El Drogas está de vuelta, y eso siempre es una buena noticia. La criatura que ahora presenta tiene cinco cabezas y se titula “Solo quiero brujas en esta noche sin compañía” (Dro/Warner, 19). Cinco cabezas, una por cada una de las ambientaciones que quería utilizar. Cinco cabezas, cuarenta y dos canciones y un único corazón, el suyo, que sigue latiendo desbocado cada vez que algo le emociona. Eterno aprendiz y sinvergüenza confeso cuando de adentrarse en nuevos caminos se trata, el artista navarro nos abre las puertas de su guarida para desvelarnos algunas de las claves de su aquelarre.

Te entrevistamos hace casi tres años, cuando publicaste el directo “Un día nada más” (16), y ya nos avanzaste que estabas trabajando en un disco que por entonces iba a ser doble o triple. El proyecto ha ido creciendo…
Para entonces ya tenía terminada la composición de la primera parte, “Timbre acústico”, y ya empezaba a mascullar por dónde quería ir, qué tipo de trabajo quería presentar al público. Poco después de hablar contigo decidí que no iba a ser doble ni triple, sino cuádruple. Además del acústico, quería que la banda compusiera la música de otro de los discos y yo me encargaría de las letras, que iban a ser sobre la inmigración y todo lo que está sucediendo en el Mediterráneo. En un tercer disco quería jugar con la escritura y meter expresiones lunfardas, de La Pampa. Y el cuarto, que en principio iba a ser el último, salió a partir de unos textos que yo tenía y que igual hubiesen terminado en un libro, pero que, en un momento dado, me pareció interesante imaginarme recitándolos, así que los fui adornando con música. Ese era el proyecto, pero echaba de menos un disco con ambientación más industrial, parecido a lo que hice en la segunda parte de La Venganza de la Abuela, con secuencias y programaciones, rollo Nine Inch Nails. Así fue como llegamos a los cinco discos.

Y en ese proceso en el que llegas a los cinco discos, ¿ha habido alguien de tu entorno (familia, amigos, banda, discográfica) que te haya intentado quitar la idea de la cabeza? ¿Nadie te ha recomendado hacer algo más corto? Ahora que cada vez menos gente escucha discos enteros sales tú con uno quíntuple…
No, nadie me ha dicho nada, supongo que porque ya me conocen. En casa es cojonudo, porque así estoy poco dándoles la lata (risas). Con la gente de alrededor, ya entiende la razón de las cosas. Además, tampoco me gusta mucho explicar esa razón de las cosas, luego ya se verá el resultado. Las canciones son sencillas, no son complicadas. Y lo hemos hecho con mucho tiempo y mucho cariño, hemos estado tres años y medio. Ha habido giras en medio, pero no hemos andado agobiados.

¿Y la discográfica?
Cuando presenté la idea en Dro la recibieron bien, parece que la entendieron. Bueno, o hicieron como que la entendían (risas). Pero no pusieron dificultades, al contrario, me animaron a seguir con ello y me dieron un presupuesto que hubiese sido suficiente si lo hubiéramos hecho todo aquí, grabación, producción y mezclas en nuestro local. Al final lo hemos grabado aquí, pero luego yo quería sacarlo fuera para trabajar cada disco con una persona diferente, y es lo que he hecho. Ha sido la primera vez que he tenido que ajustar un presupuesto para poder cuadrarlo todo. Y eso sí ha sido un poco locura, el tramo final, porque yo he estado presente en todas las mezclas, coproduciendo cada uno de los discos en estudios diferentes… A veces me metía en la furgoneta y no sabía a cuál me tocaba ir ese día.

“No me gusta hacer canciones redondas, no me gustan las canciones terminadas, por así decirlo. A mí me gustan los garabatos, que quepa el músico que las va a interpretar”

Precisamente en Dro ya tenían un precedente de disco quíntuple con el de Andrés Calamaro, aunque el tuyo no tiene mucho que ver con “El salmón”…
Bueno, son dos conceptos diferentes. Calamaro andaba alrededor del mundo grabando con su cuatro pistas y publicó una especie de recopilación de todo eso con las canciones tal cual, que me parece un concepto precioso. Pero sí tiene algo que ver, en el sentido de que a mí no me gusta hacer canciones redondas, no me gustan las canciones terminadas, por así decirlo. Lo que me atrapó de “El salmón” es que eran garabatos en forma de canción. A mí me gustan los garabatos, que quepa el músico que la va a interpretar. Quizás también tienen en común la sencillez de la instrumentación; puede parecer que algunas de las canciones de mi disco son muy complejas en ese sentido, pero en realidad ha sido bastante sencillo. Otra diferencia es que él metió muchas más canciones que yo. Y el título, que el mío es mucho más largo (risas).

