AMFest, una edición de verdadero lujo
Conciertos / Amfest

AMFest, una edición de verdadero lujo

9 / 10
Joan S. Luna, Darío García Coto y Luis Benavides — hace 4 semanas
Empresa — Aloud Music
Fotógrafo — Hara Amorós

Cuatro días en total y propuestas de lo más variado estilísticamente hablando. El AMFest ya no es el festival del rock instrumental y el post-rock, o mejor dicho no es solamente eso. Es mucho más como bien ha demostrado una edición para la que ha agotado todas las entradas y abonos. Y nosotros encantados.

Jueves 10

Pocas formaciones se me antojan más válidas para inaugurar la edición de este año del AMFest, atendiendo a las formas que ha tomado al combinar géneros ya habituales en su parrilla con, entre otros, metal extremo, que los catalanes Foscor. Si el festival ha mutado paso a paso, también lo han hecho los firmantes de “Les irreals visions” a lo largo de una década. Resulta imposible etiquetarles de un brochazo, porque su propuesta ha tomado caminos muy diversos, pero todos ellos complementarios. A eso hay que sumarle que su puesta en escena es brillante, luminosa y oscura al mismo tiempo, áspera y progresiva indistintamente, capaz de justificar a los pocos minutos que se hayan convertido en una de las bandas más internacionales de nuestro plantel.

En cuanto a Daughters, la evolución también es patente estilísticamente hablando. Quince años han pasado desde su anterior visita a Barcelona, una eternidad en el mundo del hardcore radical. Cualquiera de las canciones de “You Won’t Get What You Want” dura lo que prácticamente todo su “Canada Songs”, el disco que vinieron a presentar en aquel momento. Lo espasmódico ha dejado paso a una suerte de caos arrollador. Si antes sus directos se asemejaban más, por poner algunos ejemplos, a los de The Locust, ahora su intensidad anda más cerca de los Swans más veloces o incluso de unos Nick Cave & The Bad Seeds muy cabreados. Mucho. Por eso nos conquistaron a base de adrenalina y cara de pocos amigos con ese maestro de ceremonias que es Alexis S.F. Marshall al frente. Cada día más industriales y menos grind, sorprendieron con una formación de seis músicos y una intensidad que dejaría el listón muy alto de cara al resto de jornadas.

Viernes 11

Fue una lástima que Tides Of Man no consiguieran que su actuación destacase más en la parrilla del viernes. El motivo fue que, pese a un directo impecable y de formas preciosistas, este año la gente no parecía estar muy por el post-rock. Los estadounidenses sonaron, como decíamos, perfectos y con las dosis justas de intensidad, pero no pudieron llevarse el gato al agua. Esa necesidad de aires distintos se hizo muy evidente en la actuación de las catalanas Falç de Metzinera, un dúo vocal-instrumental y una bailarina que se adentran en el pagan folk desde la óptica de la tradición catalana. A medio camino entre la performance y el concierto doom, Martha Wood (Your Grace) y Clàudia Haze recitan o aderezan con bajo y batería respectivamente sus historias sobre brujería (incluidas en su debut autoeditado, “Vol. 1”), mientras el incienso calmaba a los espíritus más desbocados.

Por su parte, Portrayal Of Guilt vinieron en su actual formato trío, suficiente para llevar su propuesta, la expuesta en el brutal “Let Pain Be Your Guide”, a buen puerto a base de rabia, crudeza y un sonido tormentoso que bebe de aquí y de allí sin casarse con nadie. Según quién les escuche y en qué situación, les encajará mejor una etiqueta u otra, pero siempre podremos afirmar con total seguridad que sus conciertos dan la talla (sobre todo el arrollador James Beveridge, a la batería).

La última vez que los polacos Tides From Nebula pasaron por la capital catalana fue en el 2016. En esa ocasión tocaron en la sala Sidecar. Presentaban trabajo, “Safeheaven”, y compartían cartel con los locales Captains of Sea And War. Los mismos organizadores de aquel concierto, la buena gente de Aloud Music, les ha invitado para tocar en el Amfest con la excusa de su nuevo trabajo, “From Voodoo To Zen”. Y digo excusa porque mucho me temo que la organización del festival es muy fan del post-rock melancólico, elegante y por momentos atmosférico del ahora trío. La banda consiguió abducir al público e incluso hacerlo bailar.

Con el trío de Varsovia preparamos los oídos para los platos fuertes de la noche del viernes. Empezando por Brutus, un monstruo tricéfalo que va empezando a asomar por los grandes festivales europeos gracias a los fantásticos “Burst” (17) y “Nest” (19), en los que desarrollan una propuesta especial y que admite pocas comparaciones. Para empezar, pocas bandas tienen una frontwoman detrás de los parches. Stefanie tiró del carro con energía y una voz celestial, una combinación que les hace únicos. El aplauso cerrado que se llevó la banda belga, que no para de acumular seguidores, dice mucho del potencial de la banda. Temas como “War” (¿soy el único que piensa en Muse cuando escucha el punteo inicial?) y “Fire” tienen ingredientes para convencer a post-rockeros, metaleros y hardcoretas modernos por igual.

