No les quede la más mínima duda de que “You Won’t Get What You Want” (Ipecac, 18) fue uno de los discos más arrolladores del pasado ejercicio. Por eso era una obligación que Daughters nos visitasen de nuevo. Podremos verles en concierto en el AMFest de Barcelona, compartiendo cartel con bandas como Deafheaven, Touché Amoré o Zeal & Ardor, y en otras ciudades como Donostia o Madrid (tienes las fechas al final de esta entrevista). Conversamos sobre su momento actual con John Syverson, su batería.

Estuvísteis en infinidad de listas el año pasado por “You Won’t Get What You Want” ¿Cuáles eran vuestras expectativas al reunir a la banda tras siete años de separación?
Honestamente, primero quisimos demostrarnos a nosotros mismos que éramos capaces de escribir un disco. No había nada más allá que eso. Cuando comenzamos no sabíamos quién lo iba a editar o si a alguien le iba a interesar siquiera. Tuvimos el disco finalizado por completo antes de ir a buscar un sello. No había un plan hasta que no tuviéramos el disco hecho.

Y ahí surgió la relación con Ipecac.
Exacto, es un vínculo genial. No teníamos ni idea sobre si ellos iban a estar interesados en nosotros, pero se dio de una manera aleatoria. Tan pronto como supieron que estábamos haciendo algo de nuevo nos consultaron y ofrecieron la posibilidad de publicar con ellos. Nos sentíamos incómodos con eso de acercarnos a algún sello, porque años atrás lo hicimos y sentimos que nos debíamos acomodar a ellos para seguir adelante, lo cual nunca estuvo entre nuestros objetivos. Así que fue una suerte y una combinación increíbles que surgiera lo de Ipecac. Además les encanta el disco, cosa que apreciamos mucho.

El hecho de que este disco sea el doble de largo que los dos anteriores, ¿responde al hecho de que al ser uno mayor necesita más tiempo para decir las cosas?
(Piensa) Puede que sea porque al hacernos viejos, nos ralentizamos, esa es una razón. Sí, hay cierta madurez en el enfoque musical, pero no fue una decisión consciente el hacer las cosas más largas. No fue así. Con Daughters siempre partimos del sonido del disco anterior. Si antes hubiésemos pensado en hacer un disco así de largo nos hubiese explotado la cabeza. Fíjate que nuestro primer álbum tiene diez canciones en once minutos. Definitivamente nos lo tomamos más en serio ahora, no todo es una broma hasta cierto punto, pero al mismo tiempo no nos estructuramos tanto. No tomamos decisiones concretas en cuanto a hacer una canción más larga que otra.

Creo que si hay una palabra que pueda representar este disco es amenazante. Quizá funcionó tan bien porque actualmente estamos viviendo en un entorno en constante peligro, con todos los desastres naturales que están ocurriendo y estos políticos mafiosos que dirigen el mundo, ¿no?
Es interesante porque, si bien, insisto, no es consciente, yo personalmente siento que vivimos tiempos espantosos, y la música siempre es un complemento de esto. Creo que no tuvimos esta intención, pero también puedo asegurar que siempre estamos influidos por lo que nos rodea, así que es posible que hasta cierto punto, esta tensión se haya traducido en la música. Esto es algo que sentimos como oyentes del disco, no en el momento de la creación.

Bien, dices que no hubo una preconcepción del nuevo sonido del grupo, pero ¿de dónde viene entonces? ¿Nuevas influencias, quizá?
Obviamente hay influencias cuando nos ponemos a escribir. Muchas veces nos inspiramos en ellas, sobre todo cuando estamos trabados; pero al mismo tiempo, para ser honesto, suelo escuchar cosas como música de los sesenta, hip hop extraño o latin funk mientras estoy en proceso de composición ¿Por qué? Porque no quiero accidentalmente recrear algo que estoy escuchando en ese momento. No hay una influencia en concreto en este disco, como te decía, creo que la influencia más concreta es el mundo que nos rodea. Luchamos para mantener Daughters lo más creativo posible y, para lograrlo, lo mejor es no prestar demasiada atención a lo que ocurre fuera.

¿Cómo te sientes hoy en día escuchando los antiguos?
Bueno, nuestro cantante lo dijo muy bien en el momento en que nos reunimos para volver empezar con los primeros conciertos después de nuestro retorno. Tuvo que aprenderse de nuevo las letras, así que estuvo prestándole atención a algo que escribió a los veintipico años de edad. ‘¡Esto es terrible!’, dijo varias veces. Sabes, yo disfruto algunos momentos de esa música, lo cual en el fondo es algo bizarro. El caso es que, cuando entramos en una etapa de escritura de nuevo material, olvidamos las herramientas creativas que usamos para el anterior y empezamos con otras nuevas. Así que es muy interesante escucharlos y tratar de recordar en qué pensábamos cuando compusimos aquellas canciones y por qué terminaron sonando así. Yo no me siento avergonzado al escuchar este material, pero sí pienso en que me gustaría hacer las cosas de otra forma. Lo curioso es que, al mismo tiempo, me parece que están bien. Siempre estaré agradecido de poder haber hecho aquellos discos y… no sé, es raro. Imagina que tú revisases todas las notas que escribiste hace muchos años, cuando eras un niño… Seguramente te preguntarías: “¿En qué coño estaba yo pensando?” (risas).

