"No tiene sentido reivindicar la aldea contra la ciudad"
Entrevistas / Emilio José

"No tiene sentido reivindicar la aldea contra la ciudad"

Carlos Pérez de Ziriza — 11-02-2016
Fotógrafo — Archivo

El orensano Emilio José se ha decantado por ahondar en el órdago, subiendo la apuesta respecto a al que fuera su último trabajo (el doble “Chorando Apréndese”, de 2009) con un pantagruélico álbum triple en el que las hebras del folk, el rock progresivo, el tropicalismo, el post rock, la psicodelia, el hip hop y unas cuantas hierbas más, afrontadas desde un prisma desenvueltamente libérrimo, se engarzan a través de un relato de 52 canciones que constituyen todo un festín sensorial.

Echar un vistazo a algunos de sus títulos ya da buena cuenta de la idiosincrasia de su propuesta: “Coalición Galega”,‘ال قاضي", “Capitalismo Verde”, “(Ryanair)”, “Age/Podemos”, “Kim Kardashian”, “‘♥’ e”, “Sexo, ecologia, espiritualidade”... el miembro de Apeiron dice que son las canciones las que lo piden, como si estas tuvieran vida autónoma. El caso es que “Agricultura Livre” (Foehn, 2015) es uno de los trabajos más singularmente magnéticos que se han despachado por estos lares en los últimos tiempos. Y no siempre es fácil verbalizar las razones. Por eso había que aprovechar la ocasión para que él aportase algo más de luz sobre su obra. O quizás no...

¿Por qué un álbum triple en estos tiempos de consumo fragmentado y escuchas apresuradas? ¿No es ir a totalmente a contracorriente?
No lo sé: es triple porque las canciones fueron pidiendo ese espacio (tendrías que preguntarles a ellas el motivo, si es que hay alguno…) y ya no es que no quiera ir a contracorriente, sino que no sé cuál es la corriente; si tal, supongo que todo es una corriente gigantesca y todo (incluso lo que aparentemente va a contracorriente) acaba, de la forma que sea, apareciendo tres aldeas más abajo junto con lo que iba a favor de la corriente, flotando en el mismo remanso. Claro que se podría decir que, como sea, hay un momento muy concreto en el que lo que está yendo contracorriente va efectivamente contra la corriente, pero esto presenta al menos dos problemas: por un lado, es como decir que una canción de La Oreja de Van Gogh va a contracorriente de un poema de Góngora o de una película de Soon-Mi Yoo, o que La Oreja de Van Gogh va a contracorriente de Mondosonoro (es decir: ¿qué es la corriente exactamente?). Por otra parte, al tratarse de una percepción fragmentada, no hay manera de distinguir (suponiendo que ir a contracorriente fuese posible) qué es lo que se mueve en una dirección, en otra o incluso qué es lo que se mueve: si es una persona, ¿has visto por debajo del agua si se impulsa con sus piernas? ¿Se está dejando arrastrar por el agua? ¿Acaso hay un remolino —que por supuesto no se ve— que hace que parezca que sube, cuando en realidad no es más que la misma corriente reconfigurando su propia fuerza para seguir llevando a esa persona hacia abajo?

“Mozart compuso el doble de obras que Beethoven en la mitad de tiempo y eso no significa nada”

El hecho de que sea un álbum triple con 52 canciones, ¿tiene algo que ver con que hayan pasado seis años desde tu última entrega?
¡Fui todo lo rápido que pude, jaja! Tal vez hay un algoritmo (y si no, estará al caer) acerca del ritmo de fabricación de los discos, pero en ese caso siempre cabría la posibilidad, como con cualquier otro algoritmo, de pasar de él… al menos teóricamente. Ateniéndose a lo que parece ser el estándar, el proceso consiste en discos de 9 canciones en tres cuartos de hora cada año y medio o así. Seguramente esto funciona en muchos casos y hay razones empíricas para que sea así, pero al mismo tiempo hay muchísimos ejemplos de rutinas diferentes, como de ausencia de rutinas, como de resultados diferentes siguiendo rutinas que se repiten. El hecho de que existan músicos con una obra inmensa y otros con uno o dos discos no tiene ningún significado musical; Mozart compuso como el doble de obras que Beethoven en la mitad de tiempo y eso no significa nada musicalmente; The Pipettes sacaron un sólo disco (con su formación “clásica”) y eso tampoco guarda ninguna relación con la música.

