Los holandeses, una de esas gratas anomalías a las que son tan aficionados en los Países Bajos, han vuelto a lo grande con el energético Bubble Gum (Caroline/Music as Usual, 19), su quinto álbum en diez años. La formación liderada por Torre Florim, que consiguió más visibilidad en nuestro país gracias a acompañar a Muse en su gira de 2016, no afloja con su imaginativa amalgama de géneros aparentemente antagónicos y su retorcido sentido del humor. Su nuevo trabajo plantea una nada pedante reflexión sobre estos tiempos crispados, cristalizada en el soberbio vídeo del single Kitty Kitty. Florim, perfeccionista incorregible, responde a nuestras inquietudes por correo electrónico, poniéndole tantas ganas como si estuviera en persona.


¿Qué os propusisteis hacer con este nuevo disco? ¿Es el más electrónico, futurista y con menos guitarras de vuestra carrera?
Un montón de gente piensa al oírlo que es el disco en el que usamos menos guitarras y más sintetizadores, pero en realidad no es así. Usamos un montón de pedales raros y procesadores digitales, que son los que producen ese sonido. Lo divertido de tocar la guitarra es que incluso pulsando la misma nota una y otra vez, suena diferente. Porque es una cuerda y tú eres un humano tocando esa cuerda de manera distinta cada vez. Eso hace que sea automáticamente un sonido orgánico. De modo que si tocas guitarras a través de pedales de sonido sintético, consigues lo mejor de ambos mundos: orgánico pero robótico a la vez. Mientras hacíamos el disco, eso se convirtió en un tema en lo musical, pero no era el plan original. Habíamos estado tocando la mayor parte de las canciones de nuestro disco anterior, O (Caroline, 2016), y era natural que estuviéramos aburridos de aquel sonido y quisiéramos ir en una dirección un poco diferente. Siempre hemos robado elementos de todos los géneros, pero creo que en este disco sin duda se ha colado un modo de componer influido por las canciones largas y repetitivas de la música de baile.

¿Diríais que, musicalmente, es vuestro trabajo más ambicioso? Como bien dices, es cada vez más difícil meter vuestra música en una categoría genérica.
¡Gracias! Me encanta que la gente tenga problemas para meternos en un molde. Para mí, eso siempre son buenas noticias. Creo que vamos a tener nuestro propio molde de De Staat. Hasta que nos cansemos de él (risas). No creo que nos hayamos vuelto más ambiciosos, siempre lo hemos sido. Lo que sí pienso es que estamos algo más relajados: sabemos quiénes somos y lo que nos gusta. Quizá estamos más concentrados. También tenemos una gran base de fans que nos han apoyado durante mucho tiempo. Es nuestro quinto disco, debería ser un nuevo capítulo molón, pero ya tenemos una sólida historia detrás. Probablemente, esto hace que te importe más un carajo lo que pase a tu alrededor, y que te diviertas sin más. Así es como se llega a un tema semi-techno como Pikachu.

Leí que el título del disco se refiere a la actualidad, en el sentido de que casi todo el mundo parece atrincherado en su propio mundo, sin atender a nada más. La realidad es que en numerosos países la gente parece estar profundamente dividida. ¿Dirías que éste es el tema central del disco?
Sí, en gran medida. Todo empezó cuando hacíamos Kitty Kitty. Me obsesioné con la campaña política de Trump y el contraste entre dos grupos diferentes: Izquierda y derecha, azul y rojo, demócratas y republicanos. Ambos grupos parecían estar en realidades distintas, en burbujas diferentes. Al trabajar en otras canciones, me di cuenta de que un montón de las nuevas trataban de una u otra manera de ello. “Burbuja” parece ser la palabra de hoy, la nueva religión. La gente tiene muchísima fe en su propia burbuja. Sólo asimilamos la información que encaja en nuestro punto de vista; lo que no te gusta, lo dejas fuera. Yo mismo soy culpable de estar en una burbuja, por supuesto. A veces he estado muy aislado durante la creación de este disco. Pero no siempre es algo malo. Estar en un grupo es, básicamente, estar en una burbuja que viaja (risas). Y por supuesto, tienes que encontrarte en una para terminar un álbum. Así que mientras hacía este disco, me obsesioné con las burbujas en general. ¿Qué es verdad, qué es real, qué es falso?  Al final, me pareció que el disco tenía que llamarse Bubble Gum, una masa de burbujas en forma de chicle pegadas a un disco. 

“La gente sólo asimila la información que encaja en su punto de vista”

¿Te parece que las redes sociales tienen buena parte de la culpa de este fenómeno tan inquietante?
No lo sé. Lo que creo es que todavía necesitamos averiguar qué son las redes sociales y qué hacen. Y coger las cosas con pinzas. Los bocazas tienden a ser trending topic y dominar los tiempos. Eso no refleja la realidad. Pero si la gente lo percibe así, quizá sí lo haga (risas).