Deafheaven arrasaron y pasarán seguro a los anales de la historia del AMFest. La sala grande del antiguo recinto fabril era ya una caldera cuando saltaron al escenario, y se convirtió en el mismísimo infierno cuando empezó la actuación los de San Francisco. Y es que subieron la temperatura con los temas más black metal de su repertorio. Sin parar ni para coger aire, el quinteto fue repasando sus cuatro trabajos y nos sacaron de las tinieblas para tocar el cielo con las manos. Así, hicieron buena aquella descripción que les persigue desde sus inicios y encumbramiento por la prensa especializada: la banda black metal de los hipsters. Ciertamente se muestran cómodos entre capas y capas de shoegazer e incluso no se cortan a la hora de hacer partes más sencillas y accesibles. Un gusto verlos en el escenario, disfrutando como niños, con los dos guitarristas de la banda llevando el control absoluto y un cantante que sudó la camiseta como ninguno, entregado a los gruñidos y al noble arte del molinillo capilar. Para el final dejaron una pieza monumental como “Dream House”, incluido en su exitoso “Sunbather”. Impecables.

Los californianos están de gira con sus paisanos Touché Amoré, que celebran el décimo aniversario de su primer trabajo, “… To The Beat Of A Dead Horse”. Y como ya avisó su cantante y letrista, Jeremy Bolm, la primera parte de su setlist estuvo dedicada a ese trabajo ahora re-grabado y re-editado, de cabo a rabo. Ya en el primer tema, “… And Now It’s Happening In Mine”, Jeremy saltó y se fundió con el público, totalmente entregado. Actitud en mayúsculas. Despacharon su debut en menos de media hora y empezaron a caer temas muy celebrados, sobre todo en el ‘pit’, el más entregado de toda la edición, como “Just Exist”, “Flower And You”, “Palm Readers” y “Rapture”, los tres últimos incluidos en su flamante “Stage Four”, publicado en el 2016. “Hace cuatro años falleció mi madre y no creo mucho en cosas como la vida después de la muerte, pero el hecho de que estéis todos cantando esto es lo más parecido”, dijo visiblemente emocionado Jeremy, en referencia a los títulos inspirados y dedicados a la memoria de su madre, que falleció debido a un cáncer mientras la banda estaba girando. Tras interpretar algún tema nuevo como “Deflector”, ya no tan nuevo, y la magnética “Skyscraper” en los bises se fueron dejando un buen charco de sudor en la sala y, sobre todo, muy buenas sensaciones. Si no son la banda de post-hardcore más grande del planeta ahora mismo, poco les falta.

La reputación arrolladora de Bo Ningen quedó plenamente justificada, aunque fue un cierre un tanto agridulce para la primera jornada grande del AMFest. El noise rock del cuarteto japonés suena como uno imagina que debe de sonar un grupo de noise rock, y a la que empiezan es una hostia en la cara. La pena es que acaba siendo de las que no dejan marca: tras el golpe inicial, el efecto se va desinflando poco a poco y se echa en falta alguna nuez tras del ruido.

Daniel Blumberg, otrora miembro de Yuck, llegaba con una de las propuestas más intimistas y personales de esta edición, defendiendo sin más acompañamiento que un teclado y una armónica su debut en solitario, “Minus” (18). La belleza delicada, casi a punto de romperse, de las pequeñas cápsulas melódicas del disco se iba alternando con golpes disonantes de ruido, como si fuera la única forma de que las disonancias emocionales que expresan las letras del mismo no lo rompieran a él. Fue especial, no cabe duda, aunque no fuera para todo el mundo y aunque, en ocasiones, costara encontrar una estructura a la que agarrarse.

AMFest 2019 Zeal And Ardor Hara Amorós

Sábado 12

Probablemente, puestos a separar el grano de la paja, Los Sara Fontán sean los mejores representantes del ethos del AMFest, especialmente en una etapa en la que busca ampliar fronteras estilísticas y no quedarse en ser “el festival de post-rock de Barcelona”. Hay algo del género, eso sí, en los momentos más épicos del concierto, así como en la voluntad de ir más allá del propio instrumento y de lo que se supone que se debe hacer con él. El violín de Sara Fontán, manipulado, filtrado por efectos y loopeado constantemente, guía una serie de improvisaciones con Edi Pou con las que parecen exponer el proceso compositivo de cara al público, privilegiando el buscar por encima del encontrar, sin cerrarse a un lenguaje o estilo concreto. Suenan vivos e incontenibles, algo que precisamente se echa de menos en muchos proyectos de post-rock actuales, que siguen a conciencia los raíles marcados por los pioneros del género.

El tercer escenario acogía poco después el live de Punta Laberinto, conducido por un sintetizador modular con el que iba creando una atmósfera opresiva, densa y por momentos impenetrable. Pasado un rato el bombo que entraba lentamente, como un tambor lejano, conseguía atrapar a quienes empezaban a desconectar, y la paciencia daba sus frutos. No se puede culpar a los que salieron a tomar el aire, eso sí: la electrónica abstracta se disfruta más cuando no hace un calor propio de agosto y estás metido en una sala pequeña y completamente cerrada.

