Si nos atenemos a lo que debería ser normal, la portada de un trabajo discográfico debería ser un fiel reflejo de lo que vamos a encontrar en su interior en forma musical.
Un hecho que en Quit Your Dayjob se cumple a la perfección gracias a esa pintas, entre pasotas y desagradables, con las que dan cuenta de su estatus de gamberros musicales. Porque, con ese retrato, el trío sueco viene a explicarnos, no sin un grado de sorna considerable, que lo suyo no se anda con chiquitas a la hora de reconvertir todo lo que huela a rock -punk, pop, rock’n’roll, surf, rockabilly o hard rock en un ente autónomo y coherente cuyo acierto esta en homogeneizarlo todo bajo una capa de personalidad cercana al post-punk. En esta tercera entrega de rock energético destilado con enjundia y el suficiente grado de vehemencia, dan cancha a cierto sentido del ritmo (haciendo así incluso sus correrías aptas para el baile) que despliegan en unas canciones respetabilísimas del mismo calibre que las de bandas como Liars. Unos freakies a tener muy en cuenta.
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