La última juerga
Libros / José Ángel Mañas

La última juerga

5 / 10
José Martínez Ros — hace 2 semanas
Empresa — Algaida Editores

Esta es una novela incómoda, lo cual suele ser algo positivo para una obra literaria, aunque en este caso probablemente no sea por las razones adecuadas. Veinticinco años después de la publicación de “Historias del Kronen”, José Ángel Mañas ha recuperado a sus dos protagonistas para embarcarlos en una especie de road movie suicida y quijotesca, en compañía de una prostituta rumana y su retoño. Es, como indica su título, “La última juerga”. Lo que es más dudoso es si tiene sentido más allá de la jugada comercial para apelar a la nostalgia de una generación que se sintió identificada con Carlos, Pedro y el resto de veinteañeros con ganas de farra que pululaban por el Kronen. A un montón de cuarentones y cincuentones que aún recuerdan cuando ellos también quemaban la noche de Madrid. No obstante, es posible que muchos se sientan decepcionados con la evolución, o involución, de los personajes: las actitudes que por aquel entonces estaban nimbadas por un desafiante nihilismo post-adolescente se han convertido, bajo el peso de los años, en simple cretinez.

Es evidente que “Historias del Kronen” –finalista en su momento del Premio Nadal y rotundo éxito, al igual que su adaptación al cine por parte de Montxo Armendáriz– conserva algún valor, más que nada como pieza de arqueología de su época. Enormemente deudora de “Menos que cero” de Bret Easton Ellis, que había tenido el mismo efecto sobre las letras norteamericanas, pero una década atrás, sigue siendo una novela más o menos legible gracias al desparpajo y las ingenuas audacias de estilo de su autor. Sin embargo, lo que podía resultar refrescante y original a principios de los noventa –por mucho que realmente no lo fuera–, ahora resulta difícil de soportar en las casi interminables cuatrocientas páginas de “La última juerga”. Quizás consciente de ello, Mañas ameniza su trama introduciendo en ella un buen puñado de cameos de famosos, lo cual tiene un atractivo limitado. Sin duda, es preferible volver a la novela de 1994 y acordarse de tiempos mejores.

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