Starlust. Las fantasías secretas de los fans
Libros / Fred Vermorel

Starlust. Las fantasías secretas de los fans

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 09-11-2021
Empresa — Contra
Fotógrafo — Archivo

El fenómeno fan es tan viejo como la misma música popular. Al menos, como el pop y el rock. Y aunque hoy en día las cosas sean muy distintas porque las redes sociales ya se han encargado de difuminar el misterio que circundaba muchas de las vidas de nuestros ídolos, la historia bien puede repetirse. El recorrido que traza el periodista británico Fred Vermorel se limita a los años ochenta (publicado originalmente como “Starlust. The Secret Fantasies Of Fans”, en 1985), pero sería muy interesante comprobar hasta qué punto han cambiado sus circunstancias, si es que lo han hecho.

Fantasías sexuales de toda clase, impulsos suicidas e incluso homicidas –no olvidemos lo que le pasó a John Lennon– y toda clase de pensamientos que limitan entre esa fina línea que separa el desvarío de la cordura se dan cita a lo largo de los varios centenares de testimonios que Vermorel recopiló, respetando su privacidad (la mayoría de nombres son seudónimos) de fans de David Bowie, Ultravox, Marc Bolan, The Police y, sobre todo, un Barry Manilow cuyo furor entre las mujeres británicas de mediana edad constituye uno de los expedientes X más difíciles de desentrañar, al menos para quienes vivimos en este país. Predomina la concatenación de relatos de hombres y mujeres comunes, absoluta common people, necesitados de evasión de sus existencias grises, anhelantes de una vía de escape a su rutinaria condición de ciudadanos de clase media, muchos de ellos tristemente incapacitados para tener unas relaciones de pareja medianamente sanas con sus maridos y esposas. El gran mérito de Vermorel es transmitirlo, en esta suerte de historia oral inconexa, sin ninguna condescendencia, sin complejo de superioridad intelectual alguna, con la empatía necesaria para que tal enjambre de fans fatales se abran en canal sin complejos. Y para que logren convencernos, una vez más, de que la realidad supera casi siempre a la ficción en la trama de nuestras vidas, y que ninguno de nosotros ha de considerarse a salvo de encarnar uno de los papeles estelares en tan atroz función.

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