Firekid
Discos / Alice Wonder

Firekid

8 / 10
Ricky Lavado — hace 1 año
Empresa — BMG / Infarto
Género — Pop

A medio camino entre el soul, las sonoridades sintéticas del Triphop y unos ciertos dejes indie noventeros, la madrileña Alice Wonder nos ofrece con “Firekid” (BMG/Infarto, 2018) uno de los debuts más inspirados de los últimos años en el panorama musical nacional.

Los once temas de “Firekid” nos muestran a una joven creadora con unos niveles de seguridad, instinto y acierto como mínimo sorprendentes para alguien que está comenzando su carrera como compositora, tras acumular cifras desorbitadas de reproducciones en redes sociales de sus vídeos de versiones. Con el estreno de su primer disco (tras la edición en 2017 del ep “Take Off”), Alice Wonder despeja de un manotazo las posibles dudas que pudieran existir respecto a su talento por ese San Benito previo de fenómeno viral. Este es un disco muy bien hecho, y además está muy bien hecho a muchos niveles diferentes.
Por un lado está la sobriedad compositiva e interpretativa de Alice y sus aliados en el estudio de grabación, partiendo de unas canciones de estructura clásica, surgidas de esqueletos de piano y voz de carácter melancólico y frágil, con una musicalidad muy pop en el fondo y estructuras rítmicas enrevesadas. Esos esqueletos de canciones se visten de sonoridades sintéticas que pueden sonar asfixiantes y tensas por momentos o dotadas de una belleza sutil de poso electrónico para crear todo un paisaje sonoro a lo largo del disco que hace pensar en los Portishead de “Dummy”, en Fiona Apple o en producciones actuales en la onda de Little Simz.

Por otro lado, y siempre en primer plano, está la voz grave y personalísima de Alice, dotada de una profundidad y una sensibilidad de espíritu soul que siempre suena madura y segura de sí misma, y que permite a la madrileña transitar sin problemas de la fragilidad y suavidad más extremas a la rotura y expresividad más desgarradoras, siempre envuelta en unas atmósferas sonoras etéreas y ambientales en las que mandan los sintetizadores, las baterías de carácter mecánico y la calidez del piano como contrapunto a la frialdad general de la acertadísima producción de Ángel Luján. Lo dicho: un muy buen disco de alguien que va a dar mucho de que hablar.

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