Paso a paso, discretamente, resucitando nombres del pasado, empapando a otros géneros musicales, actualizando sus postulados sonoros, el shoegaze ha tomado un nuevo protagonismo en la escena internacional de guitarras. Hay quien se acerca desde la nostalgia, pero muchos otros han sabido modernizar lo que otros hicieron grande en los noventa. Subtitulado “Muro de ideas sonoro a propósito del shoegaze”, se convierte de este modo en un documento imprescindible tanto para quienes acaban de caer en el mundo de las guitarras con muchos pedales y efectos y de las voces eclipsadas por un auténtico muro de distorsión como para aquellos sobradamente familiarizados con ese universo.
Guillermo Lorenzo firma un libro –aunque su tamaño sea casi de bolsilibro, como todos los de la excelente colección que poco a poco va creciendo de la mano de Libritos Jenkins– que aparece en el momento justo para resumir un género desde sus antecedentes a sus nombres más representativos, lanzando cabos a las derivaciones posteriores. Aunque, en ocasiones, Guillermo Lorenzo se pueda ir por los cerros de Úbeda –con cierto tono erudito de estudio académico– cuando se centra en la música acierta describiendo los cambios y las mutaciones que nos han llevado de un lado a otro. Así, aquí se habla de la generación C-86, del sello Creation, de My Bloody Valentine, obviamente, pero también de Swervedriver, Curve, Slowdive, The Jesus And Mary Chain o incluso Sigur Rós, por citar algunos nombres.
Para ampliar distintas partes de la historia, añade las secciones Playlist (en las que selecciona canciones representativas) y Fichero (en la que conforma pequeñas fichas de los grupos a los que se refiere con procedencia, trayectoria, miembros y discos fundamentales; incluso con una selección de nombres españoles). En resumen, un libro que aparece en el mejor momento posible y que nos llevará en un viaje atmosférico y distorsionado cuyos ecos eléctricos siguen vivos hasta hoy en día.

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