El Drogas publica “Un día nada más” (Dro/Warner, 16), resumen sonoro y visual del maratoniano concierto que ofreció en Pamplona en julio. Fueron cinco horas y media de actuación que ahora se plasman en un doble CD y doble DVD, y que dejan constancia del excelente momento que vive con su banda. Pero el de Pamplona no se duerme en los laureles y aprovecha la edición de este concierto para preparar a conciencia sus próximos movimientos.

Este concierto que ahora se publica es el colofón al proyecto “Demasiado tonto en la corteza”, un disco triple que contó con una extensa gira de tres años y otros proyectos (varios EP, distintos formatos de directo…). Supongo que querías despedir como se merece esta etapa de tu carrera, ¿no?
Sí, la idea era exactamente esa. Todo esto arrancó un sábado 28 de diciembre de hace tres años, tocando en la calle en tres lugares distintos de Iruña, y había que cerrarlo de una manera que hiciese juego con ese comienzo. Cuando empecé a pensar en esta despedida gobernaba UPN (en Pamplona), así que la idea era tomar la Ciudadela y tocar por el morro, como cuando empezamos, que no pedimos ni permisos ni nada. Yo tengo el concepto de que la música es verdaderamente participativa en la calle. Y mientras estaba preparando esto, va y ganan las elecciones los míos; y no digo los míos porque yo sea de EH Bildu, ni de Podemos ni de Na Bai, yo suelo decir que no tengo ni el carnet de la piscina. Pero tengo muy claro que los míos no son ni UPN, ni el PSN, ni el PP. Y con ese cambio de gobierno se abrió la posibilidad de que no fuese un acto de toma de la Ciudadela, sino algo más espectacular, mejor preparado, para presentárselo a la nueva concejalía de Cultura. Les propuse una historia, lo vieron factible y se metieron de cabeza, así que empezamos a prepararlo todo. Yo tenía una primera idea, sabía que quería traer muchos invitados, sabía que quería hacer cinco horas y media de actuación, porque si no no me daba tiempo a hacerlo todo. De hecho tuve que quitar canciones, quería hacer la tontería de hacer sesenta y nueve canciones y al final se quedaron en sesenta porque me pasaba de horario.

Si hubiese estado el anterior equipo de Gobierno, ¿crees que te hubiesen puesto pegas para hacer esto?
Yo creo que sí. No creo que me hubiesen dejado hacerlo. Para organizar algo así tiene que haber compenetración. Yo entiendo que debe ser complicado para ciertos Ayuntamientos apoyar un evento de El Drogas, que por ejemplo estoy a favor de la legalización, aunque llevo más de diez años sin meterme nada, pero estoy concienciado con ese tema. Y mi propia posición política y social me lleva a actuar de una manera, según mi conciencia, y ni coincide con ese tipo de partidos. A veces veo a (Enrique) Maya (ex-alcalde de Pamplona por UPN) y me da hasta pena, cómo se expresa, con esa amargura… Igual no es mala persona, me lo llevaría a casa y charlaríamos, le explicaría que las pintas no son importantes en esta vida (risas). No entiendo cómo su partido lo deja así. Ha sido alcalde, que le dejen vivir un poco (risas).

Volviendo al disco, esta es la primera vez, desde el primer directo de Barricada, en el que puedes reunir toda tu carrera: Barricada, Txarrena, La Venganza De La Abuela y El Drogas. Es como una retrospectiva, ¿no?
Sí, pero tampoco era mi idea. Ese concepto de resumen sé que vende más, pero no era el propósito. Para mí El Drogas es una banda que empieza con el segundo disco de Txarrena, hicimos carretera juntos y me arroparon muchísimo. Después se me expulsa de Barricada y decido cambiar el nombre y llamarnos El Drogas, pero somos una banda. Barricada representa una parte muy importante de mi pasado, pero estoy viviendo un presente encantador con una gente con la que estoy disfrutando muchísimo. Y con ellos quiero vivir el futuro, que tengo cincuenta y siete años y uno no es eterno. Quiero saborear todo lo que va viniendo. Y la idea de este concierto no era la de repasar toda mi carrera, sino hacer cinco horas y media de actuación con mi banda, con el bloque que somos, con los formatos que hemos ido haciendo. De hecho yo inicialmente no pensaba grabar un disco, para mí los directos son aburridísimos, lo que me gusta es enredar en el estudio, investigar, cosa que no haces en un disco en directo. Pero al final salió así, terminó mi historia con Maldito Records y Warner me propone esta idea. Se lo comenté a los invitados, que lógicamente tenían que saberlo, y al final lo hicimos. Pero la idea era el concierto, no el disco. A mí me gusta que la gente salga con la sensación de haber visto algo especial, único.