El título es largo, sí.
Sí, “Solo quiero brujas en esta noche sin compañía”. Es un verso de Panero. Y luego, al abrir el cuadernillo del disco, hay una estrofa de Eduardo Galeano que viene a decir que las palabras no cuentan tanto lo que tú quieres, sino lo que ellas quieren. Está relacionado con el título del disco, las brujas para mí son las palabras.

Siguiendo con el título, ya has aclarado que está tomado de Panero, pero te quería preguntar si hay algo que te atraiga especialmente del concepto de las brujas, porque no es la primera vez que lo utilizas. Recuerdo que en “Salud y rocanrol”, el directo de Barricada, te despedías deseando “que las brujas os sean propicias esta noche”, y también las has incluido en varias canciones, por ejemplo en “Tiempos que arden” o “Conmigo no se juega”.
Sí, sí que me atraen las brujas. No como concepto concreto, sino como símbolo de las musas, que en este caso va por ahí. Y también como concepto para entender la feminidad, tanto la de las mujeres como la que podemos tener los hombres. Estaría bien que dejásemos aflorar nuestra parte de brujas de manera más continuada, sería mejor para todo nuestro entorno y nos iría mejor a todos, incluyéndonos a nosotros mismos, claro.

Te has adelantado un poco antes, pero quería desgranar, aunque fuese brevemente, cada uno de los cinco discos. En el “Timbre acústico” hay guitarras acústicas, piano, escobillas, contrabajo, cuerdas… Es la parte más luminosa, ¿no?
Sí, y eso que también hay canciones oscuras, no hay manera de que me pueda salir algo luminoso del todo…

Aquí está “Sin lámpara”, que va sobre el suicidio.
Sí, que es un tema oscuro. Pero he intentado abordarlo de manera luminosa. Estoy un poco harto de escuchar que el suicidio es un acto de cobardía, creo que también tiene su punto de valentía. No se puede generalizar, habrá de todo. Pero incluso alguien que lo haga por cobardía… No podemos estar todo el día triunfando, no podemos ser héroes todos los días. Casi todas las personas vamos de fracaso en fracaso. Los éxitos pasan muy rápido, y está bien que sea así, porque aprendes muy poco de ellos. La ambientación musical de esa canción es fronteriza y arenosa, pero he intentado que la letra tenga luz. En ese disco hago muchas referencias a cómo vivíamos en los ochenta, siempre en la calle, hay mucho de eso también. Algo de lo que ya he hablado en otras canciones como “Azulejo frío”. Y no es que eche de menos ese tipo de vida. Si hablo de ello es porque vengo de ahí, no porque quiera volver.

Vamos con el segundo, “Timbre oxidado”. Aquí está “Cinco cuchillos”, que habla sobre la violación de La Manada, pero casi todas las canciones que componen el disco tratan sobre la inmigración y el racismo.
Sí, tenía varios textos a medio escribir. Párrafos sueltos, ideas, frases que tenía en cuadernos. Decidí retomar todo eso y juntarlo con noticias nuevas que iban saliendo. La realidad supera a la ficción siempre. Por ejemplo con el tema del Tarajal, quince asesinatos cometidos en 2014 y no ha pasado nada, es inexplicable. Son temas que siempre había tocado en otras canciones de otros discos, quizás de manera más puntual, y ahora me apetecía dedicarles más espacio.

“En general, pienso que en Sudamérica nos dan cien mil vueltas a eso que se denomina ‘la madre patria’, y creo que tendríamos que reconocerlo de una puñetera vez”

El tercero es “Timbre canalla y de bullanga”. Música de rythm’n’blues y vocabulario lunfardo. ¿De dónde te viene la vena porteña? ¿Escuchas tangos?
Sí, he escuchado, pero tampoco demasiado, no creas. En mi maqueta las canciones tenían ritmos como de tango, pero luego, al tocarlas con la banda, se han ido más hacia el rythm’n’blues. Me gustan muchos escritores argentinos. En general, pienso que en Sudamérica nos dan cien mil vueltas a eso que se denomina “la madre patria”, y creo que tendríamos que reconocerlo de una puñetera vez. Hubo una oportunidad de confraternizar con toda la cultura iberoamericana, cuando la Edad de Plata de la literatura española, pero el propio ejército acabó con esa quimera.