La reunión de 12Twelve era uno de los principales reclamos de este AMFest, y se puede decir que cumplieron el objetivo principal: superar el componente nostálgico y dar un concierto a la altura. Repasaron “Speritismo” (03) al completo, más un par de temas de “L’univers” (06) en el bis, y aunque hay elementos que pueden sonar un tanto añejos desde el prisma del jazz contemporáneo pocas bandas son capaces, aún hoy en día, de hermanar jazz y post-rock y sonar con la misma contundencia y personalidad.

La comparación entre Cocaine Piss y Bikini Kill es tan recurrente como acertada, al menos por lo que se pudo ver aquí. La razón es, eso sí, Aurélie Poppins, que encarna el lado más eufórico y desenfadado del punk y no duda en cantar medio bolo metida en el pogo, ya que la banda suena más cercana al noise rock e incluso al grunge. Uno de esos conciertos que, sin llegar a ser del todo memorables, dan un respiro a la intensidad que rodea la mayor parte de la programación del AMFest.

Intensidad es, precisamente, una de las palabras que mejor definen la propuesta de Zeal & Ardor, que encabezaban la programación del sábado y cumplían, en cierto modo, el mismo papel que Deafheaven el día anterior. Más allá de las simpatías o reticencias que se puedan tener sobre ellos, no se puede negar que la banda liderada por Manuel Gagneux va con los deberes hechos: un directo engrasadísimo, un sonido brillante y un repertorio sólido, especialmente cuando abordan los temas de “Stranger Fruit” (18). Si hay algo que les resta puntos es, de hecho, que la mayoría de temas de su debut no están a la altura de los de su segundo disco, aunque los defienden en directo con la misma efectividad.

Zeal & Ardor compartían lugar privilegiado en el cartel con Pelican, referencia fundamental para cualquier banda que se mueva en la franja entre el post-rock y el post-metal. El cuarteto sigue haciendo de la visceralidad y lo emocional su mejor baza, y puede que sean capaces de explotarlo mejor que nunca. No en vano presentaban el disco más adulto y temáticamente oscuro de su carrera, “Nighttime Stories” (19), que en directo desarrollan de forma catártica y monumental. A pesar de su querencia por los crescendos y los juegos de dinámicas habituales del post-rock, consiguen evitar caer en el sota, caballo y rey del género en todo momento y es difícil encontrar una fisura en un directo como el suyo.

ZA! pusieron el colofón del sábado y siguen haciendo méritos para ser los Shellac del AMFest. Es imposible cansarse de ellos, así que no vamos a poner pegas: pueden tocar todos los años que quieran porque, por suerte, ningún concierto va a ser igual -a veces, ni parecido- al anterior. Y pocas maneras mejores de cerrar los dos días grandes del AMFest que con improvisación y música, como decía a propósito de Los Sara Fontán, viva e incontenible.

Lisabo Hara Amoros AMfest

Domingo 13

La cuarta jornada del Amfest empezó puntualmente a la hora del té con la banda de Manresa Puput. Su delicado pop shoegaze, con momentos de mucho volumen, dio paso al blackgaze de los franceses, Alcest, que a finales de mes publicarán nuevo trabajo, “Spiritual Instinct”. A medio camino entre la post-rock melódico y la solidez de una roca, Neige y los suyos demostraron una vez más –como ya hace su trayectoria en estudio– un que entran y salen de lo atmosférico según les apetece.

La bilbaína Ainara LeGardon jugaba en casa. Su relación con Sergio Picón, el capo de Aloud Music y uno de los miembros destacados de la organización del festival, viene de lejos, muy lejos. A él –y también a su pareja e hija, que estaban en primera fila– le dedicó “Aunque pierda”, precisamente por su apoyo incondicional durante todos estos años. Este tema aparece en su último trabajo hasta la fecha, un excelente homónimo en castellano publicado en el 2017. Ainara llegó al segundo escenario acompañada por sus inseparables Rubén Martínez al bajo y Héctor Bardisa a la batería; juntos la química es alucinante. Entre los tres manejan las intensidades y el volumen con una complicidad que pone los pelos de punta.

La emoción e intensidad se multiplicarían poco después con la aparición en el escenario principal de Lisabö con la formación al completo. Se mostraron muy agradecidos a “sus amigos catalanes”, empezando 12Twelve; dirigiéndose al público en un más que correcto catalán. Arrolladora como siempre, la banda liderada por Karlos Osinaga hizo durante una hora sin tregua lo que mejor saben, rock experimental y machacón, dejándose la piel debajo de los focos. Si los responsables del Amfest querían cerrar por todo lo alto y arrasar en el último de los bolos, y lo consiguieron. ‘Demoliciones Lisabö’ hizo temblar los cimientos de la Fabra i Coats y, sobre todo, dibujó muchas sonrisas de satisfacción.

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