“Este grupo está siendo algo bastante funcional y lo estamos pasando genial, pero no menosprecio las razones por las que nos separamos en el pasado”

¿Cómo es para ti trabajar con Mike Patton, a quien acompañas como road manager en las giras con Mondo Cane, teniendo en cuenta que el tipo es el dueño del sello que edita el material actual de tu banda?
Cuando se trata de trabajar, yo me esfuerzo para cuidar todos sus asuntos. Hay momentos para estar serios y otros para divertirnos, claro está, pero Mike siempre es flexible y divertido. Es un buen amigo y un gran tipo. Y es magnífico que haya decidido invertir dinero en nuestro disco. Pero bueno, cuando hago de road manager hay muchos momentos intensos, no demasiadas discusiones, pero sí momentos de tensión. Por suerte eso no afecta, por lo general, al todo. Es un tipo que siempre tiene muchas cosas en la cabeza y que se puede llegar a enfadar conmigo porque no conseguí las toallas que él quería, pero eso no le hace mirarme y decirme: “¡nunca más trabajaré contigo!” (risas). ¡Y viceversa! (más risas).

Se suele decir que los conciertos de Daughters son muy intensos e impactantes. ¿Cómo vives esto desde la batería? ¿La rutina de una gira puede hacer que tú vivas esos momentos como un trabajo cualquiera?
Creo que aún estamos en la cresta de la ola en el sentido de que, hasta hace relativamente poco, creíamos que nunca volveríamos a tocar juntos de nuevo. Así que, de momento, cada vez que tenemos la oportunidad de salir a tocar nos lo tomamos como una pequeña victoria, como un regalo. Nos abrazamos a la idea de que aquí estamos de nuevo y no pensamos en separarnos. Es algo que no sientes como un trabajo, porque el simple hecho de que la gente se te acerque a compartir lo que ha sentido en los conciertos contigo ya lo convierte en algo fresco y revitalizante.

Alexis, el cantante, dijo que trabajar en el último disco fue como una reunión familiar. ¿Podrías decir entonces que actualmente sois una familia feliz?
Mmm… Ni mi propia familia está constantemente en un estado de felicidad. No estoy seguro de que los humanos puedan procesar la felicidad cada día de sus vidas. ¡Quizá lo hagan! Yo soy estadounidense, así que no sé bien. Este grupo está siendo algo bastante funcional y lo estamos pasando genial, pero no menosprecio las razones por las que nos separamos en el pasado. Pasamos por tiempos complicados y tiempos alegres, pero el resultado es que hoy para nosotros merece la pena estar con la banda en funcionamiento. Espero que dure mucho.

Tu forma de tocar ha cambiado mucho. Da la impresión de que ahora eres un batería más “emocional”. Seguramente para los cantantes sea más fácil expresar sentimientos, pero ¿crees que los baterías tenéis vuestra propia forma de mostrarlos?
Estoy seguro de que sí. Todo músico es un movimiento artístico y creativo, principalmente si es un performer en directo, ya sabes, estás literalmente dañando tu cuerpo para sacar adelante una canción. Hasta cierto punto, sí que se puede volver emocional, sobre todo si la cosa no va bien. Parece que es más fácil para los cantantes, pero los baterías también tenemos nuestra propia versión de esto.

Habéis presentado el disco en muchos países de culturas diversas. ¿La gente conecta del mismo modo con Daughters en países de habla inglesa como en lugares como España, Rusia o Brasil?
Hay algún tipo de conexión, eso seguro. Puede variar según el lugar, pero en general somos afortunados de tener un público que se suelta, que se deja llevar en los shows y eso hace que a nosotros nos dé la sensación de estar compartiendo la performance, no tocando para ellos. En los primeros quince años de nuestra banda era raro que pudiésemos hacer una gira larga, pero ahora el público nos conoce mejor y sabe más qué esperar. Está más ansioso por vernos. No podría decirte qué diferencia hay entre lo que siente un fan ruso y uno inglés. Yo, en mi batería, me preocupo mucho por lo que debo tocar y me pierdo un poco esos detalles. Eso sí, me doy cuenta de cuando no hay buena energía y eso, puedo decírtelo, no sucede muy a menudo.

Agenda
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
jueves 10/10/19BarcelonaFabra i Coats20:0015 € (AMFest)
viernes 11/10/19DonostiaDabadaba21:0012 €
domingo 13/10/19MadridSala Cool20:0012€