Cuando menos es más
Entrevistas / Pi Lt

Cuando menos es más

Gotzon Uribe — 18-10-2002
Fotógrafo — Archivo

Cuatro discos hasta la fecha, con carácter propio y un sonido característico y reconocible a la primera escucha. Y todo ello cantado en euskera. Un presente sólido, y siempre un futuro muy optimista para un grupo inquieto y con cosas que aportar al panorama musical. Sólo hace falta escuchar su reciente “Minus” (Metak, 02) para tenerlo claro.

Probablemente sea el único grupo de rock que, cantando en euskera, haya tenido un merecido reconocimiento fuera del País Vasco, dejando a un lado todos los matices y motivos de lo que implica y significa para muchos el tan mal entendido rock vasco. Surgidos en Mungia -un pueblo muy cercano a Bilbao que sé esta convirtiendo en dormitorio-, llevan publicados cuatro discos. Él último llevar por título “Minus” y es probable que se trate de su obra más limpia y mejor medida, además de uno de los discos del año para aquel aficionado a la corriente más arriesgada del rock. Ya han pasado unos cuantos años desde que sacarán su homónimo disco de debut, el homónimo álbum blanco editado por Esan Ozenki en 1996. “Hil Da Jainkoa” sería la canción que les abriría muchas puertas y, sobre todo, el camino a que seguidores de todo el estado entrarán en un mundo tan personal como el suyo.

“Una banda de rock tiene que ser sobre todo actitud”

“Creo que nuestra actitud con respecto a la música que hacemos es de una identificación total, como creo que debería de pasar con todos los grupos. En el momento en el que desaparece esa identificación es que dejas de creértelo y mejor dedicarse a otra cosa. A fin de cuentas una banda hace el tipo de música resultante de los gustos personales de sus componentes, digamos que nuestra música es el punto de encuentro entre nosotros”. Un estilismo musical que les ha llevado a la “relativa” popularidad, algo que parece paradójico, pero a su vez real más aún si tenemos en cuenta que se expresan en una lengua minoritaria que algunos pretenden hacer desaparecer. Por si no fuese suficiente, encima han conseguido conectar, algo que dice mucho a su favor. “En una situación de normalización del euskera nadie se preguntaría el porqué de cantar en ese idioma, sería una elección tan natural como cualquier otra, pero como todavía no es el caso, la pregunta sigue planteándose. Nosotros cantamos en euskera en principio por una decisión tan inconsciente como natural, pero también tiene bastante de actitud y de militancia. En este sentido creo que tanto la militancia como la actitud no están de sobra, es más, yo diría que son incluso hasta necesarias”. Ellos no son dubitativos y tienen bien claro dónde están y por qué, aunque muchas veces sea una cuestión de sensibilidad y de recorrer un largo camino para conseguir un reconocimiento, lo cual probablemente no vaya en conjunción con las masivas ventas, pero sí en su sentido musical, en la intuición. “Una banda de rock tiene que ser sobre todo actitud. La actitud es lo que hace que algo resulte creíble o no, incluso está por encima de la aptitud, del ser apto. Puedes tener unas cualidades increíbles pero si no tienes actitud todo se queda en agua de borrajas, no cunde. Yo lo veo como algo necesario en todos los ámbitos. Siente lo que haces y lo que haces tendrá sentido”. Suenan a rock, a rock de verdad con tintes de vanguardia, y además consiguiendo un sonido que les caracteriza. Rafa (voz y guitarra), Aitor (teclados) y Xampe (batería) han encontrado el giro estilístico definitivo. Para conseguirlo se les ha unido un nuevo bajista, David González del grupo E Virus 69 y sustituto del popular Txarly Solano, cotizado músico de estudio. De tal forma que la elaboración de “Minus” ha sido algo muy significativo para ello. “Este disco es el resumen y a la vez la salida de un año que ha sido muy difícil para nosotros, en el que hemos estado parados y a su vez sufrido muchos cambios, ha sido como volver a empezar. Nosotros hacemos música por una necesidad vital y cada disco digamos que es como una actualización de nuestra visión personal. Tener otro tipo de objetivos a la hora de hacer un trabajo puede ser demasiado pretencioso. Lo que sí es seguro es que aportamos nuestra interpretación particular de la música, que no es poco, y si a alguien le resulta atractiva mejor que mejor”. Y ¿cuál es el motivo de que un grupo tan complejo como vosotros haya funcionado?

