El arte de la guerra
Entrevistas / High On Fire

El arte de la guerra

David Sabaté — hace 12 años
Fotógrafo — Archivo

Fornidos guerreros cubiertos de mugre y sangre; ruido de mazos y espadas; cabezas y extremidades volando; brujería. El imaginario de High On Fire, lejos de la épica fantasiosa de otras vertientes del género, remite de forma cruda a la barbarie del campo de batalla y su entorno. Su “Death Is The Communion” (Relapse/Mastertrax) es, sin duda, el mejor álbum de metal de este 2007 que queda atrás.

Con unas coordenadas sonoras inconfundibles que incluyen también a Celtic Frost, Slayer o St.Vitus, el trío de Oakland (California) consolida con su cuarto disco el estatus alcanzado con su anterior “Blessed Black Wings”, brutal e inspirada demostración de fuerza que cautivó tanto a heavies, doomers y metalheads como a amantes del stoner y el hardcore. “Death Is This Communion” es un disco tanto o más arrollador que su antecesor, si bien introduce nuevos matices; es el caso de las guitarras acústicas de “Khanrad’s Wall” y “Cyclopian Scape” o del melotrón de la instrumental “DII”.

“Por supuesto que me ha inspirado. Lemmy ha sido una influencia para cualquiera en el mundo del metal”

Un ligero incremento melódico frente al que el término ‘accesible’, sin embargo, sigue provocando risa. “No diría que haya sido premeditado. Sólo queríamos capturar la energía que desprendemos en directo. Tocar frente al público es una experiencia incomparable, pero en el estudio es donde creas tu obra. Tiene mucho de reto personal”, explica un febril Matt Pike poco antes de su actuación en Barcelona. En disco, su cavernosa voz incorpora también ciertas tonalidades, acercándose más que nunca al cazalloso timbre de un Lemmy Kilminster de Motörhead recién levantado y con resaca. “Por supuesto que me ha inspirado. Lemmy ha sido una influencia para cualquiera en el mundo del metal, o al menos debería serlo. Mi intención, obviamente, no ha sido copiarlo, sino tomar lo mejor de su estilo, de su fuerza. Ha sido como decir ‘a ver lo que puedes hacer con esto, hermano’ (risas). Su pasión por el whisky le emparienta también con el autor de “Overkill”. “Va muy bien para la voz y para la gripe”, bromea. “También es útil fumar”, añade tras preguntarle cómo calienta las cuerdas vocales minutos antes de un concierto. Demostraciones de hombría aparte, High On Fire poseen a día de hoy un sonido personal; sucio pero preciso. “Simplemente sucede. Partimos de un riff o de una determinada estructura muy simple y la vamos desarrollando”. Otro de los aciertos de sus temas, dinámicos y con el don de la inmediatez, es que parecen recién salidos del local de ensayo. “Hay algo de improvisación, pero también nos tomamos mucho tiempo para ordenar y desordenar todo lo que vamos grabando; de hecho, casi pasamos más tiempo manipulando las distintas partes que en la propia grabación. Cuando hay algo que me interesa y me inspira, intento retenerlo en mi cabeza, ya sea una idea o un sonido, y empiezo a escribir y a escribir hasta darle una forma básica. Luego les llevo un esquema a Des (Kensel, batería) y a Jeff (Matz, ex-bajista de Zeke-), y lo trabajamos juntos. Las letras, habitualmente, vienen al final”.

El resultado, crudo y pesado, ha sido definido como thrash primitivo, stoner doom o metal bélico. “No sabría cómo definir nuestra música, únicamente diría que es muuuy heeeaaavy (risas). Una propuesta cruda y pesada que bajo el título de “Blessed Black Wings” ya logró colarse en 2005 a la cabeza de los mejores discos del año de reconocidas publicaciones europeas como Kerrang! o Terrorizer. “Todo grupo quiere aparecer en las revistas y que la gente compre sus discos. La prensa tiene una función iniciática y de guía que merece todo nuestro respeto”. Una ración extra de prestigio que, “definitivamente”, ha supuesto una presión añadida a la hora de encarar su último trabajo. Lejos quedan los tiempos de Sleep, su anterior y vanagloriada banda. “Estábamos empezando. Fue una etapa de descubrimiento y de mucho trabajo”. Casi diez años después de su formación, High On Fire son un modelo a seguir que avanza prácticamente en solitario. “Me gusta lo que hacen grupos como Opeth o Mastodon. Hay propuestas muy interesantes hoy en día, pero hay que saber dónde buscarlas; también se edita mucho material terrible”. A los norteamericanos les espera una gira de dos meses por Estados Unidos y numerosos festivales. “Sólo de pensarlo me canso, necesito unas vacaciones (risas). Habiendo escuchado su último disco y visto lo visto a su paso por nuestro país, sin duda, se las merece.

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