EL ESPACIO DESPUÉS DE LA TORMENTA
Entrevistas / Spiritualized

EL ESPACIO DESPUÉS DE LA TORMENTA

Redacción — 19-11-2001
Fotógrafo — Archivo

SE PODRÍA DECIR QUE JASON PIERCE MONTA UN CIRCO Y LE CRECEN LOS ENANOS. PORQUE DESDE EL MONUMENTAL “LADIES AND GENTLEMEN WE ARE FLOATING IN SPACE BP” (DEDICATED/VITAL, 97), APARTE DE DEJARLE SU NOVIA Y COMPAÑERA EN EL GRUPO, KATE RADLEY, LE HA ABANDONADO EL RESTO DE LA BANDA PARA MONTAR LUPINE HOWL. Y VAYA, HA SEGUIDO RESPIRANDO SIN SER EL PROTAGONISTA DE LAS GRANDES TRAGEDIAS QUE AMUEBLARON SUS ANTERIORES DISCOS.

Porque por mucho que se defienda en las entrevistas como gato panza arriba, sabe que la electricidad desbocada de “Ladies…” era fruto de su desorden sentimental y químico, y el hecho de haber parido un disco como aquel, va a ser a la larga un obstáculo difícil de vencer. Pero como tampoco es cuestión de enjaular a cualquier grupo que haga un buen disco y luego tirar la llave para que no se produzcan chascos como el de Mercury Rev; hay que aceptar que “Ladies…” creó escuela, que cambió la percepción de la música de muchos. Sin embargo “Let It Come Down” (BMG, 01) es un caramelo envenenado que ha querido ver la luz como una obra en la que los nuevos Spiritualized y su orquesta sean una misma cosa, acercándose más que nunca al concepto tradicional de canción. Por eso, después de perseguir telefónicamente a Jason Pierce por varios hoteles ingleses durante un par de horas, uno ya está más que prevenido: hay que plantear cuestiones que duelen y que dan un poco de miedo. Pero la curiosidad puede más. Así que para empezar, trato de relajar la tensión. Pero Pierce no se relaja. Habla extraño. No introduce nunca la palabra “pero” en sus oraciones y salta de un tema a otro como si fuesen varias personas hablando al mismo tiempo. Se acabaron los subterfugios.

“No querían más giras y, siendo músico, no comprendo a los músicos que no quieren hacer giras. Por eso les tuve que dejar marchar”

Comienzo. Se comentaba que las canciones de “Ladies…” se compusieron con el tema de fondo de tu ruptura sentimental. Parece que le he preguntado por el tiempo: “No era verdad entonces, y no me molestaba que se escribiese porque yo conté algo que se transformó en un rumor y que era una buena historia a la que iban añadiendo cosas extrañas”. Bueno, no hay mejor desprecio que la ignorancia. Otra advertencia: jamás dice un título ni un nombre, así que espero que sepáis cual es “éste” y cual “aquel”. Ay, aquel. “Las canciones de ´este´ disco tratan siempre sobre mí, porque no sé escribir sobre cosas que no haya vivido. No son historias concretas, nunca escribo canciones de esa manera. No son un diario. Trato de buscar metáforas que puedan transformarse en universales, que pueda sentir todo el mundo. Incluso “Broken Heart” (excepción) trata sobre la poesía del lenguaje y eso no lo entendió la gente, que buscaba una historia detrás de la canción, y entonces se perdían la poesía que podía haber en una frase como ´aunque tengo el corazón roto, estoy demasiado ocupado para estar descorazonado´”. Precioso el juego. Gruñe. Pero no quisiera detenerme demasiado en “Ladies…” (“el otro”, vaya), para olvidarnos de las comparaciones, y describir un poquito “Let It Come Down”, “éste”. “He querido trabajar en terrenos musicales que no hubiese explorado nunca y que no sé cómo van a terminar. Por eso, éste no tiene nada que ver con el otro”.