Hubo diecinueve invitados. Algunos de ellos pueden parecer más próximos a tu estilo, como Rosendo, Kutxi Romero o Yosi de Los Suaves, pero hay otros que pueden parecer algo más lejanos, como Iván Ferreiro o Quique González. Has trascendido esa casilla de rock urbano en la a veces se te coloca, ¿no?
Sí, es que al final el lugar en el que te ubican depende más de la gente que de ti. Yo realmente vengo del glam macarra. Me gustaba T-Rex, pero era más melódico que lo que a mí me gustaba. Me gustaba mucho Slade. De hecho, antes que El Drogas, mi mote era Slade. Me gustaban las composiciones más macarras de Sweet, tipo “Hellraiser”. Me gustaba la Suzi Quatro setentera, con la banda bebiendo y ella vestida de cuero, el “Can The Can”… Gary Glitter, ese tipo de cosas. Después me reafirmé en ese rollo macarra con el “Ace Of Spades” de Motörhead y el directo de después. “Never Mind The Bollocks” de Sex Pistols… Yo vengo de todo eso. Y aquí en el Estado, Leño fue lo que más me marcó. Vi a Rosendo en Leño y empecé a ponerme el pelo por detrás de las orejas, me marcó mucho todo, la forma de cantar, todo. Esa es mi base musical. Luego en los ochenta, cuando empecé a viajar con Barricada y a coincidir con otros grupos nos pasábamos cintas y descubrí a The Clash, Lords Of The New Church, The Cure, que la gente flipaba de que fuese una de mis bandas favoritas, y lo sigue siendo. The Jesus And Mary Chain, Race Against The Machine… Siempre he sido fanático de canciones, más que de carreras enteras. Algunas canciones han marcado un antes y un después en mi vida, tanto profesional como personal. Dicen que antes los monos podían cruzar España de árbol en árbol, porque era una selva. Pues yo puedo cruzar mi vida de liana en liana, y las lianas son las canciones. Desde que vi a Fórmula V con una Stratocaster blanca en la tele, las fotos de Hendrix… Por ejemplo soy un admirador acérrimo de Christina Rosenvinge, sobre todo de sus dos últimos discos, me parece que está tres pasos por delante de los demás. De hecho fue la primera a la que llamé para este concierto.

¿Y no pudo venir?
No, no pudo.

Pero de alguna forma estuvo, porque la sintonía que utilizasteis para salir al escenario era “Alguien tendrá la culpa”, que es una canción de su último disco.
Sí. De hecho vino a vernos a Madrid y se quedó muy sorprendida cuando oyó que esa era la sintonía.

En cuanto a los invitados, al final se cayó Ariel Rot, que estaba anunciado pero estaba terminando su disco. ¿Hubo más bajas?
Sí, hubo alguna más porque era una fecha muy festivalera y muchos estaba tocando. Iban a ser veinticinco invitados. Por ejemplo Gorka Urbizu, de Berri Txarrak, tocaba ese día en un festival en Cádiz y pidió que le cambiasen la actuación. Al final tocaron el día anterior para meterse la pechada de kilómetros el día de nuestro concierto y poder estar en la Ciudadela. Eso es impagable, y encima si lo hace un genio como Gorka. Siento el aprecio de mis compañeros y para mí eso es un orgullo.

Has mencionado muchas canciones que te gustan, y hay que decir que el título del disco (“Un día nada más”) se debe a la versión que hicisteis en el concierto del “Heroes” de David Bowie, que también había hecho otro grupo que te gusta mucho: Parálisis Permanente.
Sí, pero no hice la versión de Parálisis, sino otra propia. De hecho si hubiésemos hecho la versión que hacía Parálisis podríamos haberla metido en el disco, pero como es una versión nueva todavía no nos han dado los permisos y no la vamos a poder publicar.

