Enya. Un tratado sobre los placeres no culpables
Libros / Chilly Gonzales

Enya. Un tratado sobre los placeres no culpables

7 / 10
Joan S. Luna — 20-01-2022
Empresa — Alpha Decay

Al canadiense afincado en Alemania Chilly Gonzales deberían conocerle desde hace años, sea por sus colaboraciones (desde Peaches a Daft Punk) o por sus discos. Protagonista de una carrera francamente ecléctica, esta es la primera vez que descubrimos su faceta como escritor, aunque sea a partir de un texto tan breve –poco más de setenta páginas– como es este “Enya. Un tratado sobre los placeres no culpables”, que llega a España de la mano de Alpha Decay con traducción del también músico Adrián de Alfonso. Y lo cierto es que sale muy bien parado, porque además de leerse en un suspiro este texto se nos revela sincero, didáctico y ameno. Resulta inevitable contraponerlo, como si se tratase de una cara y una cruz, al “Música de mierda” de Carl Wilson publicado años atrás por Blackie Books en nuestro país.

Sin intención de desmerecer al libro de Wilson –pieza que originalmente se publicó en la colección 33 1/3 en Estados Unidos–, es evidente que Gonzales se maneja mucho mejor a la hora de defender y elogiar a la artista que da título a su escrito. Wilson intentaba convencernos de la grandeza de Celine Dion, pero nunca lo conseguía. Existía siempre una distancia irónica camuflada de mil cosas. Wilson nadaba y escondía sus ropas al mismo tiempo. En su lugar, Gonzales nos convence con suma facilidad de que lo que escribe es exactamente lo que piensa, sin dobleces, sin coartada hipster. Y no solo eso, sino que habla de Enya para hablar de si mismo, de su concepción de la música, de lo que ha aprendido a lo largo de los años. Por el camino arremete contra los oyentes sin personalidad, sobre los medios –eso ya me gusta menos, pero es lo que hay– y sobre las ideas preconcebidas y esos argumentarios que no hacen más que echar mano de ideas ajenas para replicarlas una y otra vez hasta convertirlas en una suerte de canon rebosante de absurdidad. Mientras lo hace, va descubriéndoles a los lectores y a si mismo esos aspectos por los que vale la pena escuchar a Enya y, sobre todo, entender su popularidad y su éxito. Por el camino aparecen citados desde Leonard Cohen hasta Grimes, pasando por infinidad de compositores clásicos, John Coltrane, Jarvis Cocker y muchos otros.

Resumiendo, un volumen breve, brevísimo, especialmente indicado para aquella gente que no se escandaliza al descubrir los gustos musicales de terceros y sobre todo con la apertura de miras suficiente para aceptar que Enya es mejor que muchos de los artistas que escuchamos día tras día. O algo así.

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