“Soltar un error y no hablar de nada si el dolor no es para tanto”. Esta frase, construida a partir de los títulos de las cinco canciones del nuevo EP de Gyoza, sintetiza el incómodo mensaje de “Beber y soltar”. Un poliédrico trabajo sobre la pérdida y las dificultades para seguir avanzando cuando todo parece perdido. La nueva referencia de los barceloneses es, en realidad, la continuación de aquel “Beber y doler” de 2024, un EP que nos hablaba de un duelo real y del alcohol como peligrosa anestesia emocional. En aquel trabajo previo, merece la pena recordar, la banda abrazaba definitivamente el castellano como lengua principal, algo que solo habían tanteado en un par de ocasiones desde su formación en 2014: “El porvenir”, una pieza escondida en el largo “It Never Rains But It Pours” (22), y “Bala Perdida”, del EP de descartes “Ghost Tracks” (22).
Como en la primera entrega, el cuarteto demuestra en este “Beber y soltar” una capacidad extraordinaria para combinar orfebrería sonora y contundencia instrumental, atmósferas envolventes y riffs musculosos. Algo así como una bestia sonora con la grandilocuencia de sus amados Muse, la elegancia sinuosa de los últimos Queens of the Stone Age y la actitud post-punk de Idles. Cabe destacar que ambos trabajos, ahora reunidos en un precioso vinilo auspiciado por varios sellos independientes del país, han sido producidos, grabados y mezclados por su cantante y guitarra, Adrià Marva, en los estudios Bandicoot y Cal Pau Recordings.
El arranque al piano y la frase “nací tarde para perderte pronto” marcan desde el inicio el tono de “Beber y soltar”, un disco quizá más reflexivo que su predecesor. Han pasado dos años, sí, pero el dolor sigue ahí como demuestra la rabia de “Un error”, un trallazo marca de la casa sobre tirar adelante como sea (“siempre cuesta arriba y sin parar”). Ese mismo vacío existencial por la marcha de un ser querido reaparece en las nostálgicas y al mismo tiempo rotundas “Y no hablar” (“ahora sigo hablando mucho de ti”) y “De nada”, rematada esta última con un piano tan elegíaco como devastador. Y cuando la potentísima “Si el dolor no es para tanto” pone el punto y final al disco con versos escalofriantes y contradictorios (“me pesan los muertos pero… jajajajaja no es pa tanto”) queda claro que “Beber y soltar” es una llamada a dejar de obsesionarse con las heridas y aprender a (sobre)vivir con ellas.
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