Fu Manchu. Cuentan que el stoner rock (algo así como la combinación entre las enseñanzas de Blue Cheer, MC5 y Black Sabbath a base de fuzz salvaje) viene a ser el estilo musical más indicado para perderse en el desierto, el ideal para tirar millas en una carretera recta y capaz de extenderse hasta el infinito. Sólo que en este país ni tenemos desierto, ni autopistas hasta el infinito, así que ¿puede alguien decirnos por qué motivos entrevistamos a dos de los tipos más sosos de la actualidad rockera? En MondoSonoro hay que ir con mucha cautela a la hora de mostrar tus gustos porque si prestas demasiado interés por algún estilo en concreto, corres el riesgo de ser automáticamente catalogado con alguna de esas muletillas tan injustas como previsibles. Desgraciadamente, un servidor tardó demasiado tiempo en darse cuenta de ello y cuando hace unos años descubrieron mi afición por escarbar en cubetas de segunda mano en busca de viejos vinilos de Blue Cheer, The Guess Who, Mountain, Grand Funk Railroad o Steppenwolf, estaba, sin saberlo, convirtiéndome en el nuevo especialista de grupos de «stoner rock» (algo así como rock colocado) de la revista. Una elección «dedocrática» que, para ser sincero, no lamento en absoluto ya que me ha ofrecido la oportunidad de saborear buenos discos como los de Nebula. Q.O.S.A. o Atomic Bitchwax. Lo que sucede es que sentir la constante presión hiperactiva de nuestro jefe de redacción exigiéndome cosas para pasado mañana me pone de los nervios, pero bueno, intentemos aislarnos de ello y ejerzamos, una vez más, mi adquirido rol de especialista en todas estas jóvenes bandas que se dedican a recuperar los correosos sonidos de antaño. Pesados riffs distorsionados con pedales fuzz emitidos por viejos amplificadores a todo trapo. Si a eso le añades que la mayoría de estos grupos editan en sellos independientes como Man’s Ruin, Rise Above, MIA, Mammoth o Cargo Records y que además cada vez cuentan con un mayor número de seguidores te encuentras frente a un apasionante ambiente underground que cuenta con bastantes puntos de referencia. Entre estos referentes tenemos a los ya mencionados Kyuss y sus posteriores secuelas (Q.O.S.A., Slo Burn, Unida) pero tampoco hay que olvidarse de la importancia de un apartado lugar situado en pleno desierto de Palm en California en el que Chris Goss (líder de los inclasificables Masters Of Reality) tiene sus Monkey Studios. Un lugar por el que han pasado buena parte de las bandas de este estilo y en el que se ha perpetrado el último disco de Fu Manchu, otra de esas bandas imprescindibles para entender este nuevo resurgir del más rugiente hard rock americano. Un puntal cimentado a base de un sonido saturado, primitivo e intenso. Un grupo que surgió hace diez años de la cómplice amistad de Scott Hill (cantante, compositor y guitarra) y Brad Davies (bajo). El primero obnubilado por los viejos discos de Thin Lizzy (de los que versionearon su «Jailbreak»), Black Sabbath, Mountain o MC5, pero también de los nuevos de Black Flag, Bad Brains o Circle Jerks decide montar una banda donde dar cabida a una doble afición: por un lado la de rendir culto a su amor por un sonido que tras las modulaciones de la década pasada sonaba cien por cien retro y, por otro lado, canalizar su pasión por los grandes coches y por las viejas películas de motos y autos de las que «Easy Rider» y «Los Locos De Cannonball» serían sus dos más dignos exponentes. Con todos estos datos anotados mentalmente en mi cabeza me dirigía a mi cita con Fu Manchu imaginando que me encontraría con una bella hilera de lustrosas furgonetas aparcadas en formación de a uno frente a la puerta del Garatge barcelonés y, ya puestos a imaginar; creía que me encontraría con unos fornidos rockeros de los que te reciben con una lata de cerveza en una mano y un canuto en la otra. Nada más lejos de la realidad. En la puerta de la sala, las furgonetas que ilustran la cubierta de su último disco, «The Action Is Go» (Man’s Ruin 1999), han sido sustituidas por un enorme autocar de gira en el que me reciben Scott Hill y Brad Davies. Justo en ese momento mi capacidad para fantasear se hace añicos. Me encuentro ante dos tranquilos americanos que, a punto de cumplir los treinta, aun conservan cierto aire adolescente y que me reciben con cierta timidez quizás impresionados ante el gran número de entrevistas que han tenido que realizar en una misma tarde. Tras las cuestiones de tanteo empiezo a vislumbrar que pocas cosas interesantes van a surgir de nuestra charla. Incluso si les pregunto por alguna anécdota realmente loca que les haya sucedido, siendo cómo son una banda que ha sobrevivido a base de tocar constantemente a lo largo de su país. (Scott) «No recuerdo nada realmente loco que nos haya sucedido, además me siento muy estúpido explicando anécdotas». Si me intereso por la relación entre el stoner rock y la marihuana se desmarcan totalmente del término stoner. «Nosotros hacemos simplemente rock» y niegan que la marihuana haya influido nunca en sus composiciones «de hecho nunca he escrito un tema sobre la hierba porque no quiero que nos relacionen con los grupos stoner» dice un Scott convencido. Si me intereso por las producciones de Joe Barressi. (Scott) «Es un buen amigo y ya llevábamos mucho tiempo queriendo trabajar con él». (Brad) «Sí, definitivamente Joe ha contribuido a reforzar nuestro sonido». Y así de una forma más o menos lacónica van destrozando mi estúpido cuestionario con unas respuestas que demuestran que estos chicos reservan todas sus fuerzas para sus adrenalínicos conciertos y que pese a lo que ellos preconizan («podemos llegar a ser tan grandes como Monster Magnet» (Scott)) no saben que les falta arrogancia. Por no decir agallas. «The Action Is Go» está publicado por Man’s Ruin/Edel.