No debería haber problema alguno en decir “Me gustan Operator Please”. No desde luego por cuestiones directas.
Cuando viejas glorias y las que quieren serlo con treinta años se retuercen buscando y buscando, pensando si tocarán mejor con tanta o cuanta coca, un grupo de adolescentes australianos sin más (ni menos) pretensiones que divertirse tocando –algo que se nota, popes, la jubilación anticipada debería ser forzada en algunos casos- y no con un puñado, sino con un disco entero rebosante de singles y alegres tonadas para tiempos descreídos, llegan desde su próspera isla y le pegan diez mil vueltas a muchos de los nombres que me vienen a la cabeza. Amandah Wilkinson no será nunca modelo, Taylor toca el violín con diecisiete años en una banda de rock y la información globalizada nos dice que son dignos de ver en directo, más extrañados que complacidos por los flashes. Como debería ser, vamos. Razones que me parecen de peso para adorar en pequeño este debut que tiene sus días de desconocimiento en Europa muy, muy contados. El hecho de versionear con esa edad a Devo en lugar de a The Strokes, algo dice…
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