“Big Thief es una palabra, un nombre, claro, pero siempre está cambiando”
Entrevistas / Big Thief

“Big Thief es una palabra, un nombre, claro, pero siempre está cambiando”

Marta Terrasa — 21-03-2022
Fotógrafo — Alexa Viscius

Un honesto viaje al interior de sus creadores. Eso es Dragon New Warm Mountain I Believe In You (4AD/Popstock!, 22). Y debemos agradecer que así sea, porque gracias a ello nos emocionamos escuchando este nuevo material del grupo. Para descubrir más al respecto charlamos por vídeollamada con Buck Meek, guitarrista de Big Thief.

En un momento en el que tenemos que guardar distancias de seguridad, en el que no podemos movernos tan libremente como desearíamos, las nuevas tecnologías juegan un papel clave en acortar el espacio tiempo, aunque solo sea metafóricamente. Para los periodistas, una de las mayores ventajas de la pandemia es que los siempre fríos e incómodos “phoners” (entrevistas telefónicas con los artistas) se substituyen paulativamente por videollamadas algo menos incómodas y que, de alguna manera, ayudan a crear una falsa sensación de intimidad.

Cierto es que cuando tienes a alguien como Buck Meek al otro lado de la pantalla es fácil sentir un halo de familiaridad, mientras observas cómo escucha tus preguntas tímidamente y asiente, con unos auriculares gigantes agitándose rítmicamente. Paradójicamente, Meek y compañía son artesanos de la proximidad, facturando canciones que aciertan directamente al pecho descubierto. “En los momentos de vulnerabilidad máxima, te puedes sentir muy frágil, pero es necesario para tener una relación sana contigo mismo”, comparte el guitarrista de Big Thief. “En la banda intentamos ser honestos entre nosotros, con nuestra música y con uno mismo. Y a la larga eso nos une y nos da fuerza, porque lo sientes como algo real y que es algo con lo que la gente conecta. Es así de simple, es un bien preciado: algo humano y esencial”.

Es el disco en el que mostramos más nuestras personalidades y eso se convierte en un elemento unificador"

Si no podemos viajar hacia fuera, solo queda un lugar al que ir: hacia dentro. Como Alicia siguiendo al conejo blanco. Y eso es precisamente lo que Big Thief han conseguido en “Dragon New Warm Mountain I Believe In You”, saltar de rabbit hole en rabbit hole para facturar un disco polimórfico, lleno de matices, espacios incómodos y canciones aparentemente sencillas. Un viaje. El quinto trabajo de la banda de Brooklyn contiene ecos del sur de Emmylou Harris (“Dried Roses”, “Red Moon”), de ciudades frías e industriales cuyos ritmos quebradizos nos recuerdan a los 2000 de Portishead (“Blurred View”, “Flower Of Blood”) o temas mucho más etéreos y delicados, como el que da nombre al disco, “Change” o “Promise Is A Pendulum”. “Este disco tiene una intención muy clara, y es la de no esconder absolutamente nada”, afirma tajante el músico de Texas.

James Krivchenia, batería de la formación, fue quien les propuso la idea antes del confinamiento de repartir el disco en cuatro grabaciones, en cuatro estudios distintos, en cuatro lugares dispares y con ingenieros de sonido diferentes. “En parte era para mantener la vitalidad, por tener algo a lo que reaccionar”, explica Meek. Upstate New York, Topanga Canyon (California), las Montañas Rocosas (Colorado) y Tucson (Arizona) son las localizaciones para registrar los veinte temas del disco y casi podríamos hacer una quiniela sobre dónde se ha grabado cada canción. De hecho, comparto la mía y el guitarrista sonríe al otro lado del océano atlántico, cómplice. “La cuarta y última sesión, después de cuatro meses de grabación, fue en casa de un amigo del grupo, en su estudio casero y dejamos que aparecieran un montón de sonidos ambiente, como por ejemplo unas vías del tren cuyo traqueteo sacudía la casa cada treinta minutos”, recuerda Meek. Grabaciones orgánicas, mucho más físicas que mentales, de las cuales sale “buena parte del material country” del disco. “Esos días nos lo pasamos genial y nos dio un chute de energía, para terminar por todo lo alto”, asegura. “Antes de eso estábamos en Colorado, en un estudio en las montañas, sobre las nubes. Y antes, en las Rocky Mountains”, recuerda con algo de esfuerzo: “Esas dos sesiones se me entremezclan, porque ambas fueron muy intensas, dando forma a los temas más tranquilos e introspectivos. Al final estábamos mentalmente agotados por toda esa catarsis emocional”, confiesa el guitarrista.

