechas cuadraban y decidió que todo el mundo pudiera disfrutar de sus nuevas canciones el día en que cumplirá cuarenta y tres años. “Nunca me ha gustado hacer las cosas demasiado evidentes. No me gusta explicar por qué digo esto o por qué el motivo del fantasma. Para mí siempre ha sido como mezclar elementos que, a priori, no tienen nada que ver, juntarlos y ver cómo conviven”. De nuevo, por pura serendipia, o, mejor aún, fruto de un inconsciente que trabaja en silencio, todo acaba cuadrando. “Puedo explicar cuál es mi punto de vista en este nuevo disco, pero me gustaría que la gente hiciera su propia lectura y sus propias asociaciones”, insiste mientras da pequeños sorbos a un té que quema y habla con voz baja y pausada. “Para mí este disco ha sido como podar un jardín, para que se regenere y vuelva a florecer. Por eso es un disco tan esencial, tan minimalista, más cercano al folk, a la esencia de la canción pura”. ¿Y el fantasma? “Es la representación de eso, de quitar todas las capas y que solo quede el espíritu”. “Aniversari feliç” es, efectivamente, un disco que vuelve a lo básico: guitarra y voz, con la compañía tímida de instrumentos de cuerda.
"El mundo está hecho una puta mierda y la música tiene que representar lo que está sucediendo”
Dice la nota promocional que, con este disco, Ferran Palau finalmente ha encontrado quién quería ser. “La nota promocional está hecha más para despistar que para explicar [risas]”. Yo tengo la sensación de que, con cada disco, Ferran Palau intenta huir de sí mismo para acabar aceptando quién es. Quizá el traje es distinto, pero la persona que lo viste es la misma. Cambia el envoltorio, pero no el regalo. “Sí que ha habido épocas en las que, por inquietudes, he intentado buscar y huir de ciertos estereotipos. Pero yo, en esencia, soy un cantautor. Desde que tengo veinte años, y ahora voy a cumplir cuarenta y tres, hago lo mismo. Mi primer disco en solitario, ‘L'aigua del rierol’ (Amniòtic Records, 12) es un disco esencialmente folk, y ‘Aniversari feliç’ reconecta con ese sonido”. El fantasma que no asusta del pasado que viene a visitarlo. “A lo largo de todos estos años, mi música, por inquietudes, ha ido mutando. He escuchado todo tipo de estilos, me han influenciado muchas cosas, pero nunca he perdido de vista mi núcleo esencial. Nunca me he subido a una moda. Siempre he sido yo mismo. Lo que pasa es que, con este nuevo disco, sí ha habido un plan deliberado de quitar todas las capas y ver qué quedaba. El resultado, fuera el que fuera, gustara más o gustara menos, sería la verdad sin ningún tipo de artificio”. Un trabajo que también viene marcado por, más allá de Nick Drake, otro fantasma siempre presente en la obra de Ferran Palau, la escucha y el disfrute de cantautoras de culto olvidadas por la gran mayoría. Como Tia Blake, Sibylle Baier o Bridget St. John. “Es música que no conoce absolutamente nadie, nadie escucha esto. Pero a mí me reconforta escuchar cosas que no están pasando ahora mismo y que a nadie le importan. Me he hecho un pequeño mundo con todas estas artistas. En los últimos años he tenido cierta necesidad de aislarme musicalmente y de crearme mi propia escena. Evidentemente, en la actualidad pasan muchas cosas que me interesan, pero tengo esta pulsión de buscar artistas más desconocidas, como Connie Converse”.
“’Aniversari feliç’ no es un disco hecho para seducir. No es un disco que pretenda gustar”, sentencia Palau sobre un álbum que, escucha tras escucha, acaba cautivando. Él, sin embargo, prefiere definirlo como un trabajo para ser sincero consigo mismo y con el mundo que habita. “Es un disco mucho menos evasivo que los anteriores. Mis letras en los últimos años eran muy de desconexión, muy etéreas, muy vaporosas, con muy poca concreción. No se entendía nada”. Le encanta que en obras pretéritas fuera así. Esta vez, sin embargo, ha tenido la necesidad de escribir canciones alineadas con el contexto en el que vive. “A veces me he sentido tonto cantando según qué cosas. El mundo está hecho una puta mierda y la música tiene que representar lo que está sucediendo”. A veces, confiesa, le ha pasado estar cantando una canción, una de esas canciones que todo el mundo espera que estén en tu repertorio, y pensar que ya no la sentía, que tenía que seguir con la actuación y acabarla, pero que ya no lo representaba. “Amo todas mis canciones, pero forman parte de momentos. Son capítulos. No me pueden representar toda la vida. Podría hablar de una canción como ‘Univers’, que quizá es mi single más conocido. Una canción que me ha dado muchísimo, pero que ahora mismo no me representa”.
Por eso, sin panfleto, con la suave declinación etérea con la que siempre ha cantado, de alguna manera, a su manera, “Aniversari feliç” es un disco de protesta. “A mi manera, en el sentido de que todas las canciones esconden un telón. Nunca te explicaré la historia entera, porque ni sé hacerlo ni pretendo contar historias. Pero, en este disco, detrás de cada canción hay una pequeña vinculación con algo. Pienso en ‘Que no plogui tan fort’ y en Valencia y en la DANA”. Y yo pienso en “Bang bang”. “Esta es mi primera murder ballad. Ya me han preguntado si habla de un asesinato machista. En ningún momento especifico que sea así, pero me gusta que se haya interpretado de esa manera. O ‘Ei què tal?’. Si la escuchas superficialmente, parece una canción de amor. Si prestas un poco de atención, verás que hay algo más”. Me lo explica, pero ahora dejo que seas tú quien haga su propia interpretación.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.