Con la edición de su primer disco, “Black Islands” (Autoeditado, 14), el cuarteto barcelonés ha dado la sorpresa, abriéndose un hueco tras años picando piedra. El triunfo de uno de esos grupos que ejemplifican aquello de salir al campo a disfrutar y sin ningún sello que los respalde.

Al otro lado del teléfono, el cantante Javi Adrover confiesa que la banda se siente sorprendida por la buena acogida que ha tenido el disco. “Llevamos años tocando y no sería la primera vez que tocamos para cinco personas. Cuando hicimos la presentación del disco en Barcelona flipamos con la cantidad de gente que vino, superando el aforo. Hemos estado chupando rueda estos años y de repente viene gente que no conocemos a los conciertos”. La culpa la tiene su nuevo disco, de título homónimo, y especialmente una canción, “Benicàssim 97”, un canto a su propia juventud musical en el que dejan claros cuales son sus referentes musicales. “Para nosotros es tanto un homenaje a Ajo, la poetisa, que hace unos micropoemas brutales como un guiño a nuestro propio pasado. A partir de un poema suyo nos pusimos a recordar todo lo que sucedió en esa edición de Benicàssim, que fue el año del diluvio”, comenta Adrover. “Lo flipados que estábamos a los veinte con la música y aquí seguimos, igualmente enganchados. Cuando hablas de los noventa parece que sólo había un par de grupos y un sonido muy concreto, cuando en realidad yo los recuerdo como unos años en que escuchabas millones de cosas y muy diversas. Para mí los noventa también son la década de grupos como Fugazi, Seam, Tortoise o Urusei Yatzura. Además también escuchamos grupos actuales: no hemos dejado de descubrir grupos nuevos, pero a la vez fue en la época en que nos formamos como oyentes, así que es normal que la tomemos como referencia a la hora de hacer música. Es lo que te sale”.

El tema se ha convertido en un fijo para muchos Dj’s y eso ha contribuido a darle un empujón a un disco que han publicado ellos mismos sin ayuda de ningún sello. “Santi (García) estaba convencido de que encontraríamos sello para el disco, pero después de moverlo entre unos cuantos sellos nos olvidamos del tema”. No fue hasta un tiempo después que Burger Records les escribiría interesándose en publicar el álbum en casete a través de su subsidiario Wiener Records. “Eso es algo anecdótico, la verdad. Wiener es más un fabricante de casetes que un sello, pero lo importante para nosotros es que el disco suena y a la gente le esté gustando”, y ahí está realmente el secreto. Resulta difícil resistirse a lo que contiene “Black Islands”: diez contundentes ejemplos de rock hecho por puro amor a lo que significa hacer ruido con una guitarra entre las manos. Simple y perfecto.