¿Sale el disco sin esa canción?
Sí, es que la sociedad que gestiona los derechos de Bowie, que supongo que será de sus herederos, tiene muchísimas peticiones para hacer versiones y todavía no nos han contestado, así que no puede salir. Quería haberla hecho con Los Zigarros, que es un grupo que me encanta, tiene una actitud muy potente y es la savia nueva de esa vertiente del rock’n’roll. Hubiese quedado muy bien, con tres guitarras, teclados… Pero como no vi claro lo de los permisos, al final participaron en otra (“La hora del carnaval”). Mi versión no era la de Parálisis, yo me llevé la letra más al tema de la heroína, a toda esa gente que se ha quedado en el camino. Pero el título me sigue viniendo bien. El disco se llama “Un día nada más” porque fue algo irrepetible. De hecho nos han propuesto repetirlo en Las Ventas, pero perdería la magia. También se quedan otras canciones fuera, por cierto.

Ya hemos dicho que el concierto se celebró en La Ciudadela, que para quien no conozca Pamplona, es un parque en el que cabe mucha gente. Y por si alguien no lo sabe, y aunque las comparaciones son odiosas, en ese mismo lugar se celebra desde hace años el Festival Tres Sesenta, que trae a grandes nombres nacionales e internacionales, y jamás ha metido ni la mitad de gente de la que había en tu concierto. De hecho las entradas se agotaron con varios meses de antelación. ¿Quisiste dar un puñetazo en la mesa?
No. De hecho no estábamos seguros de que fuese a ir así la cosa. Hicimos números y para hacer lo que queríamos hacer, la idea original, con dos mil quinientas o tres mil personas nos valía, ya cubríamos. Luego fuimos ampliando esa primera idea porque vimos que la cosa estaba funcionando. Y hay algunas veces que te sale bien y otras que te sale mal. Con “La tierra está sorda” pasó lo mismo, podía haber sido un desastre, pero nos salió muy bien. Recuerdo que la gente nos decía que nuestros discos sonaban muy bien, pero ya nadie nos hablaba de las canciones. Habíamos perdido el rollo de la sorpresa, y eso para mí era demoledor. Lo recuperamos con “La tierra está sorda”, pero fue una apuesta fuerte. Lo de la Ciudadela no fue tanto un golpe en la mesa, sino ver recompensado tu esfuerzo. Que no siempre es así. De hecho ahora, con los conciertos que vamos a hacer, en Pamplona vamos a hacer dos días pero en Barcelona por ejemplo la venta de entradas está yendo muy despacio, no sé qué pasará. Lo vamos a hacer seguro y vamos a salir a muerte, pero está yendo despacio. Este oficio es así.

A todo esto, hay que decir que el disco recoge dos conciertos, pero que hubo otros dos: una recepción en la que tocaste varias canciones tú solo con guitarra y piano, y un segundo escenario en el que hicisteis canciones precisamente de “La tierra está sorda”, ya con la banda. Supongo que no los habréis editado por temas de duración y por no abrumar al oyente, ¿no?
Sí. Aunque también hubiese estado bien publicar las cinco horas y medio, después de semejante torrón ya lo podría dejar (risas). Pero está bien la emotividad de que no salga todo y el público lo sienta a su manera, se quedan con su recuerdo en la cabeza. Incluso los que entraron tarde por las colas que se formaron, que lo lamenté muchísimo, pero la verdad es que nadie se había imaginado que fuese a pasar eso. Supongo que estarían cabreados, y al final ese es el recuerdo que se van a quedar, aunque espero que luego, cuando entraron, se les pasase y se quedaran con buen sabor de boca. Yo he visto lo que va a salir y me gusta, está muy bien tratado, las luces, el escenario… Carlos Raya se ha encargado de las mezclas, y le pedimos que no llamase a nadie para meter ningún recording.

¿Por qué elegiste a Carlos Raya como productor? Nunca antes habíais trabajado juntos.
Bueno, él estuvo en Sangre Azul, un grupo AOR de finales de los ochenta. Entonces nosotros éramos los bárbaros del norte (risas), pero nos llamaron la atención. Y luego por sus manos ha pasado mucha gente: Quique González, M Clan… Pero sobre todo he tenido acceso a él por su trabajo con Fito, con quien tuve mucha relación en la época de Platero. Me parece muy buen productor, y Txus (Maraví) y Flako me animaron a que le llamara. De todas formas, yo lo que busco es la experiencia de trabajar con otra gente. Obviamente quiero que los discos suenen bien, pero no busco tanto eso, sino el conocer a otras personas que aporten su manera de hacer las cosas. Es la manera de seguir aprendiendo.

