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Paletos salvajes: Crónicas de la mafia II Íñigo Dominguez

Hace unas pocas semanas una noticia estremecedora se asomó a los periódicos y los informativos: una niña de cuatro años había sido herida de gravedad por una bala perdida durante un tiroteo en el centro de Nápoles. Si esto hubiera sucedido en España (o en Francia, Gran Bretaña o en cualquier otro gran país europeo), hubiera sido considerado un incidente monstruoso y habría escandalizado durante meses a la opinión pública. En Italia, por desgracia, resulta demasiado común. En “Paletos salvajes. Crónicas de la mafia II” aprendemos que sólo en Nápoles, durante las cuatro últimas décadas, se han producido nada menos que tres mil homicidios (muchos de ellos, víctimas inocentes, atrapadas en las refriegas entre las bandas) atribuidos a la Camorra. Es decir, el triple que ETA durante toda su trayectoria asesina.

Como nos advierte al inicio de este libro Íñigo Domínguez, el crimen organizado italoamericano adquirió una popularidad universal gracias al cine y la televisión norteamericana, desde el estreno de “El Padrino” en 1972 a “Los Soprano”. Hasta el punto de haberse convertido en el imaginario colectivo en una versión perversa y corrupta (pero también dotada de un innegable atractivo icónico y de cierto glamour) del sueño americano. Pero la mafia, y el resto de sindicatos criminales italianos, no nacieron en las calles de Nueva York o Chicago o en ninguna otra gran urbe de Estados Unidos, sino en las regiones más rurales y empobrecidas del país transalpino. Y, por supuesto, son mucho más brutales de lo que suele reflejar el cine clásico. Y carecen de la más mínima sombra de glamour. Por ejemplo, los paletos salvajes a los que se refiere Domínguez en el título son los corleoneses, un pequeño clan procedente de un áspero rincón de las montañas de Sicilia que a principios de los ochenta se hizo con el poder absoluto en la mafia por el expeditivo método de exterminar a todos sus rivales; y terminó enfrentándose directamente con el estado, en una indescriptible escalada de violencia, como demuestra el caso de los mártires de la lucha antimafiosa, los heroicos jueces Falcone y Borsellino. Pero también conocemos a grupos que suelen aparecer menos en los medios como los “dueños de Roma”, la banda de la Magliana, o la enigmática ‘Ndrangueta.

Íñigo Domínguez nos explica que el inaudito poder que alcanzó el crimen organizado en Italia es inseparable del panorama social y político del país tras la II Guerra Mundial. Convertido en uno de los principales escenarios de la Guerra Fría, con un poderoso partido comunista que amenazaba con llegar al gobierno por medios democráticos, era un avispero en el que se mezclaban grupos terroristas de extrema izquierda y fascistas, logias masónicas y servicios secretos, sin contar además con la enorme influencia del Vaticano. Entonces la mafia se alió con las autoridades políticas, y de ese modo se creyó invulnerable. Un relato apasionante que nos deja con ganas de una tercera entrega.

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