Especial Pau Vallvé, “Pels dies bons”
Entrevistas / Pau Vallvé

Especial Pau Vallvé, “Pels dies bons”

Yeray S. Iborra — 10-10-2014
Fotógrafo — Cris Romagosa

Hemos vivido los preparativos, el cocinado y el resultado del nuevo trabajo del cantautor catalán Pau Vallvé: tres encuentros, tres paisajes, tres entregas hasta la salida del disco “Pels dies bons” el 14 de octubre. Hoy, tercera y última entrega: Tampón, tinta… ¡Plas!

Pau Vallvé anda liado. Faltan pocos días para la salida del disco y lleva cerca de un mes de promoción -las entrevistas para diarios lo último, para revistas y demás mensuales, ya se las ha ventilado-. Aunque con cerca de diez años en el candelero mediático-musical catalán, ya es perro viejo; el vis a vis con el periodista, las esperas en la tele, las pocas garantías acústicas de la radio, no le quitan el sueño. Ha grabado, ha mezclado, ha editado… ¿Qué hace pues que el buque se tambalee? A parte de que le están empezando a bajar las defensas y le va a tocar despecharse las últimas ‘promos’ con el cuello tocado, Vallvé debe tener sus 2.000 copias a punto para el día de salida. Y aquí no hay ni trampa ni cartón -bueno sí, cartón a puñados-, debe hacer las 2.000 una a una. El tiempo apremia.

Todo a mano, y no es moco de pavo el proceso: cada una de ellas son seis tampones (tres en portada, contra, lomo…), más libreto (con fotos del propio Vallvé), CD y pegatina de envío. La banda sonora de Vallvé estos días: ¡Plas, plas, plas!.

La avalancha de trabajo marea en primera instancia, pero Pau lleva años con la intención de tirar algo así adelante, y aunque ya se sabe como son estos combates, de alto riesgo de noqueo, la ilusión gana al estrés. La historia empieza de bien atrás. “He estado mucho tiempo con contratos y sellos grandes, más industriales que artísticos, y no me quejo, pero quería intentar hacerlo ‘no tan bien.’” Pau ríe detrás de su refresco, faltan meses para la salida del disco y justo ahora vislumbra el ‘collage’. Ha estado comparando precios, mirando todas las cartoneras de Barcelona y área metropolitana, haciendo borradores de los pliegues del disco junto a su padre, etc. Tiene ganas de algo artesanal, donde él sea el máximo responsable del proceso, De la primera nota a la última letra del libreto. Y eso implica alejarse del circuito convencional. Buscar su propia alternativa, en contra de nadie, en pro del resultado. “Si quieres televisión, conciertos y periódicos, hay un engranaje que ya funciona. Pero tenía esa espinita. Y mira, ya que me voy de Barcelona, dejo los trabajos… Sé que el disco tenía que ser ‘este’: cartón reciclado -rollo el sello Constelation, de Canada-, no un ‘digipack’ de plástico, y todo manufacturado por mi”. Mientras habla, el barcelonés dibuja el disco en el aire. Parece que casi lo pueda palpar, tiene mil ideas. ¿Una caja con postales dentro que la gente se pueda regalar? ¿El troquelado así, asá? Pero los números son los números, siempre fríos, aunque Vallvé desiste a ceñirse en exceso a ellos.

Músico, técnico, editor y ahora, además, contable. Todos los papeles del auca. Semanas de cifras arriba y abajo para tejer un proyecto más artístico que industrial, pero viable. Y aunque la batalla tiene momentos de todo, nadie puede con el barcelonés a los puntos. “Quiero hacerlo sin editorial, ni discográfica, eliminando al máximo los intermediarios. Pero con lo que me queda de los ahorros con los que había vivido austeramente -pagando 200 pavos- en Banyoles, sólo me da para una cuarta parte. Y con el catorceavo disco, contando U_mä, Estanislau Verdet y demás, todos los favores a padres y amigos están pedidos, te lo aseguro”. A Pau no se le borra la sonrisa, ya que esto me lo cuenta a toro pasado; encontró la solución a la financiación hace unos días, implicando todavía más a sus seguidores.