De hecho las historias del cuarto disco, “Timbre fundido”, están basadas en cuentos de un escritor peruano, Julio Ramón Ribeyro, con ambientación más industrial.
Sí. Llegué a ese escritor por casualidad, como a cantidad de autores. Un día, en un mercadillo de discos y libros de segunda mano, encontré un libro suyo enorme por seis euros. No me sonaba de nada. Lo ojeé y vi que por los años debía ser contemporáneo de Vargas Llosa, luego me enteré de que eran amigos, aunque políticamente no se llevaban muy bien. Por seis euros compré un libro con todos sus cuentos. Toda su vida estaba allí, por unos pocos euros. Compré el libro y lo devoré. Había un cuento apabullante que se titulaba “Fénix”, y de ahí saqué los personajes de ese circo decadente, aunque luego también me inventé otros. Y me inventé la trama también, que termina con el asesinato del dueño y el último acto sublime, que es el del enano meando sobre el cadáver del dueño. Siempre me ha llamado la atención ese ambiente circense. De todas formas, ya sabes que cuando se hace una película sobre un libro suele estar mejor el libro, yo en este caso espero que mucha gente, a partir del disco, vaya a leer el libro.

Nos queda el último, “Timbre equivocado”, que, paradójicamente, creo que contiene algunos de los grandes aciertos del disco, porque nunca habías sonado tan preciosista ni tan detallista. Hay algunos pianos impresionantes, por ejemplo en “No puedo correr” y en “Acertijos por andar”.
Bueno, eso es mérito de Germán San Martín, el teclista, que también toca en “Un poco más morir”, del disco del circo. Esa última la compuso él, de hecho. Los otros pianos los toco yo, pero para esas dos canciones, que son la que abre y la que cierra el disco, quise contar con él, que es impresionante. Las demás van encontrando su sitio en medio, son canciones más lentas que lo que suelo hacer, para escuchar despacio y casi de manera individual.

Siendo cinco discos tan distintos entre sí, ¿qué es lo que los vertebra, lo que les da unidad?
Mi voz. Mi manera de componer y mi voz. Sobre todo porque no tengo muchos registros a la hora de cantar (risas), por eso hay tantos invitados. Está Carolina De Juan (Nina) de Morgan, Jimmy Barnatán, Natxo Zabala de Koma, May de Ciclonautas, Zuri… Y luego está mi hija Araia, Brigi, El Flako, Selva Barón, Patricia Greham, toda la gente con la que toco en la Rythm’n’blues Band. En cada uno de los discos hay dibujos de un ilustrador diferente, y del diseño de todo se ha encargado mi hermano Koldo.

¿Y si tuviésemos que buscar los grandes temas del disco? Me refiero a los textos: amor, muerte, crítica social, reivindicación…
Sí, básicamente sería eso. Si fuésemos ordenadores, yo tendría tres carpetas, a lo sumo cuatro. Y dentro de ellas podrías meter todas las letras que he escrito en mis años de pluma. Cambia mi manera de abordar esos temas. No soy el mismo que hace treinta años, aunque hay problemas que siguen igual que hace treinta años. Pero tu manera de expresarlo cambia. Siempre me he esforzado en no crear panfletos, aunque supongo que habrá canciones que han quedado como panfletos. He intentado transmitir mis dudas sobre cada tema, aunque dejando clara mi postura. “Balas blancas”, por ejemplo, podría estar en este disco, y es de 1992. Intento no adoctrinar, pero sí aportar mi punto de vista. No sé si lo consigo.

Háblame de la banda. ¿Qué papel ha jugado?
Un papel enorme. Han compuesto y sobre todo han ayudado a dar forma a los tres primeros discos, están muy trabajados aquí, en nuestro local. Hemos metido muchísimas horas. Con otros músicos habría sonado de otra manera totalmente distinta. Ni mejor ni peor, diferente. El primero está grabado instrumento a instrumento, y el segundo y el tercero tocando todos a la vez. Guitarra, bajo y batería a la vez, y luego metimos por encima algún arreglo de guitarra y las voces.

¿Entonces el cuarto y el quinto son más tuyos?
Sí, esos los he ido haciendo yo por mi cuenta. Y también toco yo casi todos los instrumentos, salvo alguna guitarra que ha metido Txus, algún piano y poco más.

¿Y los productores?
El acústico lo ha coproducido Javier San Martín en Sonido XXI, ya había trabajado con él con Barricada y con La Venganza de la Abuela y me apetecía repetir porque nos entendemos muy bien. El segundo, “Timbre oxidado”, con Alberto Porres en Estudios K, donde habíamos hecho “Alzheimer”, del disco anterior. El tercero, “Timbre canalla y de bullanga”, lo hice con Haritz Harreguy en su estudio de Usurbil. Con Haritz ya había trabajado con Barricada, y “Azulejo frío” también la hicimos con él. El cuarto lo iba a producir yo, pero me quedé sin tiempo y recurrí a Haritz también, porque esa parte industrial le va perfecta. Fuimos juntos a ver a Nine Inch Nails a Bilbao hace mil años, y ha quedado muy bien, ha sido una suerte que yo no haya tenido tiempo, porque no hubiese quedado así. El quinto con Brigi, que me apetecía sacarlo de su zona y meterle en algo raro para él. Y, como te he dicho antes, yo he estado con cada uno de ellos, han sido coproducciones.