Has dicho que fue un día muy especial. ¿Podrías quedarte con un solo momento?
Hay muchos, pero si tuviese que elegir uno, fue el final. Cuando terminó todo, saludamos al público junto a los invitados y nos metimos para dentro. Alguien, no recuerdo quién fue, nos dijo que saliésemos los cuatro solos a saludar. Lo hicimos, saludamos los cuatro de la banda y nos volvimos a retirar. Le di un beso a mi socia, que fue como la sensación del final, del trabajo bien hecho. Y ya parecía que se iban a terminar las emociones, y justo cuando comenzamos a bajar la rampa nos encontramos a todos los invitados aplaudiendo. Para mí ese momento íntimo de bajar la rampa es un símbolo de soledad, después de haber tocado delante de la gente es cuando te quedas solo otra vez. Y cuando lo estábamos haciendo y vimos a todos los invitados aplaudiéndonos a los cuatro… Ahí ya no pude contener las lágrimas. Esa es para mí la chispa que resume todo aquel incendio.

“El disco se llama ‘Un día nada más’ porque fue algo irrepetible. De hecho nos han propuesto repetirlo en Las Ventas, pero perdería la magia”

Paralelamente a este disco sale “Sombras que la luz grita”, que es un disco de relecturas de “La tierra está sorda”. Me da la impresión de que sale sin hacer mucho ruido: lo habéis autoeditado, no está en tiendas…
Sí, solo se puede comprar en los conciertos y por Internet. Y aquí tengo que agradecérselo a Warner, porque “La tierra está sorda” se grabó con Warner. Les expliqué lo que quería hacer, saben que estoy muy implicado con todo el tema de la Guerra Civil y me dejaron hacerlo. Con relación a la Memoria Histórica quiero dar cuatro pasos. El primero fue la grabación de “La tierra está sorda” y su gira. El segundo paso fue la entrada que tuvimos en institutos y locales sociales, que hacíamos acústicos y se publicó “En la memoria” (CD y DVD que recogía algunas de aquellas presentaciones). Este “Sombras que la luz grita” es la adaptación musical de esas canciones de “La tierra está sorda” para llevarlas a casas de cultura y teatros de mediano aforo, donde hacemos una puesta en escena teatral, llevamos atrezzo, vestuario especial… Y el cuarto y último paso será el ir a los lugares de memoria histórica y tocar allí, con la furgoneta y un generador. Queremos hacer un documental casero de estas actuaciones. Es de agradecer que desde Warner se haya entendido esta visión que tengo sobre este tema, como en su momento entendieron el proyecto, que me fui con cuatro papeles y tres canciones en una maqueta para explicarles el proyecto tan gigantesco que tenía en la cabeza. Cogí el tren yo solo y me fui allí a explicárselo, y afortunadamente vieron que yo lo tenía muy claro y nos dejaron seguir adelante con el proyecto.

Le das exclusividad a ese formato, porque no utilizas esas canciones para el resto de conciertos.
Sí, exactamente. Igual si algún día nos apetece tocar alguna, es posible que lo hagamos, pero en principio soy reacio. Tiene mucho empaque por sí solo. Y además está bien, porque por ejemplo en el DVD que viene con “Sombras que la luz grita” no se ven las proyecciones que hay detrás de nosotros en el escenario, que son de Clemente Bernad, lo cual le da emotividad. Sólo el que vaya al concierto las verá, y eso hace que se cree un ambiente especial en esos conciertos, aparte de que la temática es de por sí muy emotiva. De hecho en esos conciertos el repertorio es siempre el mismo, en el mismo orden. Así como en otros conciertos lo decido el día anterior, o a veces en la furgoneta, aquí son siempre las mismas canciones.

Lo de cambiar tanto el repertorio supongo que será para no aburriros, ¿no?
Claro. Tenemos noventa canciones preparadas, y si las preparamos es para tocarlas. Estamos muy a gusto hasta en los ensayos. Al final las canciones acaban buscando su lugar, sobre todo cuando estás con gente con las que disfrutas tocando. Como te he dicho antes, soy fan de canciones, y a mí las canciones redondas no me gustan. Llamo canción redonda a esas canciones perfectas en las que no queda sitio para que se meta nadie. A mí me gustan los bocetos de canciones. Me gusta que si toco contigo una canción suene diferente a si la hubiese tocado con otra persona, que cada uno deje su aportación. Es la excusa para tocar con otra gente. Por eso soy tan desastroso haciendo canciones. No es mi culpa que suenen bien (risas). Esa cosa que no se puede definir, el feeling que dicen algunos, es lo importante para mí.

