Alice Wonder se ha sacado de la manga uno de los discos más interesantes, completos y personales de 2018. Cantando en inglés y lidiando con una rápida popularidad surgida de las redes sociales, la madrileña muestra con “Firekid” (BMG/Infarto, 2018) una seguridad y un nivel de madurez compositiva e interpretativa sorprendentes tratándose de un disco debut, y teniendo en cuenta su juventud tan sólo podemos quitarnos el sombrero ante el nacimiento de una artista con talento y futuro de sobra. Si este es el futuro de la música en este país, bienvenido sea.

¿De dónde surge Firekid?
Todo surge de que me propusieran hacer música en serio. Empieza con el EP “Take Off”, que salió en 2017. Al principio “Firekid” iban a ser canciones que compuse en mi adolescencia, pero han acabado siendo canciones que representan este último año. Hay muchas que he compuesto durante la grabación. “The World Is In Me”, por ejemplo, la compuse durante las mezclas y uvimos que reordenar el disco para poder meterla. Creo que esa canción tiene una nostalgia diferente al resto porque engloba precisamente lo que es el disco: una grabación muy intensa. Todo eso me ha recolocado bastante el cerebro y eso se ve reflejado en el disco y en esa letra.

“A mí no me da miedo no triunfar en la música. Si no lo consigo me dedico a otra cosa”

¿Cómo ha sido el proceso de grabación con Ángel Luján?
Estuvimos cinco meses produciendo, dos meses preproduciendo y tres meses ya al ataque todos los días. Hay muchos días que Ángel y yo ni hemos parado a comer de lo locos que estábamos. Hemos pasado por bucles de todo tipo, pero siempre ha habido buena vibración entre los dos y al final ya era algo como familiar.

Hay durante todo el disco un equilibrio entre un enfoque clásico de la composición, piano y voz; y el sonido con el que habéis vestido las canciones, mucho más frío y sintético…
Me apetecía romper un poco lo estándar aquí en España. Costó que calase en el cerebro de Ángel e incluso de mi discográfica la idea de jugar con las canciones, pero en cuanto vieron la idea bien plasmada, la apoyaron. Si vas a hacer un disco y vas a lo seguro, tampoco tiene mucha gracia, no? Hay muchas canciones que compuse a guitarra y voz que me han sorprendido muchísimo al verlas vestidas. Creo que lo que mola es que yo puedo ir sola y tocar los temas y siguen teniendo esa especie de magia. Y cuando te los encuentras con banda te da una sensación diferente y mola.
Estaba la posibilidad de hacerlo todo muy orgánico, pero fue idea de Ángel intentar no meter guitarras eléctricas. Me dijo “quiero que toques el piano.  Al principio tenía mis dudas, pero me dijo: “Podemos hacer un disco de guitarra y voz, y te va a quedar súper bonito, pero eso ya te lo puedes hacer tú. ¿Por qué no arriesgar e ir a otro lugar?”

¿Qué papel ha jugado en el disco colaborar con músicos de renombre?
Pues Martí Perarnau (Mucho) casi se puede decir que “pasaba por ahí”. Él estaba en Estudios Reno preproduciendo a otro grupo y un día comiendo le dijo Ángel “tío, pásate y vente con el Moog y hacemos cosas” . Pasamos días intensos, de estar Ángel, Martí y yo dándonos el lujo de jugar y flipar y decir “no sé si esto va a molar o no, pero me flipa”. Luego también está Jorge González, de Vetusta Morla, que vino al final del proceso casi en las mezclas. Se trajo sus cacharros y metió un par de sintes y unos sonidos que le dieron su rollo. También surgió la idea de que David Unison grabara alguna batería y nos dimos cuenta de que tiene un estilo muy marcado y elegante, bastante trip hop. Y al final el disco en realidad ha salido bastante trip hop.

