“It’s my life and it’s now or never!”. El efectivo estribillo de la celebérrima canción de Bon Jovi encaja como anillo al dedo para resumir la trama de este libro. Billy, su protagonista, abandona Hobart, la capital de Tasmania, y va a parar a la isla de Wight para empezar una nueva vida desde cero. En esa búsqueda de una segunda oportunidad empieza a vivir un montón de aventuras acompañado de una banda sonora plagada de buen rock’n’roll: Elvis Presley, Ramones, The Cure, Led Zeppelin, The Rolling Stones, Blondie, AC/DC, Aerosmith, The Beach Boys, The Clash, The Pogues, Mötley Crüe, Metallica, Guns N’ Roses… La música no es la única compañera de viaje en estas “Historias prohibidas”, ya que Billy se pirra por el whisky de la marca Jack Daniel’s y por la cerveza bien fría. Tirando de tópicos, para que no se diga.
También echa mano de ellos a la hora de hacer que todas las chicas que aparecen en el libro sean preciosas y que los capítulos del libro usen frases o títulos de canciones: “Mensaje en una botella”, “¡Vivan Las Vegas!”, “El rock de la cárcel”, “Bares, qué lugares”, “Adiós, amigos”, “Un día distinto”.
Me huelo que este apóstol del carpe diem como filosofía vital tiene mucho de la personalidad de su autor, Abilio Milla Fayo, quien también ha introducido en estas páginas muchos guiños al séptimo arte: “El Padrino”, “Miedo y asco en Las Vegas”, “El perfume”, “Uno de los nuestros” o “Scarface” son algunas de las referencias cinematográficas/bibliográficas más evidentes.
A pesar de que Abilio peca de repetitivo en algunos textos, “Historias prohibidas” pretende reflejar algunas de las claves que nos ayudan a sobrevivir en este mundo. Sirvan este breve extracto para evidenciarlo: “La vida es como un combate de boxeo. Te va dando puñetazos donde más te duele hasta que te tiene contra las cuerdas, y es cuando aprovecha para lanzarte un gancho de derecha que te noquea y te hace caer a la lona del ring. Tienes diez segundos para levantarte y seguir con la lucha. Si no consigues levantarte en ese tiempo es porque estás muerto”.
Sí, hay muertos en esta obra, y también mucho rock’n’roll, mucho alcohol y también bastante sexo. De hecho, Adarve, la editorial que lo publica, ha puesto dos rombos rojos en el lomo del libro y un claro aviso en la portada: no apto para menores de dieciocho años. ¡Pura vida! ¡Puta vida!

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