SABEN CANTAR ALTO. SE JACTAN DE SER ORGULLOSOS. COMO BUENOS CHICOS OI!, DROPKICK MURPHYS ENTONAN HIMNOS CERVECEROS Y FUTBOLEROS. SÓLO QUE, EN ESTA OCASIÓN, HAN IDO MÁS LEJOS CON UN DISCO QUE PARECÍA QUE IBA A SEGUIR LA LÍNEA DE “THE GANG´S ALL HERE”. NI CORTOS NI PEREZOSOS HAN INCORPORADO UNA GAITA, UN ACORDEÓN Y UNA MANDOLINA Y HAN FIRMADO UN DISCO DE FOLK-PUNK. COMO LO OYEN.

Ken Casey es el bajista y uno de los miembros fundadores de la banda. Tiene una voz áspera y algo ininteligible, pero con cierto acento irlandés. Tal vez sea la ascendencia de alguno de los miembros de la banda la que les ha llevado por los derroteros de la música celta en su último trabajo: “Sing Loud, Sing Proud” (Hellcat/Mastertrax, 00). De hecho Matt Kelly, el batería, tuvo una educación católica y durante su estancia en Alemania pasó muchas horas en la calle tocando ese tipo de música. Pero lo realmente llamativo de este disco es la colaboración de Shane McGowan (ex The Pogues) en el tema “Good Rats”. “Le conocimos en un festival el año pasado. Más tarde coincidimos en una gira que estábamos haciendo y fue cuando le propusimos que cantara una canción nuestra. No nos esperábamos una colaboración tan espontánea porque prácticamente no hubo ensayos. Fue todo en el estudio: aquí te pillo, aquí te mato”.

“En Amsterdam a Spicey le dio por irse de putas y se gastó mil dólares. Después de eso no tenía ni para caramelos”

Este mano a mano no resulta tan extraño cuando se escuchan canciones como “For Boston”, en la que una introducción con gritos de hooligans es seguida por el sonido tan característico y campestre de una gaita. Ya ven Dropkick Murphys se han convertido en los Chieftains del Oi! Títulos como “The Legend Of Finn McCumhail” no hacen más que confirmar la imaginería épica en la que están empapadas las composiciones. “En realidad Finn McCumhail es un personaje de invención propia que no existe”. Una cosa está clara, lo que no han perdido fuerza son sus guitarras, una seña de identidad en el sonido de los Murphys. Un arte aprendido por Casey de las producciones de Lars Frederiksen (Rancid) en sus anteriores álbumes. La inclusión de James Lynch (procedente de los Ducky Boys) a la guitarra, Spicy McHaggins (gaita) y Ryan Foltz (mandolina) tiene su explicación. “Queríamos dar un giro y hacer un disco al más puro estilo de folk tradicional. Spicy toca la gaita que da gusto y suele animar a la gente en los partidos de fútbol de New England Revolution. Mark Orrell -que sustituyó al guitarrista original Rick Barton- es una máquina tocando y además le da muy bien al acordeón”. Entre las bajas sufridas por la banda también está la de Mike McColgan, vocalista original, renunció a un futuro prometedor como periodista en el periódico Boston Globe para darse cuenta de que la vida en la carretera no era lo suyo. “Mike vio que no sacaba dinero con el punk-rock y abandonó”. La baja fue suplida por Al Barr, que venía de los Bruisers. Con una formación tan bien engrasada Dropkick Murphys parecen haber sacado lo mejor de si mismos. Pero lo que más llama la atención del álbum es que una de las piezas: “Fortune War” está dedicada a Brian Deneke, un joven punk-rocker que murió atropellado por un coche en Texas. “Se la dedicamos porque fue asesinado y los que le mataron no recibieron un castigo justo -una pena de diez años de libertad condicional-. Conocíamos a su hermano, que era un gran fan que venía a nuestros conciertos, y nos pidió que le dedicáramos una canción en su funeral. También hicimos un concierto benéfico para recaudar dinero para su familia”. Se ve que los Murphys además de juerguistas también tienen su vena solidaria. Y aunque no han participado en ningún disco benéfico, sí lo han hecho en un tributo de versiones de la música que más les vuelve locos: el Oi!. “Es un disco en el que se homenajea a bandas como The Business, Cock Sparrer, Sham 69, Angelic Upstarts”. Tampoco podía faltar un vídeo, “For Ten Years Of Service”. “Lo estuvimos haciendo durante cuatro horas. Colocamos flyers de los conciertos de hardcore y punk que se habían hecho en Boston desde el 81 por todos los sitios. Tocamos la canción una vez tras otra y nos grabaron con cámaras caseras. He oído que luego lo pusieron en la MTV”. Entre tanto ir y venir en las giras del Warped Tour 99 y el Punk-O-Rama 2000 Tour han atesorado todo tipo de experiencias. Algunas desagradables, como cuando les robaron todo lo que llevaban en la furgoneta en Kansas: desde el ordenador personal de los managers hasta la guitarra acústica de Rick. Pero entre los malos tragos también hay momentos divertidos. “Lo más gracioso que nos ha pasado fue en Amsterdam. A Spicey, nuestro gaitero, le dio por irse de putas y se gastó mil dólares. Después de eso entró en una tienda de caramelos y tuvo que ir a sacar más dinero”. ¿A quién le amarga un dulce? En este caso la excepción confirma la regla.