Hay mundos en los que Animal Collective componen canciones sin bisturí, Brian Wilson sueña con ovejas eléctricas, Band Of Horses nunca escucharon discos de bandas de Seattle y The Beatles tocan canciones de David Bowie.
Hay monstruos, pero los llevamos dentro, los vemos crecer. Mundos deliberadamente bárrocos, lisérgicos, en los que miras por un agujero y ves a Alicia, divertida, sostener la pastilla azul en una mano y la pastilla roja en la otra. Abres la puerta y hay otra puerta que te lleva hasta otra puerta. De repente, todo da vueltas. Das vueltas y más vueltas alrededor de todo. Se escuchan risas y gritos. Hay un momento de silencio, pero únicamente te das cuenta cuando han empezado de nuevo los gritos. ¿Hay un fantasma en mi casa? Fuera está lloviendo o hace sol, la gente camina por la calle y recuerda tiempos en los que todos fuimos mejores. Un chasquido da paso a la calma. Y Josh Jones sostiene las canciones en ese punto mágico en el que sabes que hay algo que se va a romper en cualquier momento, pero no importa porque ya estás dentro, estás cayendo, feliz.
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