Big Thief siempre ha sido una banda mutante, mutable y flexible, capaz de diluir las fronteras estilísticas de los géneros y, pese a ello, mantener una sello de identidad propio. “Hablamos ya del siguiente disco y bien podría ser de death metal o completamente de ambient”, afirma Buck Meek en un tono totalmente en serio. “Dragon New Warm Mountain I Believe In You” captura precisamente esa libertad de movimientos que tanto define al grupo. “Ha sido lo más fácil que hemos hecho nunca”, asegura Meek con una enorme sonrisa en su cara y añade: “ha sido muy natural, revelando por primera vez todos nuestros aspectos, sin esconder nada en el estudio”. Sin trampa ni cartón. Aunque no es que los de Adrienne Lenker estuvieran muy limitados en sus cuatro trabajos anteriores. “Es el disco en el que mostramos más nuestras personalidades y eso se convierte en un elemento unificador, aunque a priori sea más disperso, es también más unificado”. En esa dicomotomía en la que Big Thief se sienten cómodos, hay espacio para algo más que la suma de las partes. “Toda la banda ha dado un paso al frente: James con todo lo que viene que ver con grabaciones de campo, ingeniería de sonidos, sintetizadores; Max con su background de jazz; yo con mi lado más country…”.

Los cuatro miebros de Big Thief mantienen, además, musculosas carreras en solitario. ¿No sería lo lógico que cada uno de ellos se guardara lo mejor para sus propios trabajos? “Seguro que cada uno tiene su propia relación con esa dualidad, pero para mí son dos roles distintos y que se insuflan vida el uno al otro”, comenta Meek. “Cuando estoy con mi proyecto yo soy el responsable de guiar a la gente a través de la historia, de la experiencia emocional. ¡Y eso es una gran responsabilidad! Además de una cura de humildad. Encima soy muy tímido y he recorrido un largo camino para aceptar esa posición”. Eso lo confiesa el Bruce Meek que acaba de publicar “Two Saviors”, con una sonrisa de aceptación. Tras él, interviene el Bruce Meek que canta y toca la guitarra en Big Thief: “Con el grupo puedo fundir mi propia esencia dentro del sentir colectivo, porque es algo más grande que la suma de las partes cuando catalizas a tres personas como mis compañeros. Y Big Thief se convierte en un ente propio y me da fuerzas para volver a mis proyectos en solitario y viceversa”.

¿Estáis preocupados por diluir parte de la identidad de Big Thief en un disco como este? “No, porque nunca lo hemos estado. Es cosa nuestra definir quiénes somos y ser lo más honestos que podamos. Pero es que somos una banda distinta cada vez que cogemos los instrumentos”, afirma sin dudarlo. “Big Thief es una palabra, un nombre, claro, pero siempre está cambiando”, sentencia.

Hay una frase en la última canción del disco, “Blue Lightning”, que dice “I wanna be the wrinkle in your eye” (quiero ser la arruga en tu ojo) y que ejemplifica la capacidad de Lenker y compañía por convertir aquello aparentemente mundano en algo lleno de una belleza íntima y preciosista. Y ese algo son veinte canciones cuyas letras se infunden de una simbología cero pretenciosa, vulnerable y bonita, donde lo familiar, a su vez, puede ser sacado de contexto y convertido en objeto de estudio. “Me encanta el hecho que la palabra ‘teléfono móvil’ aparezca en el disco como cuatro veces, porque nunca antes la había escuchado en una canción, a no ser que fuera en una de esas de pop basura”, explica Meek. Lo del cell phone es un ejemplo para Meek y la banda de escribir “a partir de la observación de uno mismo y de su autoaceptación”. “Como autor, yo personalmente evitaría poner una palabra así, porque pensaría que es como de baja cultura o cutre. Pero de hecho, todos tenemos una relación muy estrecha con nuestros teléfonos y se han convertido en una extensión de nuestro cuerpo; una parte más de nuestras emociones. Y los usamos para enamorarnos, para conectar con nuestros seres queridos, para expandir nuestros espíritus. Ya forma parte de nuestra naturaleza y aprecio que esté embedada en las letras, porque me ayuda a aceptarme mejor”. Cinco segundos de silencio, sosteniendo la mirada a través de la fibra óptica, píxel a píxel. Este mundo que hace unos años nos hubiera parecido alienígena y que ahora es algo tan cercano, Dragon new warm mountain, creo en ti.

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