Con “Patch The Sky” (Merge/Popstock, 16), Bob Mould cierra de la mejor forma posible la trilogía que comenzó hace cuatro años “Silver Age”, y que ha deparado algunos de los momentos más brillantes de su ya dilatada carrera como artífice del punk rock americano, o como lo quieran llamar: Hace tiempo que Bob vive alejado de las etiquetas. Un clásico del arte de hacer canciones, sin duda.

La hiperactividad creativa del ex Hüsker Dü y ex Sugar de ha visto recompensada con el (¿tardío?) reconocimiento unánime a uno de los compositores indiscutibles de los últimos 30 años. Lejos de dormirse en los laureles, Mould mantiene el listón de la exigencia arriba, arropado por la mejor banda que tiene desde los tiempos de Sugar, y el cariño de un sello con vocación artesanal como Merge. Sí, parece confirmar su carrera, al final los frutos llegan. Por muy tempestuosa que sea su vida personal (si no fuera así, quizá nos quedaríamos sin canciones), Mould disfruta del momento, atizando de lo lindo a las tecnológicas que han ejercido su particular versión de la filantropía universal dejando a dos velas a los músicos. Y se prepara para venir al Primavera Sound…de público.

¿Consideras este disco la tercera parte de una trilogía que comenzó con Silver Age”?
Me he dado cuenta de que alguien ha puesto algo así en la nota de prensa, de modo que imagino que es así. Para mí es mi nuevo disco, el número doce en solitario -¡ni siquiera estaba seguro, alguien me lo comentó!-. Si te soy sincero, me limito a componer, grabar y tocar en directo mis discos. No pienso mucho en ellos de esa manera conceptual, pero cuando me mencionan esto pienso que sí, que es así, que parece que es la tercera parte de lo que sea que empezamos con “Silver Age”: Jason (Narducy, bajo), Jon (Wurster, batería) y yo mismo haciendo y grabando un disco muy rápido y girando mucho después, celebrando la reedición de “Copper Blue” (Sugar)…sin duda, aquello fue el inicio de un nuevo capítulo, y ésta es la tercera parte, sí. Veremos si hay una cuarta, ¿quién sabe?

Habéis grabado de nuevo en Electrical Audio, pero el disco suena muy diferente a “Beauty & Ruin”. Para mí es el que más se acerca al sonido de Sugar. ¿Lo buscabais conscientemente?
¡No! Cuando la gente me dice esto me quedo un poco como…¡vale!.  En términos técnicos, se trata del segundo disco que grabamos en Electrical Audio. La cuestión es que en el edificio hay dos estudios diferentes. Para “Beauty & Ruin” usamos el estudio más pequeño, que es de cemento y suena más seco. Éste lo hemos grabado en la sala más grande, utilizando un montón de técnicas de microfonear, lo que creo que le confiere mucha más profundidad sonora. Es más denso, había mucha más información que recoger, creo que hay muchos sonidos escondidos entre las sombras, cosas que aparecen y desaparecen muy rápido. Mientras que “Beauty & Ruin” era un poco más directo, y con sonido más corto, en cuanto a decay y reverberación. Todo sonaba más rápido y seco. En este disco los tonos son mucho más ricos, los armónicos más profundos…en fin, son descripciones técnicas que quizá no le importen a nadie que lea esta entrevista, pero…

“El contraste de letras sombrías con melodías luminosas fue una decisión muy consciente”

Bueno, a mí sí y seguro que hay gente a la que también le interesa. ¿Esto quiere decir que cambias mucho la forma de grabar de uno a otro disco, por ejemplo grabando a veces juntos y otras por pistas?
Lo hacemos de todas las maneras. En este disco, algunas canciones las grabamos todos juntos, pero en ocasiones intentamos quedarnos con el bajo y la batería, con una guitarra de referencia. Y luego, yo cambiaba un montón de tonos de guitarra. Trabajamos de diversos modos, pero en este disco en particular gran parte de lo que oyes somos nosotros tres viéndonos y tocando juntos en la sala.

“¿No sería razonable que las empresas de streaming hicieran algún gesto hacia los artistas?”

