Parecía que se iban a comer el mundo y, de hecho, lo hicieron: durante al menos tres años. Delorean era el grupo español de referencia fuera de nuestras fronteras, con un paradigma entre la cultura rock y el nuevo beat electrónico y los buques insignia del llamado “pop baleárico”.

Pero la llama del hype se fue apagando y los fue llevando a otros sitios menos mediáticos hasta firmar, el año pasado, uno de esos discos que dentro de un tiempo se debería estudiar en las universidades: Mikel Laboa (Elkar, 2017) que servirá como epílogo radical y ultracultural de una banda que cambió muchas cosas en la música. Decimos lo de “epílogo” porque el combo vasco ha decidido retirarse de los escenarios.

Hablamos con Igor Escudero sobre los casi veinte años de historia y los porqués de este inesperado final a una de los grupos fundamentales para entender el devenir internacionalista de la música alternativa estatal. Estarán tocando junto a Soledad Vélez dentro del ciclo Momentos Alhambra 10 sobre 10 el miércoles 21 de noviembre en Joy Eslava y junto a Oreka TX y Joseba Irazoki eta Lagunak el 30 de diciembre en el Festival SantasPascuas de Pamplona.


Supongo que la pregunta que os estarán haciendo sin parar desde que anunciasteis vuestra separación es: ¿por qué ahora? ¿qué es lo que pasó (o no pasó) tras 18 años juntos?
No, simplemente que casi todos llevamos como un año metidos en una vida más “normal”, con otros trabajos. En el momento que vimos que teníamos un montón de canciones dijimos “Joder, ahora habrá que hacer otro disco, el verano que viene tocar un montón” y todo lo que eso conlleva. Estamos en un momento de nuestras vidas en el que nos apetecía probar otras cosas. Llevamos mucho tiempo juntos, hemos mirado hacia atrás y estamos bastante satisfechos con lo que hemos conseguido, entonces fue una decisión bastante fácil y lógica, yo creo.

Tiene que ver con algo vital y no musical, artístico o profesional ¿no? No es que estéis en otros proyectos musicales ni nada de eso, entiendo.
Sí. La gente que ha hecho un montón de cosas en la vida me da mogollón de envidia. Ninguno queremos estar toda la vida tocando en una banda y que cuando hayan pasado veinte años nos preguntemos qué hemos hecho como personas y solo podamos decir: tocar en Delorean. Además de Delorean nos apetece hacer muchas cosas más y todavía estamos a tiempo de hacerlas.

¿Sentís que habéis desperdiciado años, que habéis alargado algo que no os llenaba tanto a nivel vital?
No, no, nuestra carrera la vemos súper bien. Todos los pasos que hemos dado, incluido este, han sido súper lógicos. De hecho, el dejarlo con un disco como Mikel Laboa nos parece especialmente guay. Es como cerrar un círculo, volver a las raíces.

Es verdad que el de Mikel Laboa no solo es un disco bueno en el sentido musical, sino que me parece que es un disco importante, de esos que trascienden lo artístico y que sirven para hablar de muchas otras cosas: cultura, idiosincrasia, raíces, tradición, modernidad, transgeneracionalidad… Pero, a la vez es uno de vuestros discos más radicales, sino el que más. ¿Hubierais pensado alguna vez que vuestro cierre iba a ser con un disco de este perfil?
Yo creo que demuestra el inconformismo que siempre ha imperado en la banda, en cada disco casi siempre hemos hecho algo diferente, siempre hemos querido probar cosas nuevas. Algunas veces con más acierto, otras veces con menos. Pero yo creo que el motor de la banda siempre ha sido el inconformismo. Y el trabajo de Mikel Laboa es una propuesta mucho más radical e incluso casi inconformista con nuestro propio inconformismo, pero también es una declaración de intenciones.

“Es súper difícil mantenerte muchos años haciendo muy buenos discos uno tras otro”

Viendo el vídeo-comunicado que hicisteis, donde repasabais muchas partes de vuestra carrera, da la sensación de que conseguisteis cosas prácticamente impensables para una banda española de vuestro estilo. ¿Se os habían agotado los retos o creéis que aún os quedaban muchas cosas por conseguir?
Creo que es súper difícil mantenerte muchos años haciendo muy buenos discos uno tras otro, hay gente que lo hace, pero es un porcentaje muy pequeño. La mayoría de los artistas tienen como un punto caliente en su vida donde todo confluye y estás súper inspirado, consigues entregar algo único que supera incluso lo meramente decente. Nosotros tuvimos ese punto caliente durante tres años muy prolíficos, donde todo funcionaba y parecía que, además, estábamos en el momento y lugar preciso para que todo funcionase incluso mejor. Yo ahora escucho lo que hicimos aquellos años y estoy súper orgulloso de lo que conseguimos.