“El gospel es mi lenguaje, el lenguaje de todo el rock´n´roll del mundo y mucho del pop, que está escrito con el lenguaje de los primeros espirituales”

Y eso hace pensar que el propio Pierce está obviando un poco sus anteriores trabajos en Spiritualized y su pasado magnífico a bordo de Spacemen 3. “Siento que la gente lo siente así, y es triste, porque aunque la mayoría nos descubriesen con ´el otro´, hay un montón de discos detrás que no son la primera piedra de nuestro sonido actual, sino que tienen un sonido independiente y se pueden entender de una manera independiente”. Da rodeos a la hora de hablar de “éste”. Pues vamos con su interpretación de la desbandada del grupo después de “Spiritualized At The Royal Albert Hall” (BMG, 98), que entre “éste” y “el otro”, da miedo saber cómo lo llamará: “No querían más giras, y, siendo músico, no comprendo a los músicos que dicen que no quieren hacer giras. Por eso les tuve que dejar marchar, porque aunque me concentro mucho en el estudio, mi trabajo tiene una confirmación posterior en los conciertos. Y para mí las giras eran algo que tenía que hacerse, porque hasta que el dinero se agotase, teníamos que progresar lo máximo posible como banda y como músicos”. Es de suponer que entonces nos lo encontraremos más a menudo sobre los escenarios españoles, pero no pregunto, es buen momento para soltar una de las palabras-tabú del día, Lupine Howl. “No conozco mucho la música, porque no puedo pasar de la portada. Es el principio del siglo XXI y ponen a una mujer atada, y colgada por los tobillos en la portada y el libreto… Eso no tiene nada que ver con ninguna persona que conozca de Spiritualized y tampoco cojo el chiste, porque si fuese como esas bromas en plan de película de terror de los cincuenta de los Cramps, estaría bien, porque los Cramps lo hacían con mucha gracia, pero no hay nada de humor en este disco (“The Carnivorous Lunar Activities Of Lupine Howl”; Beggars Banquet/Everlasting, 01). Esto es malgastar el tiempo y mojar pan en la controversia. El hecho es que gracias al sonido general de “Let It Come Down”, y a barbaridades como las de jactarse de que haya cien personas a la vez cantando o tocando en canciones como “Stop Your Cryin´”, el sonido de Spiritualized tiende de una manera desmesurada a la megalomanía. “No es eso. ´El otro´ tenía más que ver con el sonido, y los instrumentos no tenían necesariamente que sonar como tales. Todo estaba tratado para buscar un sonido nuevo excitante. Aunque cuando terminé de grabar ese disco, me di cuenta de que el tratamiento de los sonidos es el vocabulario actual del hip-hop, del drum´n´bass o del trance, y todo el mundo puede hacerlo. Por eso quise que en ´este´ disco los instrumentos recuperasen su propia voz, porque casi siempre que la gente dice que le gusta un grupo, lo que admiran son esos efectos de estudio”. No era eso lo que había preguntado. Probaré a resaltar el papel de la orquesta: “Enseguida entendieron que tratábamos de hacer algo un poco especial, por eso decidí deliberadamente que no quería trabajar con una orquesta existente, porque no queríamos que sonase a colaboración, sino que ellos fuesen una parte más del grupo. Las canciones se empezaban escribiendo por las líneas de viento, trabajando las melodías, y dejando que éstas dictasen los acordes, y ahí apareció el hermano de Jon Coxon (productor, y habitual en el estudio con Spiritualized), que buscó uno por uno a los mejores dentro de las mejores orquestas. Supongo que por tener tanta orquesta es por lo que a la gente le parece este disco una salida muy silenciosa del “otro”. Puede. El hecho es que “Let it come down” necesita una escucha más reposada, porque gigantismos sonoros aparte, Spiritualized han sorprendido acercándose más que nunca al “concepto tradicional de canción”, olvidándose de esos mantras que han inundado todo lo que ha publicado Jason Pierce hasta ahora. “Las canciones tenían que mantenerse por si solas, sin efectos. Porque sin ellos, la música de hoy se queda en nada. Por eso “este” disco tenía que tener una base musical muy sólida”. Y gospel, de eso mucho. “Es mi lenguaje, el lenguaje de todo el rock´n´roll del mundo, y mucho del pop, que está escrito con el lenguaje de los primeros espirituales. Aunque sólo utilizo el lenguaje, porque no sé cómo es eso de ser descendiente de un esclavo. Está enraizado en la música que amo, pero no en el mensaje”.
Tal vez porque el mensaje de “Let it come down” sea más bien de invitar a pensar, en contraposición a la acción directa de otros discos: “Este disco no tiene que ver con la inactividad, sino con la idea de que la gente normalmente reacciona ante las cosas sin pensar en las consecuencias. No hay que reaccionar como un periódico sensacionalista diciendo

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