“Nos lo creemos tanto que en directo es difícil que dejemos a alguien indiferente”

“En cierto modo, creo que hemos tenido mucha suerte porque desde el primer disco tuvimos una aceptación en el estado poco habitual para bandas de nuestras características. Por un lado hay un trabajo bien hecho y que la gente ha encontrado interesante. Por otro, emisoras como Radio 3 y publicaciones de música alternativa que han tenido mucho que ver. Digamos que, en el plano radiofónico, Radio 3 es la única emisora de ámbito estatal que programa música fuera del circuito comercial, por decirlo de alguna manera, y ha sido una suerte que nos hayan hecho aunque sea un poquito de caso, porque siendo la única es muy difícil”. Además, los miembros del grupo no dudan en reiterar su humildad. “En primer lugar diría que somos una cuadrilla de amigos que siempre hemos salido juntos, que hacen un tipo de música en el que la fuerza y la sensibilidad están bastante bien empastadas y que nos lo creemos tanto que en directo es difícil que dejemos a nadie indiferente. Puede gustar o no, pero el camino intermedio no es lo más habitual”. El que descubra al grupo con “Minus” no podrá obviar sus tres discos anteriores, cada uno con un concepto atemporal, diferente y, a su vez, con la plasmación de la pulsión del momento. Tal fue el caso de “Denbora” (Esan Ozenki, 98), su segundo y mejor disco, grabado por el reputado técnico Jose Lastra y delante del cual se rindieron tanto los medios como él publico. Una evolución que han ido lubricando y madurando, jugando en cada disco con estilismos distintos. “Pienso que hemos tenido una evolución bastante natural y gradual a la vez. Con el tiempo, los temas han ido transformándose de los ambientes más industriales del principio a algo más orgánico e incluso diría que básico, sin que haya habido ninguna sensación de cambio radical. En estos años hemos aprendido a sintetizar y a desarrollar bastante mejor de lo que lo hacíamos al principio. También hemos ganado bastante confianza y eso se nota en que el sonido del grupo cada vez es más maduro. La verdad es que estamos en un momento muy agradable”. Es difícil mencionar grupos de referencia que escapen de la obviedad al hablar de PiLT porque su valor no reside en ser referencial o sonar como una banda en concreto. Está claro que no reinventan nada y, para muchos, la influencia de bandas como Nine Inch Nails, Faith No More o Led Zeppelín –entre muchos otros- resulta básica. Sólo que la gracia está en que a esos sonidos heredados han sabido darles un carácter propio. “Supongo que nuestra mayor referencia será la música que hemos escuchado. En nuestro caso es bastante más simple que hablar de conceptos artísticos o cosas así. El concepto de este disco es más fruto de la dinámica que de la reflexión. Le hemos dado mucha cancha a la intuición intentando mantener ese punto de naturalidad de lo inmediato y ha sido bastante divertido. Estilísticamente puede que haya quedado un disco que tenga una onda un tanto stoner, pero en el sentido literal de la palabra. Algo fuerte y orgánico”. Para terminar, no podemos dejar a un lado la crisis que esta sufriendo la música alternativa, perfilada en bandas minoritarias, pequeñas discográficas, apatía del público… un conglomerado que genera la pobre idea de “mantener lo que uno tiene para que no se lo quiten y obviar el resto”. “Los usos y costumbres están variando y parece que, de momento, no apuntan a algo que nos permita ser optimistas. Creo que lo bien hecho tiene una vigencia mayor que la de una coyuntura concreta. Siempre va a merecer la pena, y el hecho de que tenga más o menos aceptación no debería ser un condicionante, aunque es verdad que

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