Europa Automatiek
Libros / Cristian Crusat

Europa Automatiek

7 / 10
José Martínez Ros — hace 3 semanas
Empresa — Editorial Sigilo

Estamos en 2011. En Ámsterdam. El protagonista de esta novela es español y vive solo y aislado: pasa las horas muertas viendo capítulos de “Los Soprano” y las noticias acerca del sepelio de un dictador norcoreano. Su estado de hastío y pasividad sintoniza con el tiempo histórico que le ha tocado vivir. El mundo, y en particular Europa, se está recuperando de las secuelas de la Segunda Gran Depresión. Pertenece a la primera generación sobreformada que ha producido el Estado español en toda su historia, la de aquellos que, gracias al sistema público de becas y el esfuerzo de sus familias, llegaron a convertirse en licenciados y doctores en un país que se creía rico, gracias al boom del turismo y la construcción, y estaba a punto de desmoronarse.

Todos sabemos lo que sucedió. La mayoría tuvo que elegir. Podían quedarse en España, en un limbo de precariedad, en subempleos y trabajos basura, hasta alcanzar un empleo en la administración pública o en la empresa privada que no tenía nada, ni remotamente, que ver con sus expectativas previas. O podían emigrar. Eso es lo que ha hecho el protagonista de “Europa Automatiek”. Es profesor de español, prepara su doctorado, gana apenas lo suficiente para sobrevivir. Como iremos averiguando, tiene a sus espaldas un par de fantasmas, de fracasos amorosos, que han terminado de desarraigarlo: es alguien literalmente sin raíces. Sin nada mejor que hacer, se dedica a acumular observaciones sobre la existencia urbana en Holanda y lecturas centroeuropeas.

Sin embargo, el destino se manifiesta de repente con la aparición de una chica, Tajana, que viene de la antigua Yugoslavia, con una escena deliciosa que, además, contine un simpático homenaje a la Lolita de Nabokov. En su caso el corte con su pasado es más radical: procede de un país que ya ni siquiera existe. Las circunstancias harán que deban convivir bajo el mismo techo. Y como dicta la más antigua ley de la tierra, el foco de la atención de nuestro protagonista cambiará y se irá centrando en esa sigilosa presencia que se ha colado en su vida.

Con ecos de la narrativa metaliteraria de Vila-Matas, pero un firme y generoso eco de humanidad, Cristian Crusat nos cuenta, enmarcada en las consecuencias de una gran catástrofe colectiva, una pequeña historia que solo podia ocurrir en un mundo que, para bien y para mal, se ha vuelto global, un mundo que es el nuestro.

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