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Weyes Blood

Una vez más, la multiinstrumentista Nathalie Mering, más conocida como Weyes Blood, nos ofrece un gran trabajo, de digestión lenta y que requiere de múltiples escuchas. Merece la pena prestar atención a la carrera de una creadora que, sin hacer mucho ruido y con pasos firmes, lleva ya bastantes años firmando trabajos tan interesantes como complejos en una continua reinterpretación de parámetros puramente pop a través de una mirada cargada de personalidad y talento que la mantiene alejada de los tópicos. Cada vez más alejada del carácter experimental de sus primeros trabajos y dando un giro de tuerca al camino ya trazado en su anterior disco, el más que notable “Front Row Seat to Earth”, nos encontramos en este “Titanic Rising” con una Nathalie Mering definitivamente volcada en el Pop orquestal, de composiciones clásicas y dramatismo lírico, con un pie en la grandilocuencia de Rufus Wainwright o Divine Comedy y otro en la tradición puramente norteamericana de voces como Joan Baez, Carly Simon o incluso Carole King.

Un tono añejo tardosetentero, de romanticismo crepuscular casi, a base de medios tiempos y complejas armonías vocales sobre estructuras que huyen de la inmediatez, marca el tono general del mejor y más completo disco facturado hasta la fecha por Weyes Blood. El preciosismo en los arreglos y la grandiosidad de los colchones de cuerdas que sobrevuelan todo el disco dotan de profundidad a un trabajo en el que todo juega al servicio de las voces, con una Mering en estado de gracia. Es impecable el trabajo de interpretación vocal a lo largo de todo este “Titanic Rising“: desde la épica luminosa y explosiva de “Everyday”, el intimismo Folk de “Picture me better”, las reminiscencias a Carpenters o ABBA de “Wild Time” o “Andromeda” (dos de los mejores momentos del disco) hasta los momentos más experimentales, en los que sonoridades menos clásicas a base de sintetizadores e incluso sutiles bases electrónicas (“Movie”s, por ejemplo, o “Mirror Forever”, en la que por momentos vienen a la mente de alguna forma extraña los mismísimos Low) dotan de oscuridad y frialdad a un conjunto de temas de una redondez exquisita..

Mering se desenvuelve con soltura en mil tesituras diferentes a lo largo de los más de cuarenta minutos de este “Titanic Rising“, en las que siempre surge en primer plano la belleza de su voz grave, profunda y tremendamente emocional, ya sea con desnudez y fragilidad acústica o envuelta en capas y capas de coros y armonías pomposas y casi barrocas.

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