Conducir por las carreteras de Estados Unidos mientras se escucha música se ha convertido en un acto de envergadura mitológica. Hacerlo con el músico al lado es, sencillamente, una forma más de hacer una entrevista. Pero un disco como “Palaces” (Antenna Farm) merece, como mínimo, ese esfuerzo.

Bart Davenport cambia el coche de alquiler en el aeropuerto de Sacramento. “El volante está mal, no creo que pueda llegar con esta mierda de PT Cruiser a Seattle”. Una mini gira en solitario por la Costa Oeste americana complementa la presentación que en los últimos meses ha ido haciendo de su último disco, “Palaces”, por todos los puntos cardinales del país.

“Dirigirte al público con una guitarra acústica te obliga a ser muy directo, a conectar con él a la primera”

“Bueno, por suerte, este disco está lleno de canciones que se pueden tocar con apenas una guitarra acústica y la voz. En ocasiones, cuando las giras no son muy grandes ni hay mucha pasta de por medio, el reto de hacerlas en solitario me ayuda a afianzar mi idea de proyectar mi carrera como cantautor. Ya echaba de menos tocar de esta manera”. Davenport ha estado ocupado últimamente, bien con la banda Honeycut, bien con colaboraciones como bajista en bandas del área de San Francisco, y siempre, siempre, buscándose la vida como músico profesional. “Claro que me gustaría girar con unos músicos que respaldaran mis composiciones. Mejor aún, me gustaría decidir cuándo viajar con ellos y cuándo no. Igual que hace Neil Young, pero los músicos medios, como yo, nos tenemos que ajustar a las circunstancias”. Esas circunstancias están tan presentes que incluso condicionan las composiciones. “Dirigirte al público con una guitarra acústica te obliga a ser muy directo, a conectar con él a la primera. Yo he encontrado la fórmula a base de desnudar las canciones, de contar historias sencillas, buscando las palabras apropiadas. Es como escribir poesía. A veces, una palabra te va a comunicar más que tres párrafos”. Bart es un conductor experimentado. Son veinte años de carrera y carretera. Ni rápido ni lento, ni violento ni torpe. Suave. Como su música. Otra de sus características es la alegría que destella su cara siempre sonriente. “Tengo que hacerme a la idea de que la gente me ve como un tipo alegre. Sin embargo, si escuchas las letras de ‘Palaces’ comprobarás que dentro de esa alegría también hay recovecos oscuros, dolientes. Fíjate en The Beach Boys. La gente dice que es música alegre, típica de California. Pero si escuchas alguno de sus temas y miras la tristeza y miseria con las que ha vivido Brian Wilson puedes comprender que la música alegre puede envolver sentimientos duros y tristes”. Como si estuviera planeado, comienza a sonar en la radio “Alone Again (Naturally)” de Gilbert O’Sullivan. Davenport salta del asiento. “Mira, ¿ves lo que quiero decir? Esta es la canción más triste de la historia, y escucha que ritmo tan pegadizo”. Cuatro días en la carretera requieren un kit de supervivencia musical bien surtido. Lleva mucho bluegrass y country folk añejo, AM goldies de los setenta, soul, Tom Petty, Os Mutantes, Ron Sexsmith, The Beatles, The Changes, Hacienda –“son los Beach Boys de Texas, tío”-, entre otras cosas. Escuchando todo eso, no parece raro que en este cuarto álbum en solitario se mezclen sus influencias. “Bossanova, soul y soft rock al principio, en lo que sería la cara A del disco. Luego llega ‘Born To Suffer’, que es como si hubiera mezclado a Paul Weller con Captain Beefheart, y da paso a la cara más triste del disco. Ahí es cuando me dejo llevar hacia el lado country, folk, para cerrar con ‘Lil’ Bunny’, un tema esperanzador y nuevamente abierto a la alegría. Dedicado a mi chica, por cierto”. Ponemos “Palaces” y lo escuchamos de tirón. “No recuerdo cuándo fue la última vez que escuche el disco entero. Pero me gusta (risas). Llueve en Seattle, llueve en Portland, llueve sin parar, con tristeza y sin descanso. Su disco es pura elegancia, pero no desentona aquí arriba. “Tío, había olvidado lo oscuro que es el noroeste. Si desayunas a las doce y das un paseo, luego ya es de noche”. Davenport telonea a Cryptacize y a Danielson en esta gira. En Seattle apenas le conocen, y llegó temiendo la reacción del público. Triunfó entre una audiencia de todas las edades, a pesar de su camiseta de colores y su traje blanco. En Portland el público fue más numeroso. Algunos disfrutaron de su actuación sentados en el suelo, otros de pie. “Me gustan esas actuaciones donde el público te presta toda su atención. Te escucha. El público también tiene su responsabilidad en un concierto. Por eso me gusta tanto tocar en España. Allí la gente acude a las salas con ganas de escuchar música, y te lo transmiten”. Quizá su público español pueda ver en directo a Davenport en febrero. Quizá. Él siente que, como en San Francisco –última ciudad de esta gira-, en nuestro país toca en casa.