Entiendo que te refieres a la época de Ayrton Senna (Fool House, 2009), Subiza (Mushroom Pillow, 2010) y Apar (Mushroom Pillow, 2013), la de mayor expansión tanto nacional como internacional.
Sí, sobre todo a esa segunda etapa. Cuando hicimos el cambio en la formación en el 2008, que entró Guille y empezábamos a producir con el ordenador. Fue un paso muy importante el pasar de ser un grupo de local de ensayo a un grupo de productores. Creo que toda la etapa del 2008 al 2011 es cuando estuvimos más a fuego: girando un montón, las canciones y las remezclas son de un nivel altísimo… ahí estábamos muy en la llama.

No sé si el éxito que tuvisteis en esos años, sobre todo con la publicación de Subiza, que os convirtió en los abanderados mundiales del “pop baleárico”, fue un arma de doble filo: os dio mucho éxito, pero también colocó el listón y la presión como grupo a un punto muy alto.
Sí, está claro que cuando hicimos Apar es la primera vez que sentimos presión, había que cumplir con las expectativas marcadas por el Subiza. Antes no las habíamos tenido. Cuando hicimos el Subiza estábamos en el estudio y las reseñas del Ayrton Senna, que recibió muchos elogios, aún no habían salido. Subiza fue un disco que hicimos para llenarnos a nosotros mismos, sin ningún tipo de termómetro ni presión por parte de crítica y/o público. Y creo que eso se nota. Es súper puro, no hay ninguna contaminación del exterior. Además, la época de Apar fue bastante mala no solo por la presión y las expectativas creadas, sino también porque estábamos “divorciándonos” de Mushroom Pillow y creas que no, no son las mejores condiciones para hacer un disco.

A mí me dio la sensación de que una vez que dejasteis Mushroom Pillow perdisteis un poco de esa presencia mediática, no se habló tanto de Muzik (PHLEX, 2016) y de Mikel Laboa. Parecía que todo aquello que habíais ganado en los años anteriores parecía que ahora os daba la espalda. ¿Cómo vivisteis ese paso a la autogestión después de tener los focos sobre vosotros?
Yo creo que, y enlazado con lo que te decía antes, casi todo el mundo tiene su momento. A nivel de estilos de música, de sellos… siempre aparece alguien, tiene sus dos años de gloria y luego… ¡chau! Echando la vista a los últimos veinte años, primero estaba el techno de Berlín pegando súper fuerte en los primeros 2000, luego apareció Ed Banger con bandas como Justice y sus dos años de apogeo, luego cosas como el dubstep y esas movidas y en los últimos cuatro años con la música urbana. Al final, yo creo que vivimos en un proceso muy acelerado, necesitamos información nueva. Y nosotros mismos hemos sido víctimas de eso, tanto por parte del exterior como de nosotros mismos.

¿Os sentisteis un producto dentro de la maquinaria de la moda?
Sí, yo creo que sí. Al final tú puedes estar haciendo tu movida, pero si coges una ola, esa ola es la que te coloca en un sitio y un momento determinado. Cuando esa ola pasa o sigues haciendo discos muy buenos que trasciendan o te vas con la ola, como le pasa al 90% de la gente.

Hace unos días, con todo el fenómeno Rosalía, que parece que no se puede hablar de otra cosa últimamente, salió la reseña en Pitchfork donde pusieron un 8,8 a El Mal Querer (Sony Music, 2018). Hasta entonces, de grupos españoles solo estaba vuestro Subiza con un 8,4 y el Alegranza (XL / Young Turks, 2008) de El Guincho con un 8,3. ¿Os sentís parte de la historia de la internacionalización de la música alternativa española?
Yo creo que el contexto es totalmente diferente. Hace diez años la prensa internacional tenía mucho más poder que hoy en día: la mayoría de la gente que consume prensa tiene más de treinta años, eso lo tengo súper claro. En nuestro contexto nos apoyó muchísimo, en su día Pitchfork tenía mucha fuerza y justo después que nos dieran esa nota teníamos la bandeja del correo echando fuego de gente que te quería fichar, gente que quería que fueras a tocar no sé dónde, gente que quería que le remezclaras una canción… Pero creo que hoy en día a Rosalía no le ha afectado nada que le den esa nota, ella ya lo tiene todo.

En relación con esto, ¿empezabais a sentir que os costaba conectar con un público más joven? ¿Os empezabais a sentir unos pollaviejas?
(Risas) Esa sensación la llevo teniendo desde hace cinco años o así. Pero, al final, es normal. La música tiene un elemento contemporáneo que no puedes quitar, es como si viene tu padre y te dice “¿Qué haces escuchando esto? Si es igual a Pink Floyd, escucha a Pink Floyd que son los originales”. Y tú le dices “Ya, pero Pink Floyd pasó hace treinta o cuarenta años y esto está pasando ahora, esto me suena a nuevo”. Como pasó con Joy Division, con Interpol o con Editors veinte años después. Es una cadena de reciclaje contra la que no puedes luchar.

