Por una vez, Suecia deja de exportar pop luminoso y sencillito y muestra una de sus caras más complejas. El debut de Frida Hyvönen –del 2005 en una compañía sueca y ahora difundido por SC- es tan reconcentrado como la psique del inspector Kurt Wallander (el personaje de ficción –de Henning Mankell- que más ha hecho para que el resto del mundo entienda cómo es un sueco contemporáneo).
Sus textos son los de alguien que se toma a sí misma muy en serio y a quien le preocupan los porqués de lo que le pasa, especialmente de lo malo y de la dificultad de la vida en sociedad. No es muy alegre la chica, no, al menos en disco. Y peca algo de obviedad depresiva a lo poesía adolescente, algo extraño a los treinta años. Su estilo se acerca en frío a los registros de voz y de piano de la primera Tori Amos, su influencia más evidente. A veces hasta demasiado, aunque seguro que en una entrevista afirmaría no saber quién es Tori Amos. Aún le falta –si es que las consigue alguna vez- la profundidad y las aristas de la americana, pero es un caso evidente de aquello tan manido de “un artista a seguir”. Especialmente si la vida le lleva por el camino del auténtico sufrimiento, y no sólo por el de la pose triste y depresiva.
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