Conciencia y accidentes
Entrevistas / Matthew Herbert

Conciencia y accidentes

Joan Cabot — 13-06-2006
Fotógrafo — Archivo

En “Scale” (!K7/Satélite K), Matthew Herbert vuelve sobre el pop y el house de aire jazzero sin abandonar un discurso ético y estético que se ha convertido en el núcleo de su obra. Suena más accesible que en “Plat Du Jour”, pero no abandona el compromiso con los tiempos y sigue sacándole punta a un ideario que conecta la música concreta con el anti-belicismo. Una nueva aventura del hombre-método. Este mes de junio estará en el Sónar (y en julio en el FIB Heineken).

“Más que volver al pop lo que me apetecía era volver a escribir canciones, temas de tres o cuatro minutos que tienen un efecto inmediato en la gente”, explica Matthew Herbert. Su nuevo disco “Scale” retoma las sonidos de sus primeros trabajos, con la voz de su esposa Dani Siciliano como gran protagonista. También se vuelve a las texturas de “Goodbye Swingtime” (Accidental, 03) a los ecos de jazz y las voces armoniosas, esta vez rodeadas de objetos sampleados para completar el collage. Aunque él ve una clara continuidad respecto a su anterior disco, el conceptual “Plat Du Jour” (Accidental, 04). “Es verdad que el sonido es bastante diferente, pero en cierto sentido es lo mismo. Intento contar la misma historia de la misma manera, con las mismas técnicas, pero presentadas de una forma diferente. En ´Plat Du Jour´ contaba la historia de forma experimental y ahora lo hago con algo que la gente puede tararear”. En cierto sentido echa la vista atrás para aplicar los viejos trucos aprendidos a lo largo del camino. “Es un disco de Herbert. Si escuchas mis discos anteriores verás similitudes y conexiones entre uno y otro, hay una unión, pero para mí este es un disco hermanado con ´Plat Du Jour´”.

"No es que gane terreno el discurso político, es que George Bush gana."

La historia de “Scale” es la de un mundo que parece haber perdido el sentido común. En los últimos tiempos su discurso político ha ido ganando terreno hasta convertirse en el eje central de su trabajo artístico. “No es que gane terreno el discurso político, es que George Bush gana. El Lado Oscuro está ganando. La guerra de Iraq sigue... Por ejemplo, antes no había terrorismo en Iraq y ahora hay atentados cada día”. Desde que publicó en Internet su manifiesto Contrato Personal Para la Composición de Música (PCCOM), Herbert ha acentuado el tono izquierdista de sus trabajos. “Después de lo del manifiesto decidí tomarme a mí y a mi música un poco más en serio y no sólo como algo para un sábado por la noche”.

El hecho es que tampoco es el primer artista electrónico en dotar a su música de lecturas políticas. Lo hicieron antes en Detroit y durante la época Thatcher en el Reino Unido, pero quizás Herbert haya sido uno de los que más en serio se ha tomado el tema últimamente. Es lo que pasa cuando detrás de los mandos está alguien con tendencia a reflexionar sobre todo lo que hace, por mucho que defienda los accidentes como parte del proceso creativo. “Cuando mezclas diferentes capas de música, las canciones siempre son un accidente”, explica. De hecho, los accidentes, la sensación de que están allí, convierten la música de Herbert en algo más humano. Donde no entra la casualidad es en la elección de los diferentes objetos que samplea (setecientos veintitrés, reza la hoja de promoción). “Es todo muy deliberado. Elijo lo que quiero contar y luego los sonidos que la pueden representar. Así que las historias vienen primero y los sonidos vienen después”.

Compra trastos raros por e-Bay y graba ataúdes, surtidores de gasolina y bombarderos de la Royal Air Force. A pesar de que el proceso sea poco convencional, el hueso de las canciones de “Scale” es mucho más simple. “Es irónico porque, a pesar de lo que decía en el manifiesto sobre cómo se debía componer música, escribo canciones con algo muy básico, teclados y cajas de ritmo. Básico y barato (risas). Si quiero un arreglo de cuerdas lo hago con el teclado y si quiero un ritmo lo toco con la caja. Sólo intento darle forma a las ideas de forma rápida, sacarlas a fuera cuanto antes”. Herbert venía de producir el disco de debut de la ex-Moloko Róisín Murphy y se encerró en una habitación para componer el disco de una sentada. “Soy un fascista cuando compongo. Me senté solo en una habitación y escribí el álbum en diez días. Escribí unas dieciséis canciones y luego fui ensamblando los demás elementos. Soy bastante particular sobre lo que quiero y cómo lo quiero”.

Para los arreglos ha vuelto a contar con alguno de los músicos con los que ya colaboró en “Goodbye Springtime”, pero el acento esta vez está en las voces, si cabe mucho más que en cualquier de sus anteriores trabajos. “Cuando pones una voz en un disco el oído va primero a la voz, primero la escuchas y luego la música y la construcción de la canción. En ese sentido me interesaba buscar ese efecto para tratar este tipo de temas. En cuanto a las letras, son importantes en tanto provocan una reacción”.

Aunque también han colaborado Neil Thomas y Dave Okomu, la mayoría de temas los canta Dani Siciliano, que con un tono algo melancólico y siempre liviano va reflexionando sobre temas tan poco melancólicos (más bien irritantes) y nada livianos como la tensión global o la nueva fiebre del petróleo, temas todos ellos muy de pista de baile. “Es imposible recrear el sonido del disco en directo, así que el show será una especie de cabaret electro-acústico”, comenta Herbert hablando de los conciertos previstos en nuestro país. Este verano tendremos la oportunidad de verlo presentando “Scale” en el Sónar y el FIB Heineken.

Mientras esperamos, podemos empadronarnos en Country X (www.countryx.org), su nuevo proyecto en la red con el que pretende llevar un paso más allá sus reflexiones sobre el mundo en el que vivimos. “La idea es crear un país al que pertenezcas por tus convicciones y no por el hecho de haber nacido en un lugar. La cuestión es que puedes vivir en algún sitio del planeta sin necesidad de molestar a nadie, sin violencia, un país definido por sus creencias”. De creencias va “Scale”: Matthew Herbert cree que la música electrónica no tiene por qué ser ciega y muda ante el mundo, ni tiene por qué ser simplemente la banda sonora para el escapismo del fin de semana. De allí a ser la chispa que encienda la revolución hay un trecho, pero si no tener postura es en sí la más estúpida y fácil de las posturas, al menos habrá que reconocerle la honestidad.

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