En este disco reúnes distintos estilos musicales, poesía, cuentos, literatura, dibujantes… Volviendo al tema de las brujas, ¿podríamos decir que es un aquelarre de todas tus influencias y referencias? ¿Una obra más total, en ese sentido?
Sí, cada vez he tendido más a eso y cada vez me siento más libre que nunca en ese sentido. Voy pensando, le voy dando forma. Dependo de la gente con la que toco, sé de la importancia que tienen para transformar mis propias ideas, pero estos pasos sí que los voy dando yo porque los tengo en mi cabeza, y me encuentro muy cómodo para hacer propuestas que de otra forma hubiese sido imposible.

Por la manera en la que hablas de tu banda, el proyecto lleva tu nombre, El Drogas, pero lo ves como un grupo, ¿no?
Sí, totalmente. Y cuando estamos con la Rythm’n’blues Band el resto de músicos forma parte del grupo de la misma forma que Txus, Flako y Brigi. Para mí es muy importante ese concepto. Me da igual cómo se llame el grupo, lo que me importa es cómo trabajar, cómo desarrollar las ideas.

“Barricada había dejado de sorprender, los años noventa fueron un transitar entre recopilatorios y directos y hay una serie de discos que sobran, absolutamente, porque son una puta mierda”

Después de haber hecho unas últimas obras tan completas, ¿te ves de nuevo sacando un disco de doce canciones, digamos más convencional?
Podría ser. Ahora quiero disfrutar de esto, aunque va a ser un reto llevarlo al directo. Yo podría coger un repertorio de 2002, dárselo a los músicos para que se lo aprendan y dedicarnos a hacer salas y festivales, y funcionaría. Lo hemos visto con la gira de “Un día nada más”, que hemos petado las salas y la gente estaba muy entregada desde que salíamos. Ahora tenemos que llevar el piano, el contrabajo, vamos a jugar con el ambiente, a subirlo y a bajarlo. Es un reto, y eso me pone. El día que no sorprenda a la gente, me retiraré. Así entiendo yo el rock’n’roll. El arte debe ser un método de transgresión. Así ha sido siempre. La Venganza de la Abuela era un disco que no gustaba ni a mi familia, mi socia me preguntaba qué coño estaba haciendo. Íbamos a los pueblos y había más gente en la prueba de sonido que en el concierto, y te hablo de conciertos gratuitos en las plazas de los pueblos. Pero yo me lo pasé en grande, fue un año espectacular. Luego con “La tierra está sorda” pasó al revés, podía haber sido un fracaso absoluto y sin embargo fue muy bien. Con ese disco dimos en el clavo, pero podíamos habernos dado una hostia impresionante, no sabíamos lo que iba a pasar. Barricada había dejado de sorprender, los años noventa fueron un transitar entre recopilatorios y directos y hay una serie de discos que sobran, absolutamente, porque son una puta mierda.

¿Te refieres a los recopilatorios? ¿O a los discos de estudio?
A los recopilatorios y a los directos. Los discos de estudio me gustan mucho. “Insolencia” para mí fue una experiencia acojonante. De cara a la gente no funcionó, pero para mí… O “La araña”, que si la gente escucha la maqueta que hicimos se daría con un canto en los dientes, en plan “menos mal que no lo grabasteis como en la maqueta”. Me gustan mucho esos discos. Los que sobran son los recopilatorios, el de “Los singles”, que nos involucramos mucho y fue una pérdida de tiempo impresionante, no te puedes hacer una idea. El directo de “Salud y rocanrol”, que lo sacamos para terminar el contrato con Polygram. Y eso que quisimos que fuera especial, por eso no metimos canciones que estuviesen en el “Doble directo”, pero al final fue demasiado tiempo y demasiado esfuerzo para el resultado que obtuvimos. Y cuando llegó “La tierra está sorda”, me dejó tan satisfecho… Para mí hubiese sido igual de satisfactorio aunque no hubiese funcionado de cara al público. Disfruté muchísimo durante los tres años que estuve preparándolo. Es como el directo de “Un día nada más”. ¿En qué se ha quedado? Es el directo con más invitados del rock español, pero no es un directo especial. Si hubiese recogido todo el desarrollo, el recibimiento que hice yo tocando solo delante de la gente, la parte de la memoria histórica en otro escenario, y luego ya el final en el escenario grande, con todos los invitados, hubiese sido un directo especial. Pero si publicas solo la última parte, la de los invitados…

¿No te gusta cómo quedó?
Sí, pero… Bah, es un directo más. Hay decenas así. Un coñazo (risas). Yo buscaba algo especial, todo el desarrollo de la tarde, cómo fuimos pasando de un escenario a otro… La parte de los invitados, que está muy bien, hubiese sido la guinda del pastel.