Como seguidor de tu trabajo desde los tiempos de Sugar, debo decir que estos tres últimos discos, sin duda, están entre lo mejor que has hecho. ¿Hasta qué punto ha sido importante contar con Jason y Jon, tocar con la misma banda?
Gracias. Creo que, en primer lugar, esto contribuye a que el directo sea bueno. Y el directo siempre acaba afectando la manera a cómo afronto el proceso de escribir canciones. Si estamos de gira, me doy cuenta de qué canciones funcionan mejor. Inconsciente o conscientemente, este hecho modela la forma que tengo de componer y de las próximas canciones. Y creo que de “Silver Age” a “Beauty & Ruin” esto se ve muy claramente.
De “Beauty & Ruin” a “Patch The Sky” las cosas han cambiado un poco. El proceso de composición ha sido muy diferente. El anterior disco lo escribí a fragmentos entre giras a lo largo de un año. “Patch The Sky” se compuso a lo largo de seis meses y sin ningún tour. Escribí solo y no tuve ningún contacto con Jon ni Jason hasta que la mayoría de las canciones estaban escritas, y luego les mandé las ideas para que vieran la dirección hacia la que nos dirigíamos. Así que este disco es, estilísticamente, diferente a los otros dos, pero seguimos tocando los tres, éste es nuestro sonido. A nivel superficial, creo que los tres discos tienen el mismo traje, supongo, pero éste es más introspectivo, dinámico y profundo. Creo que al final son muy distintos porque vienen de circunstancias muy diferentes.

Describes este disco como introspectivo y oscuro. Pero sigues componiendo melodías muy luminosas. Me da la impresión de que la música es para ti una terapia, que casi escribes canciones como forma de vida.
Sí, en gran medida es así. Sin estas canciones no tendría mucha vida ahora mismo (risas amargas). Sí, es una manera de mantenerme vivo. No puedo añadir más (risas).

La cuestión es que disco a disco siempre hay una, dos o tres canciones de lo que yo llamaría “pop perfecto”. En este caso, podría hablar de “Pray For Rain” o “The End Of Things”. ¿Es una cuestión de trabajo, de inspiración, de ambas cosas?
Hay mucho de ambas cosas. El proceso de escribir una canción, desde que la compones a darle forma y grabarla, se compone de varias etapas. “Pray For Rain” tiene una melodía muy familiar, una estructura de acordes muy familiar. Tal y como yo compongo, no podría empezar de manera más sencilla, con esos tres acordes. En la estrofa viene el cuarto y luego en el puente llega un quinto acorde y en el solo aparece un sexto (risas)…Luego, ese acorde aparece de una forma distinta en el segundo de los tres últimos estribillos y te saca un poco de tu zona de confort. En fin, son pequeños trucos que he aprendido con los años para evitar que una canción suene vieja o demasiado simple. La intención siempre es que las melodías sean sencillas, pero hay pequeños giros y truquillos que los compositores utilizan para mantener tu interés. Es una canción realmente divertida y directa. Se trata de un disco con letras muy oscuras e introspectivas, pero las melodías son muy contagiosas. Ese contraste de letras sombrías con melodías luminosas fue una elección muy consciente, una vez vi los textos con los que iba a trabajar.

Llevas escribiendo canciones más de tres décadas, y eres testigo privilegiado de todo lo que le ha sucedido a la industria. Leí en una entrevista que no tienes ningún interés en los mp3 o las nuevas formas de consumo de música. ¿Qué opinas de todo el lío digital que hemos vivido?
Bueno (risa perversa), el negocio de la música se hizo esto a sí mismo. Mediados de los 90 fue una época horrible. Cuando todo el mundo tenía que hacer discos de 75 minutos de duración y sólo había una canción buena, y los chavales se las apañaron para sacar esa única canción y compartirla en Internet…y según las conexiones eran más rápidas, se las ingeniaron para compartir discos enteros. La industria cometió muchos errores de 1995 a alrededor de 2005: Castigando a los fans cobrándoles demasiado por discos mediocres con una sola canción buena, convirtiéndose en esclavos de la radiofórmula…Ha llevado mucho tiempo, diez años más, encauzar a la gente de nuevo. Ahora mismo, la gente está volviendo a comprar discos en vinilo, porque creo que suenan mejor y el hecho de que se trata de un objeto físico grande le da más significado. Los artistas y los sellos se volvieron locos en los últimos años con los archivos compartidos, y ahora tenemos los servicios de streaming, que en realidad han sido desarrollados de tapadillo por los grandes sellos. Ellos son los que cobran, mientras que al artista le llega poquísimo.