 

Facebook y Twitter habían permanecido en silencio, en relativo silencio. Vallvé había ido calentando a la audiencia con fotos a cuentagotas del proceso. Sabían que algo se estaba cociendo, y que el resultado final les hablaría de tú a tú. A principios de setiembre, Pau pidió el ‘favor’ a los que estaban al otro lado, sin intermediarios, sin historias, transparente: Mirad, edito sin sello, sin editorial, lo hago yo solo y además manualmente, una por una, no me llega el dinero para comprar todo el material y pongo ya el disco a la venta para poder disponer de parte del dinero que necesito ahora, les dijo el músico vía redes sociales. La respuesta fue implacable, “flipante”: 400 discos de pre-venta, sin ni siquiera haber oído un sólo tema del disco. A ciegas. Además implicó incluso al fabricante de ‘galletas’ (en argot del gremio, el disco en sí) para que le dejara retrasar un pago: “Era una de las pocas partes que no estaba implicada, le expliqué el proyecto y se emocionó. Me dejó pagarle más tarde, en diciembre. Además me enteré que no debía abonar los 60 céntimos por copia a SGAE por ser productor-artista. Respiré”. El músico catalán había hecho del disco algo colectivo, ya fuera con su público o con los agentes que debían intervenir en las únicas partes del proceso que no podía hacer manualmente.

Volvamos al presente. Tras haber capeado el temporal, estamos a principios de octubre, a días de la salida y hay que ponerse manos a la obra. Pau Vallvé hace cadena de mensajería instantánea y convoca durante cuatro días a sus amigos en Banyoles. Tampón, tinta… ¡Plas! Con las primeras cincuenta, la jugada no avanza. Hace unas guías de cartón junto a su padre para mecanizar el proceso, en una versión algo rupestre del ‘taylorismo’. Las 400 pre-ventas se envían en apenas unas horas.

Los compradores, de ‘motu proprio’ cuelgan las imágenes con el retoño en redes sociales. Se ha viralizado en su pequeña comunidad, la misma que le ha dado alas para llevar a cabo su disco. Pau está eufórico, y aprovecha para recordarme la parte menos glamurosa de la música, desmentir la imagen desviada que tiene el público sobre la vida del músico, las cosas cuestan: “Es normal que piensen que andamos forrados saliendo en todos lados (televisiones y demás), cuando realmente sólo escondemos que somos muy cutres. Haces ‘promo’ del día que vino gente al concierto, no del día que tocabas sólo”. Aunque, como él dice, es normal que cuesten, igual que “no es fácil poner una panadería tampoco tiene porqué serlo vivir de la música”.

Persigo a Pau a lo largo del domingo, poco antes de la salida del disco. Como si de una cadena de montaje se tratara, no puede despegarse de los tampones más que para contestar unos ‘whatsapps’. “Ahora no, ¡que estamos a gas!”. El barcelonés tiene a la familia movilizada.

Más de cien cartones hechos harapos en la basura, tampones corriendo a todo trapo y sus padres, hermanas y demás haciendo pseudo-turnos. Lo localizo por la noche, está radiante. Han hecho 1.600 copias en un fin de semana. “No ha sido fácil, pero no es una catástrofe tampoco, cuanto más sabes lo que cuesta, más mola. Y al final es currar o en una dirección o en otra. Haciendo lo que hago, tanto en una discográfica como así voy a vivir ‘normal’, pues prefiero vivir tranquilo que no con contratos o cláusulas. Lo mejor es la libertad que te da decir: si mañana me canso y tiro la toalla, pues nada. Si hemos de estar ‘en la mierda’, como mínimo que podamos disfrutarlo”. Ahora nada más faltará embalar y a las tiendas; ha necesitado también montárselo para eso, las grandes cadenas de música no colocan discos autoeditados en sus estanterías.

Cuando el pescado parece vendido, un -feliz- contratiempo sacude la paz del trabajo hecho: ¡Han llegado los vinilos antes de lo previsto! Toca arremangarse de nuevo, pero bueno sarna con gusto no pica, ya saben cómo va: Tampón, tinta… ¡Plas!

Puedes leer la segunda parte de este especial sobre Pau Vallvé en este mismo link:

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