No era habitual, hasta hace poco, publicar un primer disco contando previamente con cientos de miles de visionados,  reproducciones y seguidores en las redes sociales. Supongo que eso puede ser tan positivo como nocivo.
Tengo un poco una relación de amor-odio con ellas. Las empecé un poco por la broma y nunca pensé que iba a ser una de esas personas con miles de seguidores. Abrí una cuenta de Instagram haciendo versiones, para mostrar a mis amigos y al público que cantaba. Nunca lo había mostrado hasta entonces, y me acuerdo del momento en el que un vídeo llegó a los seis millones de reproducciones. Desde ahí empezó todo a petar un poco, y tuve varios conflictos con eso.
Para empezar todos mis seguidores eran de Estados Unidos. En España no me conocía casi nadie, y tampoco sabía muy bien cual era mi posición: “¿Me siguen sólo por mis versiones?, ¿Si saco mis propias canciones tendré feedback o perderé seguidores?, ¿Me importa realmente?”. No sé, ahora las redes se han convertido en una gran ventana para poder contar con gente y no me imagino haber empezado en la música sin ellas.
Empecé por una razón haciendo versiones y no tenía pensado mostrar mis propias canciones en principio. Los que llegan nuevos me siguen por mis canciones y me sorprende para bien. Hacer un disco, contarlo y que haya muchísima gente dando feedback, o ir a una ciudad y que vengan a verme porque lo he posteado en Instagram o Twitter es una locura.

Como abordar el mercado musical ha cambiado en los últimos años sobre todo gracias a las RRSS ¿Te sientes parte de un movimiento generacional común con otros artistas y bandas de tu edad?
Tengo un poco de desconexión con el mundo, en el sentido de que he decidido no unirme a nada. Mi disco se llama “Firekid” porque la generación a la que yo acompaño, viene muy fuerte, sin prejuicios, y eso es importante. Tenemos esa llama dentro y vamos a dejar que explosione. Mi generación también viene así de fuerte porque nuestros padres nos han dado muy buena cultura. Ellos tuvieron a los Beatles, y nosotros hemos tenido a los Beatles y a muchísimo más. Sobretodo no tenemos miedo a cagarla, porque ya la han cagado antes que nosotros.
A mí no me da miedo no triunfar en la música, si no lo consigo me dedico a otra cosa. Si lo hago que sea porque me apasiona y porque lo hago desde el corazón. Eso es a lo que yo llamo Firekid: llevamos una llama dentro y la vamos a dejar salir.  En lo concreto respecto a mi generación, no me identifico con todo el movimiento urbano que está saliendo. Vengo de escuchar a Chopin y a Radiohead, y veo que mucha gente de ese mundo se identifica mucho más con un tipo de intencionalidad y una chulería muy brava, que creo que hay que tener. Yo misma la tengo, pero supongo que de otra forma. Luego está lo de “las nuevas voces femeninas”. Sí, soy mujer, tengo una voz y se está empezando a escuchar ahora y pertenezco a mi generación; pero me siento más identificada con la fuerza de mi generación más que con el estilo.

¿De qué manera se manifiesta esa ausencia de prejuicios en tu caso? ¿Qué referentes culturales te vienen a la mente como influencia en tu trabajo?
He pasado mucho más tiempo creando cosas que tragándolas. En la música tengo pocas referencias que me hayan marcado de verdad, te diría tres: Chopin, Radiohead y Bon Iver. Recuerdo escuchar a Bon Iver y decir “Yo quiero hacer esto, yo quiero transmitir como este pavo”. Radiohead me meten en un bucle del que no puedo salir y Chopin me parece el puto amo tocando el piano. He pasado muchísimo tiempo tocándolo y componiendo a base de prueba y error, y así con todo. Hay un libro que me marcó, que se llama “La soledad de los números primos”. Me gustó mucho “Tokio Blues“, y “El guardián entre el centeno” también. En pintura me gusta mucho el romanticismo o las vanguardias; y sobre locura de Picasso. No sé, me gustan todas las artes, todo lo que transmita. Incluso comer y cocinar, que es arte también.