Tengo la impresión de que intentáis hacer música de hoy, con un sonido moderno, aunque crudo. La mayoría de los grupos tienden más a inspirarse en el pasado, en grupos clásicos. ¿Os cuesta conseguir vuestro sonido en cuando a producción y composiciones?
Cuando compongo y grabo, la mayor parte del tiempo quiero aventurarme y crear mi propio pequeño mundo. Ahí es donde, para mí, está lo divertido de todo esto. Eso sólo pasa si cambio de enfoque cada vez que hacemos un disco. Oír el nuevo disco de ASAP puede ser tan inspirador como escuchar la banda sonora de Blade Runner, la película de los ochenta. No me importa. Siempre hay algo interesante que puedo usar. Incluso en canciones que detesto. Lo que sí tengo claro es que no voy a encontrar mucha aventura en la música rock de los últimos años. Así que tiendo automáticamente a buscar en otros sitios.

Aunque hay canciones tan interesantes como Kitty Kitty, Mona Lisa o la que cierra el disco, con ese final casi épico –Luther-, Level Up es mi favorita, con ese bajo electro y estupenda melodía de voz. ¿Qué me puedes decir de ella?
Es una canción sobre tener la sensación de que todo lo que haces debe tener un propósito para tu trabajo. En un momento, me di cuenta de que todo lo que estaba haciendo tenía que inspirarme de un modo u otro. No iba a un museo o a ver una película para pasarlo bien, estaba siempre buscando un “input”. Incluso con gente con la que hablaba en una fiesta. Todo tenía que ser útil para mis composiciones. Me sentía como que tenía que mejorar cada segundo del día. Lo cual es una mentalidad rara pero común a los artistas, creo. La vida era a veces como un videojuego, tenía que pasar al siguiente nivel. Por eso la canción tiene un tempo animado y un montón de esos ruiditos Nintendo de la vieja escuela.

De hecho, el humor es un elemento esencial en vuestra música. Has dejado claro en más de una vez que no os tomáis muy en serio, lo cual es saludable.
Siempre me han encantado los grupos que se ríen un poco de sí mismos. De ese modo, nadie podrá hacerlo. Beastie Boys son un ejemplo excelente. Creo que lo más potente está siempre en algún lugar entre lo oscuro y lo divertido.

En España se os conoció sobre todo cuando teloneasteis a Muse hace poco tiempo, en 2016. ¿Qué recuerdos tenéis de aquella gira?
Girar con Muse ha sido de las cosas más divertidas que hemos hecho como grupo. Pudimos tocar delante de públicos de entre doce y veinte mil personas. La mayor parte de esa gente no tenía ni idea de quiénes éramos, y conseguimos muchísimos nuevos fans. El show era circular, con el escenario en medio del público. Al principio era un poco raro, pero luego fue muy divertido. Al mismo tiempo, estuvimos con su equipo y pudimos ver de cerca cómo funciona una gran producción con drones y todo eso, y aprender ello. Así que les estamos muy agradecidos, son unos tíos muy majos. Los españoles saben montarse una fiesta, no es ninguna broma.

“Me obsesioné con las burbujas en general. ¿Qué es verdad, qué es real, qué es falso?”

¿Cómo enfocáis en este punto y con este disco el directo? ¿Preferís tocar en grandes estadios o en pequeños clubs? Sois de los pocos grupos que conocéis bien ambas experiencias.
Lo que más me gusta de cómo giramos ahora es que tocamos, literalmente, en todo tipo de escenarios. En Holanda podemos tocar para 6.000 personas en una sala de Amsterdam, mientras que en Manchester puede ser un club con un aforo de 300. Me encantan ambas situaciones. Los conciertos más grandes nos permiten explorar lo visual un poco más, con iluminación y proyecciones. Los clubs pequeños son una experiencia de contacto directo con gente en una sala, lo cual es valiosísimo.

Para terminar: sacáis un nuevo disco en un momento de mucha volatilidad para la música grabada. ¿Cómo os sentís en relación a la industria y cómo percibís que han cambiado las cosas desde vuestro primer trabajo?
Todo cambia súper rápido. Es muy interesante. El streaming mola, porque puedes ver a la gente cómo escucha en tiempo real tu disco. Cuando antes vendíamos un CD, no sabías si lo estaban poniendo o no. Al mismo tiempo, me da la impresión de que hay tantísima mierda ahí afuera, que es difícil destacar. Pero al final, para nosotros eso no cambia gran cosa. Seguimos creando arte de todas las formas que podemos, escribiendo canciones, grabándolas, tocando en directo, haciendo vídeos y quizá más cosas en el futuro. Nos adaptaremos y continuaremos divirtiéndonos.