Extremos
Entrevistas / Fuck Buttons

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Redacción — 10-06-2008
Fotógrafo — Archivo

Ese viejo tópico del “o los amas o los odias” vuelve a cobrar todo el sentido a la hora de hablar de Fuck Buttons. Acaban de publicar “Street Horrrsing” (ATPR / Houston Party). ¿Tienes pósters de Dylan y Neil Young en tu habitación? Entonces huye de ellos como de la peste.

Entre el resto, entre aquellos cuyo particular árbol genealógico de la música popular comprende desde Merzbow a The Beach Boys (las referencias no son gratuitas…) el dúo de Bristol igualmente ha generado una polémica que ya vivimos en los tiempos del post-rock: que si saqueadores del legado progresivo y minimalistas dicen unos, y renovadores del noise menos árido los más. Un servidor, vaya la cosa por delante, se apunta sin complejos al carro de los que se han puesto a dar palmas con las orejas.

“La música para nosotros representa esperanza y felicidad”

Y no soy el único: hace exactamente un año y con sólo un single en la calle, alguien tan libre de sospecha como los miembros de Portishead les eligieron para forman parte del ATP que ellos mismos coordinaban. “Pasamos de ir como público al ATP a estar allí arriba invitados por Portishead. Imagínate lo que significó para nosotros…”. Más ilustres que lo han flipado en colores con las crepusculares y ruidosas sinfonías contenidas en “Street Horrrsing” son John Cummings de Mogwai y Bob Weston de Shellac, implicados de primera mano en el disco de debut de Benjamin John Power y Andrew Hung (que, por cierto, es quien responde a las preguntas). “Nos preguntaron de la compañía dónde queríamos grabar, y les dijimos que lo teníamos claro: el Castle Of Doom, los estudios de Mogwai. Así que John terminó involucrándose en el proyecto. Tanto Mogwai como Shellac son dos referentes para nosotros, así que la labor en el estudio de ambos no pudo ir mejor”. Como en el caso de los escoceses, la música de Fuck Buttons tiene algo de banda sonora para el día del juicio final, un dramatismo y una oscuridad que también comparte (más nombres) con Glenn Branca, de cuya orquesta para guitarras eléctricas han llegado a formar parte. “Mientras nuestra música parece levitar, la suya tiene un sonido muy pesado que no cesa de fluir y de cambiar en su interior. Estar ahí en medio era una experiencia acojonante”. Para experiencia la de escuchar “Street Horrrsing” a todo trapo. Le digo que si nos quieren amargar la existencia. “Todo lo contrario: la música para nosotros representa esperanza y felicidad”. Pues vaya. ¡Quién lo iba a decir!

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29-01-2008
Fotógrafo — Archivo

En directo no rompen guitarras sino sus huesos y dientes, son enemigos de lo convencional y están en tierra de nadie. The Dillinger Escape Plan regresan con “Ire Works” (Relapse/Mastertrax), un disco arriesgado con el que se han metido a seguidores y crítica en el bolsillo.

El último álbum del grupo de Nueva Jersey ha sido uno de los lanzamientos más elogiados de 2007 por los amantes de sonidos extremos. El quinteto ha enriquecido su metalcore técnico, o como quiera etiquetarse, con electrónica, pasajes atmosféricos e incluso pop (o algo muy parecido). “Ire Works” es un disco atrevido e intenso, y que ha significado una bocanada de oxígeno para el grupo, asegura su guitarrista y fundador Ben Weinmann.

“Hemos visto nacer y morir al nu metal, al rap-metal, y casi podríamos decir el más reciente hardcore metal”

“Hemos experimentado sin miedo. Sigue habiendo canciones alocadas, pero nunca habíamos hecho un tema como ‘Black Bubblegum’, en el que no hay un solo grito. Refleja muchas frustraciones que vivimos durante su creación. Es intenso”. Muchas de éstas fueron motivadas por la marcha a Coheed And Cambria del batería Chris Pennie, compositor y junto a Weinmann, único miembro restante de la formación original. “Nos pilló por sorpresa que abandonara para tocar en ese grupo. Ambas bandas exigen una dedicación plena y no queremos ser el proyecto paralelo de nadie”. Su partida significó muchas horas de trabajo. “Me puse a programar las baterías para preparar el disco. Nuestra música no sigue estructuras previsibles precisamente, así que fue un currazo encajarlo todo”. Pero el destino quiso que no fuesen máquinas las responsables de la base rítmica, sino Gil Sharone. “Pensábamos que nunca encontraríamos a alguien tan bueno como Chris, pero Gil es increíble”. Y qué mejor para superar una crisis que marchar a una ciudad soleada como Los Angeles. “Mucha gente dice que grabar en California es el fin para un grupo, que te pasas el día en la playa, con chicas… Trabajamos duro y estuvimos muy pendientes del proceso: estábamos en el estudio aunque no fuese nuestro turno de grabar y dormíamos todos en la misma habitación de hotel, como una hermandad”. Como en sus anteriores trabajos, en éste se nota el callo de las tablas. “Nos gusta que nuestros discos tengan un sonido fiel a los directos, al igual que es importante poder reproducirlos en los conciertos”. En su caso, no es tarea fácil. Sobre las tablas son agresivos y peligrosos en el sentido más literal. Dientes, brazos o cráneos, la lista de fracturas encima del escenario es extensa. “Tocando me he roto la rodilla, el hombro, dedos, dos costillas… La peor experiencia fue un concierto en el que me di un golpe con un amplificador nada más comenzar, dejé el escenario cubierto de sangre. Hasta el final no me di cuenta de que me había abierto la cabeza”. Su propuesta tan visceral como sofisticada llega a públicos dispares, están en tierra de nadie: extravagantes para muchos metaleros, demasiado técnicos para otros tantos jarcoretas, extremos para cualquier oyente. “Ir a tu bola tiene un lado positivo y otro negativo. Es más complicado tener atención cuando no perteneces a un movimiento o moda, pero también funcionas de manera más independiente. Hemos visto nacer y morir al nu metal, al rap-metal, y casi podríamos decir el más reciente hardcore metal”. ¿Y el math metal, etiqueta con la que hay quien les ha catalogado? “Nos da igual, no prestamos demasiada atención a cómo denominan lo que hacemos. Nos gusta hacer música compleja sin reglas”. Es más de una década forjando un estilo propio, lejos quedan los inicios en pleno hervor hardcore de finales de los noventa. “Era todo muy diferente, no pensábamos en vivir de esto. Simplemente queríamos tener algo para hacer después de las clases”. El espíritu de aquellos años se mantiene. “Aquellos años aprendimos a no diferenciar entre público y grupo, y en querer mantener control directo sobre lo que hacemos”. Sus planteamientos son serios, su visión de ellos mismos no lo es tanto, entre tanta experimentación y técnica también hay tiempo para versiones de Justin Timberlake o Guns N’ Roses. “Sabemos reírnos de nosotros mismos. Es importante, las personas que actúan como si fuesen estrellas del rock me parecen patéticas”.

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