Hombre, hubiese estado muy bien meter todo lo que hicisteis, pero hubiese sido un quíntuple directo, porque creo que querías hacer sesenta y nueve canciones. Estuvisteis tocando casi seis horas…
Es que mi idea inicial era hacer un quíntuple directo. Lo hablamos así inicialmente. Me acuerdo de que vi a un grupo francés en que los músicos llevaban cámaras de estas pequeñas mientras tocaban, había tomas muy locas grabadas desde el escenario. El concierto fue muy especial, pero el disco no lo recoge, no es un directo especial.

Retomando la temática de las brujas: sacas un disco quíntuple, con mucha información, muy reivindicativo… Tal y como están las cosas, ¿te da miedo que te quemen en alguna hoguera?
No. Yo vengo de la pela continua, así me he tomado siempre mi profesión. No solo en cuanto a letras más o menos sociales. Llamándote El Drogas es muy complicado que te contrate un ayuntamiento, ya nos pasaba con Barricada. Si nos prohíben alguna actuación, prohibida quedará. Igual luego aparezco con la guitarra acústica en esa ciudad. Me parece tan estúpida la situación, me da casi risa. Igual los de Vox de León vuelven a decir que soy proetarra…

¿Lo han dicho en alguna ocasión?
Sí, lo dijeron, y lo único que consiguieron fue que las entradas de la sala se vendieran a toda hostia. ¿Me pueden suspender algún concierto? Pues es posible, porque hemos dejado que la estupidez meta más ruido que el sentido común. Estamos en un momento complicado en ese aspecto. Nos hemos dejado comer demasiado terreno. Hay que sacar la mano a pasear.

Hablando de los conciertos, ¿cómo los vas a plantear? Si algo te caracteriza es que siempre presentas el material nuevo y luego tocas cosas antiguas. Siempre haces conciertos muy largos, pero ahora, con cuarenta y dos canciones nuevas, ¿qué planes tienes?
Voy a hacer una primera fase, que serán como unos veinte conciertos en salas, presentando los tres primeros discos, que son veinticinco canciones, más unas cuantas de las de toda la vida para llegar a las treinta y nueve. Después, a partir de abril o mayo, nos meteremos con los festivales y ahí haremos un repertorio más al uso, porque ahí no podemos llevar el piano ni toda la parafernalia, tienes un tiempo muy limitado y vas a sota, caballo y rey. Y lo que saquemos ahí nos lo jugaremos en una tercera gira, ya después de la temporada de festivales y otra vez por salas, centrada en los dos últimos discos, un rollo más industrial en el que también meteré algo de La Venganza de la Abuela y otras canciones llevadas a ese sonido. Iremos con bidones… Tengo muchas ganas. Al hacerlo separado, me permite darle a cada espectáculo su propia ambientación, sus propias luces, su propia sonoridad… Dos conceptos totalmente diferentes entre sí.

La última: acabas de cumplir sesenta años. ¿Cómo te planteas el futuro? ¿Quizás como tu amigo Rosendo, que se ha jubilado? ¿O prefieres no ponerte fecha de caducidad?
La vida es la que manda. Yo vengo diciendo que a los sesenta y nueve lo dejaré, porque me parece un número bonito. Por un lado me gustaría dejarlo cuando yo quiera, que sea yo el que decida ese momento. Pero tampoco tengo especial interés en terminar. No sé… Me encuentro a gusto, me gusta mucho mi oficio. Nunca sabes cuánto puede durar una gira. Con la pasada estuvimos tres años, ya veremos qué pasa con esta. Igual todo el plan que te acabo de contar de la parte industrial no podemos hacerlo porque la primera parte es un fracaso. Esa incertidumbre me encanta. Y en esa incertidumbre entra cómo terminará todo esto, mi carrera. El sesenta y nueve ya te digo que me gusta, es la edad con la que murió David Bowie, y mira qué última obra dejó sabiendo lo que venía después. A veces envidio esos finales, aunque otras veces me parecen demasiado peliculeros. Bowie, qué tío…