“Vivimos en un proceso muy acelerado, necesitamos información nueva. Y nosotros mismos hemos sido víctimas de eso”

¿Os sentisteis mejor valorados fuera que dentro de España? ¿Os sentíais un grupo español-europeo o la vocación del grupo era completamente apátrida?
No, para nada. De hecho, creo que, antes de la explosión internacional, nosotros ya vivíamos de la música. Con el Delorean (BCore, 2006) tuvimos muy buenas críticas y tocábamos un montón. La explosión internacional nos llevó a otro peldaño más. Y mucha gente que era reticente a la banda se interesó más, pero yo estoy súper orgulloso de haber formado parte de la escena musical española y tenemos un montón de amigos, conocemos a todo el mundo y todo el mundo nos conoce.

Se habla mucho de esos años entre 2008 y 2011, pero hay otra época importante en la banda y es la de la conexión entre sonoridades rock con sonoridades electrónicas: el Into the Plateau (BCore, 2006), el Delorean (BCore, 2004)… ¿Diríais que ayudasteis a visibilizar ese diálogo entre electrónica y rock, que aún no tenía un símbolo claro explícito en España hasta que lo hicisteis vosotros?
Nosotros venimos incluso del hardcore y es un circuito muy sectario, cuando veían a una banda con teclados o sintetizadores estabas súper denostado, eras como un hereje. A nosotros nos han llegado a insultar en alguna casa okupa (risas). Nos acusaban de hacer música comercial, solo porque teníamos un teclado. De principios de los 2000 hasta ahora casi lo normal es que la música tenga algún elemento electrónico, creo que toda la percepción ha cambiado mucho.

¿Qué dirías que se mantiene de los Delorean hardcoretas del 2000 con los que están cerrando ciclo ahora? ¿Hay algo compartido a nivel, además de sonido, en lo que tiene que ver con el discurso?
Creo que, sobre todo, la energía del directo. Quizás ahora Ekhi y Guille no bailan tanto (risas), pero Unai y yo damos todo en directo y se nota que somos muy hardcore tocando. Mucha gente nos ha dicho, tanto en España como fuera, que se nota que venimos de un background punki. Y de eso estoy súper orgulloso.

Hubo un momento que se os asociaba mucho al Sonido Barcelona y a la Generación BCore de los primeros 2000. Pero hubo un momento en el que empezasteis a hacer explícito vuestro origen vasco y vuestra conexión con la cultura y la idiosincrasia vasca. ¿Diríais que hay unas marcas genéticas geográficas compartidas por Cataluña y País Vasco en Delorean?
Sí que es verdad que venir a vivir a Barcelona y estar en BCore marcó mucho a la banda. BCore a principios de siglo tenía un catálogo muy fuerte y era un momento en el que todavía solo por estar en un sello ya tenías un público que se iba a interesar por lo que hacías. Formar parte de una escena te da fuerza o te hace entrar en un circuito, aunque también te puede encasillar. Nosotros estuvimos en el momento justo, pero tuvimos suerte porque hemos podido volar y mostrar muchas facetas de Delorean. Somos todo lo que nos ha ido pasando y todos los lugares por donde hemos estado.

“Mucha gente nos ha dicho, tanto en España como fuera, que se nota que venimos de un background punki. Y de eso estoy súper orgulloso”

¿Cómo planteáis la gira de despedida? De momento, todo es muy ambiguo: hay alguna cosa anunciada, pero no habéis comunicado nada concretamente como “gira de despedida”.
Sí, es cierto. La movida es que nosotros anunciamos la despedida con la idea de hacer una serie de bolos en sitios que nos apetecían, pero de repente nos llamó todo el mundo diciéndonos que teníamos que tocar en tal o cual sitio. Hay algunos bolos programados que no forman parte de la “gira de despedida” que anunciaremos pronto y serán muchas ciudades españolas, probablemente también Nueva York y algún festival en concreto. Pero queremos que sean conciertos muy especiales, donde poder invitar a amigos, tocar temas de todos los discos… queremos hacerlo como Dios manda.

A nivel repertorio, ¿la idea es repasar toda la historia u os centraréis en vuestras canciones más conocidas?
De la primera etapa tocaremos alguna cosa suelta, pero, sobre todo, porque nos apetece tocar alguna con Tomás, nuestro guitarrista de la primera etapa, aún tenemos que hablarlo y definirlo bien todo.

Si tuvieras que decir algo con lo que te quedas de estos 18 años (que serán 19), ¿con qué sería?
Sobre todo, con el cariño de la gente y haber conocido un montón de sitios. Ahora, teniendo una vida más o menos dentro de los parámetros que se entienden como “normales” viajo muy poco y es lo que más echo de menos. Pero estoy súper orgulloso de que cuatro amigos viajando hemos conocido el mundo juntos: conocimos lugares, gente a la que consideramos muy buenos amigos… y me quedo con todo eso. Y también que casi todas las metas y objetivos que teníamos en el momento de apogeo de la banda, las fuimos consiguiendo todas una tras otra, iban cayendo como por arte de magia. Me quedo con todo eso.