El artista andaluz ha sabido encontrar en la producción de Juan de Dios Martín (Deluxe, Le Punk), un aliado perfecto para dotar a su música de una robustez y un lujo de detalles muy interesante.

La carrera de Albertucho parece haber seguido un ciclo estacional, si en “Lunas de Malalengua” el sevillano escribía con la pasión y el desenfado de una noche de verano, en “Amasijo de porrazos” su sonido se mostró afilado y abrupto como el invierno. Ahora vuelve la primavera, la poesía de su primer álbum “Que se cayen los profetas” y con “Palabras del capitán Cobarde” se embauca de un sonido colorista y desenfadado pero dibujado con pinceladas muy precisas. “Es un disco donde nos hemos parado a pensar tanto en el aspecto compositivo como en la grabación”. El nuevo disco, el cuarto en la carrera del sevillano, se ha parido en Casadios, el estudio de Juan de Dios Martín (Deluxe, Le Punk…), un productor que gusta de los sonidos cálidos, de la guitarras abiertas y el susurro analógico. Un lugar ideal para reflejar la poesía de Alberto, de su forma de mostrar ese imaginario que le ronda por la cabeza y que cada vez describe con más certeza. “Suelo hablar de cosas muy mundanas y por eso me gusta embellecer mis letras de una forma poética, aunque es cierto que empiezo a hacerme menos pajas mentales”. Y así es, en temas como “El cuento del que no limpia el fregadero” se ejercita con maestría en el arte de escribir con mensajes velados. Y es que un tema a pachas con Diego Pozo (Los Delinqüentes) y de ritmo chirigotero se alza como el de fondo más certero del disco. “Hay gente que puede interpretarlo como una guasa y sin embargo es el tema más serio del disco. Sólo que hay que leer entre líneas. Para mí es importante que cada letra esconda una segunda lectura. Como decía Nick Cave, yo no me fío de una letra en la que no se pueda leer entre líneas”.