Frida Hyvönen es una esas cantantes raras que generan simpatía al instante. Tiene el encanto de lo diferente, algo que queda claro en sus discos, con ese piano omnipresente, esas letras que hablan casi siempre de ella de una forma muy especial, y esa atmósfera snob, carne de museo de arte contemporáneo, que lo preside todo.
Es sueca, y a veces le pierde la frialdad y la gravedad propias de su tierra. Pero detrás de todo eso se esconde una gran escritora de canciones capaz de emocionar con lo mínimo. Lo hace en “My Cousin”, “Sic Transit Gloria” o "Why Do You Love Me So Much" (la mejor del lote), cortes donde con apenas dos notas de piano y un cello toca la fibra sin caer en el exceso. Ahora bien, la sueca también tiene su encanto cuando se acerca a terrenos más relajados, a un pop de autor que no le hace ascos a los arreglos más pasados de vueltas. Como ese homenaje al sonido de las girl groups que es “Dirty Dancing” (historia sobre una amor de infancia que parece la respuesta nórdica a la “Habanera del primer amor” de Vainica Doble), los coros celestiales, casi new age, de “Enemy Within”, y la desmitificadora y acelerada “Scandinavian Blonde”.
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