Da la sensación de que tu música fluye con total naturalidad. No sé si la intuición (o hasta la improvisación) juegan un papel importante en tu proceso creativo... ¿es así?
No sé, lo que está claro es que las canciones acaban saliendo como ellas quieren…

Al abordar el disco se habla de estilos como el rock progresivo, el tropicalismo, el post rock, la psicodelia, el folk, el hip hop... ¿crees que las etiquetas están, en todo caso, destinadas al fracaso si lo que se pretende es describir tu trabajo a alguien que lo desconozca?
No puedo saber si a las canciones les gustarán las etiquetas, y si les gustan, cuáles, pero por lo que a mí respecta sería absurdo dictar (o siquiera pautar) cómo tú o cualquiera tiene que describir lo que escucha: si supiese de antemano que tú (o cualquiera) vas a criticar mi disco de esta o aquella forma, igual que si supiese de antemano que al eventual oyente le va a gustar esta canción y la otra no, y esta frase más que la de más allá, supongo que, en primer lugar, no haría ningún disco.

Los títulos de tus canciones suelen ser de una sola palabra, a veces en árabe, en chino, en ocasiones solo un símbolo, en otras unas simples iniciales... ¿A qué se debe? ¿economía del lenguaje, inclinación por la primera opción que se te pasa por la cabeza o simplemente necesidad de sintetizar?
Los títulos son cosa de las canciones, pero, desde mi punto de vista, son de la forma que son porque quedan bien, o al menos a mí me gustan.

Desde la portada al artwork general del disco, todo transpira un marcado acento rural. ¿Consideras que ese entorno, en el que te mueves, puede ser de alguna manera el mejor refugio ante la locura cotidiana en la que vivimos inmersos?
Supongo que en un plano inmediato, en el sentido de naturaleza contra asfalto (si es a lo que te refieres con locura cotidiana) y cosas así, está claro que, en general, mientras en la ciudad oyes motores de coches (y esto es también agradable para mucha gente…) en la aldea escuchas pájaros cantando, pero como refugio no es viable (a menos que sea un refugio de fin de semana) porque hoy la forma de vida es igual en todas partes: necesitas dinero, y el dinero está en la ciudad (o en donde la ciudad quiere que esté, lo que deja igualmente al campo sin poder de decisión). Como refugio, la aldea es igual que los vuelos de tres días en Easy Jet a ciudades europeas: es una desconexión más, como jugar a la Xbox. El único motivo por el que la aldea está presente en el disco es que yo soy de aldea, pero no hay nada que reivindicar de la aldea hoy en día (e incluso en el pasado) con respecto a la ciudad, como no sean cuestiones micro-estratégicas bastante tangenciales, del tipo “esta colina es buena para defenderse”: aldeas y ciudades están pobladas por la misma gente conduciendo los mismos coches, comiendo la misma comida, haciendo las mismas cosas.

Desde nuestras limitaciones a la hora de entender con fluidez el gallego, creo que no es complicado detectar en tus canciones un sesgo crítico con quienes gobiernan en la Xunta y en el estado central, expuesto sin pelos en la lengua. ¿Crees que el pop en este país, en sus múltiples acepciones, ha hecho la vista gorda ante su entorno y se ha decantado por el escapismo? ¿Crees -y sé que es otra cuestión- que una canción puede poner su granito de arena para cambiar algunas cosas de su entorno más cercano, o está destinada a ser un mera válvula de escape para el músico?
¿El pop de qué país? Jaja, yo ni de lejos conozco medianamente bien el pop de ningún país, entonces no puedo decir si es muy o muy poco político (y aunque lo conociera, pues qué sé yo qué significan todas las canciones…). En mi opinión, también estoy muy lejos de ser crítico con los que gobiernan: lo que digo lo sabe todo el mundo y desde hace mucho tiempo. Y tampoco es por desahogarme, porque no es que se me haya aliviado ningún peso una vez acabadas las canciones: la razón que yo pueda tener, más bien, será nada más que dejar constancia de lo que percibo a mi alrededor. Por ejemplo: no tiene sentido reivindicar la aldea contra la ciudad, porque como te dije antes es lo mismo (los mismos alcaldes, impuestos, el mismo internet, el mismo sistema educativo…), pero al mismo tiempo el hecho de que una calle de Madrid sea tan aparentemente distinta de un sendero en una aldea cualquiera, y todo lo que de ahí surge, pide a gritos tirar del hilo (hacia atrás y hacia adelante) para ver cómo se ha llegado hasta aquí y cuál es el futuro, describiendo de la forma más clara a mi alcance la muerte, hoy inevitable, de la aldea. ¡De todas formas no te preocupes por no entender gallego, que yo canto en orensano!

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