Es curioso porque no se suele criticar mucho a los servicios de streaming…
Según lo veo yo, la situación es la siguiente: El artista no recibe casi nada, el sello una parte de lo que solía recibir y las tecnológicas tienen acceso a toda tu información personal sobre cómo consumes música, y no sólo no nos pagan nada a los artistas, sino que no comparten estos datos. ¿No sería razonable que estas compañías de streaming hicieran un gesto hacia los artistas y dijeran: “OK, sabemos que no os estamos pagando nada, sabemos que básicamente os estamos robando vuestro trabajo, que os estamos haciendo un favor, pero, venga, os vamos a hacer otro: Aquí están las 200.000 personas que escuchan vuestra música en nuestro servicio?” ¿No sería estupendo que yo pudiera saber quiénes son para poner en un mailing a los que quisieran estar, de modo que pudiera informarles de que tengo un nuevo disco o que voy a empezar un nuevo tour, o algo de su interés? Pues no, no podemos tener esa información.

En cualquier caso, éste es también el tercer disco que sacas con Merge Records. ¿Estás contento?
Merge es un sello fantástico. Es posiblemente el mejor escenario posible. Son muy buenos en las relaciones con las pequeñas tiendas independientes de discos y vendiendo directamente a los fans, y también negocian a escala limitada con los servicios de streaming. Son gente práctica. Y artísticamente, me siento en casa. La mayoría de los discos que Merge lanza me parecen estupendos. Hay unos pocos que a lo mejor no me interesan tanto por motivos estilísticos, pero en general presentan a los artistas de la mejor manera posible. Cumplen 27 años ahora, y lo han hecho manteniendo una base de fans muy fiel. Eso es fantástico. No creo que puedas decir lo mismo de Warner, por ejemplo. No es que sea mala gente, es que no tienen identidad alguna. No puedes decir: “Ha salido el nuevo de Warner, lo tengo que oír”. (risas). Pero si el disco es de Merge, o de Sub Pop, o de Dischord, de cualquier sello bueno, entonces cuando oyes que sale una novedad, le dedicas un poco tiempo.

Últimamente tengo el problema de que disfruto más los discos de gente de tu generación que de artistas más jóvenes. ¿Te pasa a ti también?
Hay un montón de música buena ahí afuera ahora mismo. En cuanto a bandas ruidosas, grupos como Metz o Beach Slang…es música que me es muy familiar. Hay mucha gente que presenta su música de esa manera, pero algunas de ellas la hacen suya, entienden los ingredientes que tienen que utilizar y en qué medida para que funcione. Y gente tan fresca como Courtney Barnett, gran compositora, gran presencia…O tienes a St. Vincent. Annie construye paisajes sonoros realmente interesantes. Hay mucho material bueno en este momento que me gusta…no sé, Chromatics: Lo que hacen con el sonido es completamente diferente a lo demás. Compro música y leo sobre ella cada día. Como fan, intento estar al día.

Para terminar: Cuesta verte por Europa, y concretamente España. La última vez, si no me equivoco, fue en el Primavera Sound. ¿Cuándo podremos verte de nuevo por aquí?
Bueno, este año vengo al Primavera Sound como fan (risas). El cartel que tiene es el mejor que he visto en los últimos 10 años. Es el mejor desde el Coachella de 2006, con Daft Punk. Muchos amigos estarán tocando, así que es otro incentivo. Siempre me gusta ver a los demás cuando estoy de gira, pero Barcelona, ya sabes, la comida es terrible y el tiempo es horroroso (risas). Es un festival tan bueno…Tuve la suerte de tocar hace tres años y ésta será la tercera o cuarta vez que voy. Me encanta la ciudad y el festival y estoy deseando ver a un montón de los grupos que tocan.