Está claro que vives un buen momento artístico, con muchos proyectos, con mucho apoyo por parte del público… ¿Dirías que has alcanzado la plenitud artística?
No lo sé, no me importa demasiado. A mí lo que me gusta es continuar pensando cosas. Si te digo la jodida verdad, lo que más me gusta de sacar este disco en directo es que voy a tener tiempo para preparar el trabajo que viene, que ya estoy en ello. Es la excusa perfecta. Después de un trabajo denso, como fue por ejemplo “La tierra está sorda”, tenía que venir algo más liviano como “Azulejo frío”. Y después de “Demasiado tonto en la corteza” tenía que venir algo más ligero, y este directo me viene muy bien para preparar algo nuevo, que seguramente será denso.

Hace muchos año te leí que con la edad te iba entrando cierta angustia por darte cuenta de que no ibas a tener tiempo de hacer todo lo que te gustaría. ¿Cómo lo llevas ahora? ¿Has aprendido a gestionar esa ansiedad?
Lo llevo mucho mejor porque noto que no tengo la cabeza parada. A mí siempre me ha pasado que he querido hacerlo todo; he querido ser el que tira el córner, el que lo remata y el portero que hace la palomita y se la para. Es un problema de ansiedad de uno mismo. Pero en el momento en el que he tenido nietos, el día que no estoy con ellos es un día perdido, y eso es un escape, te hace pensar en otras cosas, disfrutar viendo como aprenden a vivir… Siento tristeza viendo lo mal que lo pasa gente de la edad de mis nietos, o de mi hija de veinte años, casi siempre por culpa de gentuza. Piensas en otras cosas. Sigo teniendo el cerebro ‘meneao’ con cosas de mi oficio, pero también busco tiempo libre para estar con mis nietos, sobre todo con los nietos, ahora los hijos han pasado a un lugar más secundario (risas).

Para terminar, Enrique, ahora tenéis algunos conciertos para presentar este disco. ¿Qué planes tienes para después?
No tengo prisa por grabar. Quiero estar un año o un año y medio trabajando. Por un lado ya tengo las canciones compuestas de lo que será la primera parte del trabajo, tengo que ir trabajando con la banda la ambientación, ya tengo ideas. La banda está trabajando por su cuenta también en la segunda parte, porque la idea es que en esa parte ellos hagan las músicas y yo después les ponga letra. Y tengo algunas cosas de lo que será la tercera parte, pero aun le queda. Me apetece intentar hacer las letras de otra forma. La idea que tengo es que cada canción sea como un relato corto y quiero investigar en el vocabulario lunfardo, de la pampa argentina, rollo tanguero… Esto es más teoría que práctica, no me he puesto todavía con ello, pero no sé cómo acabará.

Hablas de tres partes. ¿Va a ser otro disco triple?
No lo descarto. No sé si doble, triple… El tema de que sea triple me ha gustado, si metes ocho canciones en cada uno entra muy bien en el vinilo, veinticuatro canciones es un buen número. Y luego, si se me quedan cosas fuera, he descubierto el formato de EP, que me parece buenísimo. En esta última gira hemos grabado cuatro que los regalábamos en los conciertos, y me parece muy interesante, nos ha dado mucha vitalidad. Pero bueno, todo esto es el arranque, a ver en qué acaba. Lo bonito es el proceso, el camino. A mí me gusta mucho Juan Gorriti, un escultor y pintor que vive en el Baztán (Navarra). Tiene todo su caserío lleno de esculturas y de pinturas, y dice que él no hace arte, sino que se va encontrando cosas. Dice que hace encuentros. Pero es que eso es lo bonito. Seguro que el resultado final no se parece en nada a la idea que tengo ahora, pero quiero salir al camino y ver qué me encuentro.

Podrás ver a El Drogas en directo en conciertos acústicos y firma de discos en Bilbao (4 noviembre, FNAC), Pamplona (5 noviembre, Mesón del Caballo Blanco), Madrid (7 noviembre, FNAC Callao), Barcelona (9 noviembre, FNAC Triangle), Valencia (10 noviembre, FNAC San Agustín), Zaragoza (11 noviembre, FNAC), Donostia (16 noviembre, FNAC) y Vitoria (17 noviembre, Museo Artium).
A continuación, la gira eléctrica pasará por Madrid (18 noviembre, La Riviera), Bilbao (26 noviembre, Kate Antzokia), Valladolid (2 diciembre, Laboratorio de las Artes), Valencia (16 diciembre, Repvblicca), Zaragoza (17 diciembre, Oasis), Pamplona (22 y 23 diciembre, Zentral) y Barcelona (30 diciembre, Razz 2).